Chile, frente al derrumbe de Piñera, por una lucha efectiva contra el covid-19 bajo control obrero

Escribe Partido Obrero Revolucionario (Chile)

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A siete meses de la rebelión popular, una recesión económica en curso y una pandemia que ha cobrado 630 vidas a la fecha inició una de las semanas más convulsivas desde la irrupción del Covid-19 en el país.

Las jornadas de protestas desplegadas en El Bosque, replicadas en distintas comunas y regiones, son la expresión del choque directo de la clase trabajadora contra la política sanitaria del gobierno. Por cadena nacional Piñera abortó el plan “retorno seguro” y admitió que “no estábamos preparados” para enfrentar la pandemia. En marzo pasado, el mismo Piñera y Mañalich aseguraban tener la mejor salud de la galaxia y un sistema preparado para evitar un colapso. El gobierno pinochetista declara su fracaso en la semana más crítica y apenas días después de declarada la cuarentena total en la Región Metropolitana, cuya capital supera los 4 mil contagios diarios y al borde del estallido de la crisis sanitaria.

La pandemia del hambre y el desempleo

Mientras los contagios avanzan de forma explosiva en la zona sur de Santiago, en La Pintana los pobladore/as han salid a manifestar: “Si no nos mata el coronavirus, nos mata el hambre. Ya no nos escucharon sin meter bulla, tuvimos que salir a la calle, hacer una fogata, y estar pendientes de que no nos repriman, no nos mojen, ni nos baleen para pedir una ayuda” (...) nos hemos ayudado entre los mismos vecinos, pero ¿qué va a pasar cuando se acabe nuestra propia ayuda?”.

Es que el aumento del precio en la canasta básica de alimentos por sobre la inflación de un lado, más el desempleo, las suspensiones y las rebajas salariales, del otro, no lo remedia el aporte miserable de $65mil del Ingreso Familiar de Emergencia que recibirán las familias que no tienen ingresos formales. Se han multiplicado las ollas comunes y el reclamo al Estado por alimento y trabajo. Asimismo, se han levantado numerosos comités de cesantes y de resistencia.

Las contradicciones que provocaron la rebelión de octubre se han agravado con la receta pro empresarial de Piñera. Al ya insuficiente Ingreso Familiar de Emergencia y el bono COVID de $50mil, el paquete de asistencia social para contener la crisis y la entrega miserable -sin fecha definida y al “70% del 40% más pobre” como sostuvo Sichel- de 2,5 millones de cajas de mercadería, no resuelven nada.

La compra de esa mercadería ha sido efectuada por medio de un operativo millonario a cargo de Comercial Sudamericana y la comercializadora-distribuidora Llacolen S.A -ligada al sector minero-, quienes, sin perder oportunidad de negocio, ya se han adjudicado cerca de $14mil millones entregando solo 400 mil cajas del total prometido por el gobierno.

Por otro vértice, el desempleo y las suspensiones laborales ya alcanzan el millón cien mil (10%) y una proyección de desocupación del 18% para los próximos meses. La burocracia sindical de la CUT y Unidad Social, se han limitado a monitorear la catástrofe social y colaborar parlamentariamente con el PC y el FA las leyes hambreadoras de Piñera y los capitalistas.

La crisis sanitaria

La crisis del sistema de salud es extraordinaria. Lo muestra una ficticia disponibilidad de 47 camas (95% ocupación) UCI, al 19 de mayo, según Sochimi. Una cama de cuidados intensivos se compone de un catre con monitor, ventilador mecánico, fármacos y equipo de profesionales para atender al paciente. Todos estos factores hacen agua dentro del sistema hospitalario. Por eso reconvierten camas intermedias y se valen de ventiladores inadecuados, El personal de salud enfrenta contagios, muertes, falta de personal, ausencia de insumos de seguridad y turnos extenuantes. A la fecha, la única exigencia del gobierno al sistema privado de salud ha sido aumentar hasta un 20% las camas UCI disponibles, en ningún caso poner la salud privada a disposición del problema hospitalario, bajo la tutela única del comité de expertos.

Las manifestaciones en distintos hospitales y centros asistenciales de la Región Metropolitana no se hicieron esperar. Distintos funcionarios/as del Hospital San José, Barros Luco, Sótero del Rio, Padre Hurtado, entre otros, han levantado el reclamo contra la pésima gestión de la pandemia y por elementos de protección personal acordes al riesgo de la labor asistencial, el reforzamiento de recursos humanos en toda la red, testeos periódicos a todo el personal de salud para la detección precoz de focos de contagio, y otros factores urgentes para la continuidad del trabajo que permite proteger la vida de las y los trabajadores de la salud.

Nuestro programa

En este marco Piñera y quienes sostienen el régimen han hecho andar un billonario rescate al capital por la vía del endeudamiento público y con el FMI por 23mil millones de dólares y otros 7mil millones previos ya traspasados al Banco Central y Fogape para “estimular la liquidez”. Los trabajadores, por nuestro lado, enfrentamos el peor escenario económico desde la crisis de los 80’, -cuando el hambre alcanzaba a los 5 millones de habitantes y la solidaridad de clase se desplegaba en múltiples ollas comunes. El gobierno traspasa la plata de todas y todos los trabajadores a negocios privados, pero ningún peso a la construcción de hospitales o la intervención financiera del desahuciado sistema de salud.

La pelea por la vida, el pan y el trabajo obliga una salida de las y los trabajadores: un programa de control obrero de la salud y el sistema sanitario, la producción, la banca y el comercio. Todo el sistema privado de salud debe quedar bajo gestión y control democrático de sus trabajadores; los grandes hoteles deben ser reconvertidos para el resguardo de contagiados; el control obrero de monopolios farmacéuticos; la contratación inmediata de personal de salud bajo turnos de 4 horas sin afectar el salario, el pase a planta, reducción de jornadas laborales, protocolos de higiene y testeos masivos a la población.

Más que nunca, Fuera Piñera, Asamblea constituyente y gobierno de la clase trabajadora.

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