Los pobres “superpoderes” de un gobierno en default

Escribe Marcelo Ramal

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La acusación que la oposición derechista ha blandido en estos días, por el decreto que le otorga “superpoderes” al jefe de gabinete para reasignar el presupuesto, traduce dos bancarrotas. Una, la de las cuentas del Estado argentino, sin atenuantes. La otra es de carácter conceptual, cruza a los denunciantes y a todas las fuerzas que sostienen al régimen político.

Los “superpoderes” que se habría asignado el gobierno FF corresponden a un presupuesto que no es tal, sino a la prórroga de un presupuesto 2019 que, a su turno, fue votado… a fines de 2018, cuando el dólar se cotizaba a 35 pesos. Las partidas que ha reasignado el gobierno se han reducido en ´moneda dura´ a la cuarta parte de lo que valían entonces. Pero las cosas son aún peores, porque la recaudación del primer cuatrimestre del año de los principales impuestos -IVA, ganancias- es un tercio inferior, en términos reales, a la de hace un año, ya como consecuencia del derrumbe económico asociado a la pandemia.

El gobierno ha decretado, por lo tanto, el manejo “todopoderoso” de los restos de las finanzas públicas, después de una larga recesión industrial, varias fugas de capitales, la desvalorización del peso y, ahora, el coronavirus.

Una gauchada al Congreso

La oposición es “dura” con Fernández-Cafiero, pero encubridora con la otra parte del decreto “superpoderoso”. Nos referimos a las disposiciones que establecen un “refuerzo” del orden de 5.000 millones de dólares en el presupuesto total, en nombre de la “emergencia”. Pero de esa cifra, sólo el 5% está destinado al ministerio de Salud. El gran paquete se lo llevan el Anses y el ministerio de Producción, para los ATP -pago de sueldos a trabajadores en empresas privadas-, el FOGAR- fondo de garantía estatal para los préstamos de los bancos privados a empresas- y otros rescates al capital. Mario Negri y los suyos debieran agradecerle al gobierno por haber evitado que el Congreso se transformara en caja de resonancia de un gigantesco operativo de rescate al capital. En cambio, Fernández-Cafiero lo disimularon bajo un pudoroso DNU.

“Superpoderes”, disolución económica y política

Bien mirada, la acusación de “concentración de poderes” rescata a un gobierno que sólo está ´concentrando´ los restos del presupuesto público, en un escenario manifiesto de disolución monetaria (devaluación), quiebra fiscal y posible default de la deuda. Nicolás del Caño ha manifestado por Twitter su crítica a un decreto que “le quita atribuciones al Congreso”, como si el recinto que alberga a Negri, Fernando Iglesias y -hasta ayer- Carrió fuera la garantía de un presupuesto siquiera progresista. Argentina ha vivido bajo “superpoderes” y “emergencias económicas” en 17 de los últimos 18 años. Quien reestableció, pero sólo por unos meses, la “normalidad institucional” fue Mauricio Macri, cuando derogó la ´emergencia económica´ en enero de 2018. Lo hizo, naturalmente, después de haber dolarizado las tarifas y de cerrar la grieta con los acreedores internacionales, con el apoyo abierto o encubierto de la abrumadora mayoría del actual Frente de Todos. Bajo la “estricta observancia” del respeto al Congreso, se consumó el gigantesco operativo de endeudamiento que condujo en un año a la megadevaluación y al regreso del FMI.

Hoy, la entente de Macri y radicales vuela mucho más bajo. Ha tomado a los pretendidos “superpoderes” como otra chicana para precipitar una crisis política, en medio de un default en ciernes y de una crisis sanitaria sin final conocido. Los “cambiemistas”, sin embargo, ni siquiera tendrían condiciones para explotar un desenlace de esa crisis política. En cualquier caso, la bandera del “respeto a las instituciones” es la cobertura de una exigencia por el fin de la cuarentena y un arreglo sin condiciones con los acreedores internacionales. La defensa de esa “institucionalidad” reaccionaria -que reclama que el presupuesto “pase por el Congreso”- hunde a la izquierda en el mismo fango. Del lado del gobierno, los recursos del DNU ingresarán ahora en una disputa feroz entre lobbies capitalistas y los acreedores de la deuda pública – los hospitales y los desocupados están muy lejos en la fila de cobro.

El vodevil de los superpoderes, en definitiva, sólo es instructivo para percibir hasta qué punto ha llegado la disolución fiscal, monetaria y presupuestaria del Estado argentino, y con ella, la de los partidos que han gobernado o gobiernan el país. Es necesario exponer ante el conjunto de los trabajadores esta disgregación, para que se vean las perspectivas revolucionarias del amplio cuadro de luchas que empieza a asomar en todo el territorio.

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