Escribe Jorge Altamira
Delcy Rodríguez propone a Estados Unidos “una cooperación en el cuadro de la ley internacional”.
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Bajo el asedio de una formidable Armada en el Caribe y el bloqueo y secuestro de los cargueros del petróleo venezolano de exportación, los hermanos Rodríguez (Delcy y Jorge) fueron instalados, respectivamente, como presidenta encargada de Venezuela y presidente de la Asamblea Nacional. Diosdado Cabello, ministro del Interior, dio por restablecida la seguridad pública, en el marco del decreto de “conmoción interior”, dictado con anterioridad al secuestro de Nicolás Maduro. Tuvo inicio, de este modo, el régimen de “gobierno” de la República Bolivariana por parte de Estados Unidos por interpósitas personas, según planteó Donald Trump en la conferencia de prensa del pasado sábado 3 de enero. El pirata norteamericano no excluyó, sin embargo, que si este sistema de gobierno se revelara inviable, Estados Unidos invadiría Venezuela (“poner las botas en el terreno”) sin más reservas.
Las nuevas autoridades niegan con vehemencia que se encuentren colaborando con este régimen de gobierno semicolonial; esto no demorará en aclararse en los próximos días. En una publicación de la presidenta en Instagram, bajo el título “Un mensaje para Venezuela, el mundo y los Estados Unidos” (citado en un ‘substack’ de un conocido internauta), Delcy Rodríguez señala que “Venezuela reafirma su compromiso con la paz y la coexistencia pacífica”. En esta línea dice que “priorizamos marchar hacia una relación balanceada y respetuosa entre Estados Unidos y Venezuela”, para agregar que “invitamos al gobierno de Estados Unidos a colaborar con nosotros en una agenda de cooperación orientada a un desarrollo compartido dentro del cuadro de la ley internacional para fortalecer una coexistencia comunitaria duradera”. En el contexto de asedio militar y político, amenazas de ir a una invasión y planes para tomar el control de los yacimientos de petróleo y otras materias primas, el planteo de Delcy Rodríguez y del nuevo gobierno venezolano equivale a una suerte de reglamento ‘pseudoconstitucional’ de un Protectorado de facto. Delcy Rodríguez, también ministra de Economía, ha sido señalada por la prensa internacional como la diseñadora de la dolarización generalizada de Venezuela. Una parte de la prensa internacional ya se ha puesto a analizar adónde puede conducir semejante entrevero. El fracaso del ‘doble comando’, amenaza Trump, llevaría a una invasión militar, seguida o precedida por una división de las Fuerzas Armadas bolivarianas. En ninguno de los pronunciamientos de los dirigentes de Venezuela hay un llamado a la resistencia al imperialismo por parte del conjunto de América Latina.
El asalto a Venezuela, bajo el código de “Determinación Absoluta”, ha sido una muestra de la enorme cohesión del aparato de Estado del imperialismo en esta operación. Es un contraste significativo con el golpe de Estado ejecutado por Trump hace exactamente seis años, cuando tuvo que enfrentar la resistencia del alto mando militar y fue acompañado solamente por una cohorte de lúmpenes y diversas complicidades policiales. Algo de menor entidad a la asonada de Bolsonaro contra Lula, que cumplirá otro aniversario el próximo jueves. El multibillonario Jeff Bezos, dueño del Washington Post y de Amazon, calificó, en cambio, al asalto a Venezuela de “una movida audaz”, poniendo de manifiesto el apoyo de la oligarquía financiera norteamericana. Las acciones de las petroleras subieron el lunes siguiente al asalto, lo mismo que la estatal Pdvsa, potencialmente al “mando” de Trump. El oro, sin embargo, siguió su ascenso feroz, lo que pone un interrogante sobre el dólar como divisa dominante internacional. Durante el mes y medio de asedio militar en el Caribe, alrededor de cien funcionarios de la CIA participaron de ‘negociaciones’ con todos los niveles del gobierno de Nicolás Maduro y con él mismo. Incluso el Poder Judicial participó de este golpe de Estado internacional al aceptar el procedimiento de su secuestro, aunque enseguida declaró que no hay ninguna prueba de la existencia del Cartel de los Soles. El Congreso de Estados Unidos pasó a un receso virtual. La camarilla de Trump, muy restringida en número según The Economist, contó para este acto de guerra mundial con un apoyo político excepcional. Ni la invasión a Cuba, en abril de 1961, desplegó una Armada como la de Trump en Caribe, ni un ataque militar como el de la madrugada del 3 de enero. Tampoco la milicia mercenaria de Castillo Armas, armada por Estados Unidos, contra Guatemala, en 1954.
La agresión contra Venezuela constituye un asalto político contra toda América Latina. Es un dato objetivo: Trump pretende dictar la política de cada país latinoamericano con el método de los protectorados ‘de facto’. Su declaración de Estrategia de Seguridad Nacional de noviembre pasado reivindica la Doctrina Monroe, de la segunda década del siglo XIX (“América para los (norte) americanos”), a la cual ha añadido el “Corolario Trump”, o sea, el manejo interpósito de la economía y la política de América Latina por parte del imperialismo norteamericano, con un revólver en la cabeza. El acaparamiento de las riquezas venezolanas y la exclusión forzada de sus rivales de China, la Unión Europea y Rusia tiene un carácter internacional, aunque el ensayo pase por Venezuela. Ante la fuerte reacción verborrágica de Gustavo Petro, el presidente de Colombia, en defensa de Venezuela, Trump le advirtió que “cuide su trasero”... una amenaza de secuestro ‘manu militari’. Incluso Milei, valga la ironía, deberá cuidar el trasero, porque ha promovido importaciones indiscriminadas (‘para bajar la inflación’) que han beneficiado a China. La cloaca que gobierna Argentina no ha logrado ningún apoyo del Tesoro norteamericano, como esperaba, para pagar los vencimientos de deuda externa de este enero. El “gusano’ Marco Rubio ya ha amenazado a Cuba con una acción militar.
El imperialismo no ha invocado la ‘restitución de la democracia’ para justificar el asalto a Venezuela, y tiene sólidos motivos para ello; incluso ha maltratado a la ‘demócrata’ Corina Machado, por la carencia de un aparato capaz de sustituir al vigente. Es que Trump está lanzado a la liquidación de la democracia en su propio país. Secuestra inmigrantes (sin debido proceso) y envía a la Guardia Nacional a las principales ciudades con ese y otros propósitos; es lo que busca Milei con su nuevo decreto para la Side. Trump busca injertar en Venezuela no una democracia, sino una dictadura complaciente con el imperialismo. Las masas venezolanas necesitan armarse de un programa para levantarse contra el intento colonial de Trump y por una verdadera democracia política. Una lucha consecuente en esta dirección lleva a un gobierno de trabajadores.
Trump no ha perdido el tiempo en valerse de su “Determinación absoluta” y su “Éxito brillante y audaz”, para reclamar la posesión de Groenlandia. La existencia de un territorio en gran parte virgen a la colonización económica y política es incompatible con el desarrollo de una guerra mundial. Geopolíticamente, para dominar los pasos del Báltico, y económicamente, su riqueza mineral, atrae como un agujero negro a las grandes potencias capitalistas y por sobre todo al imperialismo norteamericano. La tendencia a la absorción de Groenlandia no puede ser neutralizada; sólo puede ser impedida por revoluciones socialistas en los países centrales. La pérdida de Groenlandia sería un golpe fatal para los imperialismos europeos y para la Unión Europea. En el lapso de pocos días, el asalto a Venezuela y el intento de convertirla en un protectorado ha pasado a la ocupación de Groenlandia y una guerra con la Unión Europea. Estamos ante una demostración elocuente de que el asalto a Venezuela forma parte de una guerra mundial. Un condominio de Groenlandia entre dos o incluso tres grandes potencias sería apenas un episodio de la guerra en los mismos ocupantes.
El desarrollo de un protectorado en Venezuela tampoco será pacífico. La deuda externa de Venezuela es de 70 000 millones de dólares; la reconstrucción de su industria petrolera exige elevadas inversiones, sin acceso a nuevos endeudamientos. Así como Trump rechaza entregar el gobierno de Venezuela a la corriente gorila de Corina Machado, se opone también a la desnacionalización de Pdvsa, pues significaría su despedazamiento y la lucha intercorporativa por sus despojos (infraestructura y yacimientos). No se ha advertido que la gestión económica de Venezuela por parte del Estado norteamericano altera su régimen político y representa una carga financiera para los propios Estados Unidos, con resultados económicos inciertos, en términos de beneficios y plazos. La guerra del imperialismo desde el Indo-Pacífico al Caribe-Atlántico envuelve a China, con activos sustanciales en América Latina y en la misma Venezuela. La infraestructura de transporte, las telecomunicaciones y los automotores eléctricos están dominados por empresas de China.
Asistimos a un cambio de época concreto. Las enormes ventajas obtenidas por el capitalismo como consecuencia de las restauraciones capitalistas han concluido. La ‘globalización’ y el ’neoliberalismo’ han caducado. La internacionalización de las fuerzas productivas ha alcanzado fronteras desconocidas; en un iPhone intervienen piezas de miles de empresas. La acumulación de capital, sin embargo, sigue siendo más privada y más nacional que nunca. El estallido de estas contradicciones explica la guerra mundial, que solamente puede ser derrotada y suprimida por una acción histórica revolucionaria de las masas explotadas.
Trump intima al chavismo a convertir a Venezuela en un Protectorado Por Jorge Altamira, 04/01/2026.
