28M: Día de acción por la salud de las mujeres

Escribe Gabriela López Matos

Tiempo de lectura: 4 minutos

El 28 de mayo, desde hace 23 años, ha sido declarado un día para “reflexionar y discutir sobre las políticas y programas, así como para proponer acciones a favor de la salud de la población femenina mundial”. Este día fue establecido en el V Encuentro Internacional de Mujer y Salud realizado en San José de Costa Rica del año 1987, el movimiento de mujeres lo ha transformado a lo largo de los años en una jornada de lucha y deliberación por sus reivindicaciones más sentidas. Principalmente vinculadas a la mortalidad materna, anticoncepción y aborto legal.

El Covid-19 y la crisis del sistema sanitario colocan indefectiblemente a la mujer obrera en el centro de la pelea por la defensa de la salud y la vida. Así como en las guerras, las mujeres han sido reclutadas para llevar adelante las tareas de la primera línea de cuidados. Y esto las expone también a los mayores riesgos, tanto de contagio como de otros golpes colaterales producto del aislamiento o teletrabajo por nombrar algunos. “El riesgo de las mujeres de contraer COVID-19 puede ser mayor que el riesgo de los hombres, ya que las mujeres son proveedores de primera línea, que comprenden el 70% de la fuerza laboral mundial de salud y atención social, y realizan tres veces más trabajo de cuidado no remunerado en casa. (https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)30801-1/fulltext#)

Son las mujeres en los hospitales, las salitas barriales, las ollas populares, los asilos. Son las mujeres que en los hogares protagonizan la lucha contra la pandemia, defendiendo los intereses de su clase, arriesgando la vida.

Las trabajadoras de la salud, a lo largo del mundo, fueron las impulsoras de asambleas para crear protocolos, reclamar los elementos de higiene necesarios y las formas más adecuadas para realizar la atención sin propagar el virus. Muchas son madres o mayores de 65 años, no hay grupo de riesgo para ellas. Son conscientes de su grado de exposición y el de sus familias, pero se han puesto al hombro una tarea histórica remunerada con aplausos. El famoso bono anunciado por el gobierno, de 30 mil pesos, se ha reconvertido una y otra vez en montos inferiores, cuotas y hoy ni siquiera ha llegado al bolsillo de las trabajadoras.

El fantasma del 2001 recorre los barrios, las mujeres obreras levantan ollas populares para garantizar el alimento de las familias y sus necesidades más inmediatas, con hombres golpeados por los despidos y falta de trabajo, hacen malabares con los alimentos que logran recolectar, deliberan en asambleas y organizan la lucha contra este virus y por sus condiciones de vida. Como lo hizo Ramona en la Villa 31. Saben que, si ellas no lo hacen, nadie lo hará. El Estado ya definió la flexibilización para que avancen los contagios.

Lo mismo las docentes que actúan como referentes en los barrios de sus escuelas, luchando por los bolsones de comida de calidad y para todos, organizando ollas, recolectando ropa para el frío y atentas a la violencia que crece en las casas de sus estudiantes. También afectadas por la sobrecarga laboral que pone en jaque su maternidad.

Desde la pandemia las jornadas de teletrabajo se han transformado en una sobreexplotación que se extiende a lo largo de 14 o hasta 18 horas. Lo cual es incompatible con la maternidad y crianza, de responsabilidad femenina en la mayoría de los hogares. Luego de horas frente a las computadoras las mujeres se transforman en docentes ayudando a sus hijos a hacer las tareas y elaboran estrategias para que ellos no se vean afectados por el aislamiento social. Muchos hogares no cuentan con un lugar físico para separar el trabajo virtual de la familia, conviven los diferentes actores en casillas o monoambientes hacinados.

Otro de los impactos en la salud de las mujeres es la violencia. Las restricciones de contacto social las dejan en manos de sus maltratadores. Como plantea Dolores Iglesias, quien sufrió los femicidios de su madre y hermana en la cuarentena, "ninguna mascarilla nos protege de la violencia, esta es la verdadera pandemia".

La crisis sanitaria está recrudeciendo, en particular, en las villas, afectando a quienes menos recursos tienen para enfrentarla. El gobierno no habla de la actualización de los salarios con la inflación y mucho menos de las paritarias, frenadas en muchos gremios con la complicidad de las burocracias que avalan suspensiones y reducción salarial. Sin embargo, el gobierno si habla de los subsidios millonarios que efectivizó a las empresas y por supuesto del acuerdo con bonistas y el FMI. Las feministas K, "desendeudadas nos queremos”, quedaron del lado de quienes impulsan el saqueo de los recursos para combatir el virus y defender la salud de los y las trabajadores. El pago de la deuda implicaría reformas contra las conquistas de los trabajadores y una sangría para la clase obrera en su conjunto sin perspectiva de género.

Este virus agudiza las contradicciones preexistentes bajo el capitalismo. Para salir de esta crisis sanitaria, social y económica se apela a la sobreexplotación femenina para exponerlas en primera línea, pero las proletarias organizan esa línea de combate para ponerla al servicio de la defensa de la salud de las mayorías, de la familia obrera.

El 28 de mayo impulsemos la deliberación de las mujeres en los barrios y lugares de trabajo, levantemos nuestros pliegos de reclamos y retomemos la lucha por la legalización del aborto, un derecho esencial en medio de la pandemia. Tenemos por delante la lucha por un paro y la organización de las jornadas hacia el próximo #NiUnaMenos. ¡El futuro es nuestro! ¡Adelante compañeras!

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