Chile, la rebelión continúa

Escribe Javiera Sarraz

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Durante un discurso por cadena nacional, Piñera anunció el pasado domingo 17 de mayo, algunas medidas asistenciales en torno a la crisis sanitaria y social. El anuncio, que tenía por objetivo contener el descontento, acabó siendo el detonante de la ira popular; y este lunes 18 de mayo, los trabajadores chilenos salieron protestar masivamente a las calles, reanudando la rebelión.

Las protestas surgieron durante el mediodía del lunes, en la comuna El Bosque, al sur de Santiago. Algunos vecinos que protestaban declararon para la prensa: “Hablan de cuarentena total y la gente que no tiene casa ¿adónde van a hacer la cuarentena?”, “el gobierno disminuyó los PCR a diez en las comunas periféricas, pero en la Clínica (privada) Alemana se hacen los test que quieran”, “yo (jubilada) tengo que salir al barrio alto a pedir comida”, “(la protesta) no es contra la cuarentena, es contra el hambre”.

A las pocas horas las barricadas y cortes de rutas se había extendido hacia otras siete comunas de la capital; entre ellas Pudahuel, que se levantó durante las vacaciones en apoyo a las protestas estudiantiles contra la Prueba de Selección Universitaria (PSU); y Maipú, una de las comunas con más refuerzos militares desde el Estado de Sitio.

También hubo protestas en ciudades como Valparaíso, San Antonio, Concepción y Punta Arenas. Y en Antofagasta, los obreros en huelga de la mina Guanaco, habían cortado el principal acceso a la ciudad desde temprano, para exigirle a la patronal el fin de los turnos excesivos.

Durante la noche hubo un cacerolazo nacional, al que se sumó el personal sanitario de las ambulancias con el ruido de las sirenas. Los enfrentamientos con la represión se extendieron hasta la madrugada.

Colapso sanitario

Horas antes de que Piñera transmitiera por cadena nacional, la Sociedad Chilena de Medicina Intensiva, había declarado que la crisis sanitaria había llegado al colapso, pues la ocupación de camas para pacientes críticos era de un 79% para todo el país, un 91% para Santiago, y que en la Región de la Araucanía ya había alcanzado el 100%.

También durante toda esa semana el Colegio Médico se había referido al inminente colapso, y había emplazado al gobierno a transparentar las cifras reales de contagiados y muertos; a dar un informe real sobre la situación nacional de los hospitales públicos; y a no autorizar el levantamiento de licencias médicas a los sospechosos de contagio.

Durante meses Piñera se había resistido a declarar cuarentena para toda la capital, pero frente al colapso sanitario y el ascenso de la curva de contagios, el ejecutivo debió acceder, y comenzó a regir desde el viernes pasado. El decreto llegó tarde, y para este martes 19, las cifras oficiales son de más 48 mil contagiados, y más de 500 muertos.

Desempleo y hambre

Con la llegada de la pandemia, y luego de que el gobierno habilitara la ley de suspensiones de salarios, las patronales avanzaron con miles de despidos; como Starbucks, que suspendió los salarios del 90% de sus empleados; o como Techint, que despidió entre marzo y abril a 1500 trabajadores. La propia ministra del trabajo ya pronosticó hasta un 18% de desempleo para los próximos meses.

Y al desempleo se sumó el alza de precios de los alimentos. El valor de la canasta básica de alimentos aumentó en marzo por sobre la inflación; y una de las alzas que más golpeó a las familias proletarias fue la del 20% del valor del pan, pues en Chile este alimento es el principal subsidiario del hambre - razón por la cual, es el primer país consumidor de todo el continente americano.

En estas circunstancias, las asambleas populares y comités de cesantes de los barrios habían salido de su cuarentena voluntaria para organizar “ollas comunes” u “ollas populares”, bajo la consigna “solo el pueblo ayuda al pueblo”.

La última organización masiva de ollas comunes en el país había ocurrido en la década de los ‘80 durante la crisis la económica de la Dictadura, que disparó la desocupación y la inflación. De allí partieron las primeras jornadas nacionales de protestas contra Pinochet. Pero los luchadores del 2020 corren con mucha más ventaja que los de los ‘80; y será fundamental para el curso de la rebelión, que el giro que dieron las consignas autogestivas hacia la confrontación con el Estado, se sostengan en un programa integral de toda la clase obrera chilena, que ponga en pie nuevamente la lucha por la revocatoria del gobierno y la convocatoria a una Asamblea Constituyente soberana.

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