Escribe Jorge Altamira
La cuestión de la dirección política.
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Aunque la rebelión popular que se extiende por todo Irán tuvo su inicio hacia fines de diciembre pasado, su desarrollo político se enlaza con el asalto militar a Venezuela por parte del imperialismo norteamericano -que tuvo lugar una semana más tarde-, el secuestro de Nicolás Maduro y la transformación del Estado caribeño en un protectorado ‘de facto’ de los Estados Unidos y de Donald Trump. Trump, en efecto, ha amenazado con bombardear objetivos seleccionados en Irán como supuesta represalia a la represión (centenares de muertes y miles de detenidos) desatada por el régimen de los Ayatollahs. En una versión adelantada de lo que luego ocurriría en Venezuela, en junio de 2025 Estados Unidos había descargado un furioso bombardeo sobre las instalaciones de investigación nuclear de Irán y sobre la misma capital, Teherán, en una operación conjunta con el Estado sionista, que había desplegado sobre el terreno a miles de agentes de los servicios de seguridad. Esta salvajada (igualmente “impecable y quirúrgica”) eximió a las cabezas del régimen político, que fueron convocados a seguir gobernando, bajo el asedio de las amenazas de destrucción militar y sanciones económicas excepcionales proferidas por Trump. El asalto a Irán, hace medio año, anticipó el cerco en el Caribe, instalado por Trump a partir de noviembre. Al presidente iraní, Masoud Pezeshkian (y a su tutor, el ayatollah Khamenei), le permitían seguir en el gobierno en calidad de vicario del imperialismo yanqui, como ocurre en Venezuela con Delcy Rodríguez. En el contexto internacional, el desarrollo de la crisis de conjunto del régimen iraní guarda relación con el asalto a Venezuela y las amenazas contra Colombia, Cuba, Groenlandia e incluso México.
El detonante de la rebelión popular en Irán ha sido la devaluación del rial, la moneda iraní, cuya cotización se encontraba completamente desfasada con la inflación creciente de precios. El desborde guardaba un claro parecido con los últimos meses del gobierno de Massa, en 2023, incluido un subsidio directo a los consumidores del tipo “IVA menos” que aplicó el ‘renovador’ tigrense. Pero las diferencias de contexto son sustanciales, porque Irán sufre un brutal bloqueo económico, tiene sus activos internacionales congelados por Estados Unidos y una caída del precio de su principal producto de exportación. El régimen financia asimismo a un aparato de represión parasitario y a una camarilla clerical-militar, que se ha acentuado por el gasto militar determinado por la guerra desatada por Netanyahu y Trump en todo el Medio Oriente. Irán ha sido excluido del Swift, que es el medio de compensación de los pagos internacionales. Sufre, además, un gravísimo problema de desertificación, al punto que las autoridades han considerado la evacuación de una parte del territorio de Teherán, que alberga a unos 14 millones de habitantes. El Parlamento de Irán ha aprobado, recientemente, un Presupuesto de ajuste, que desvincula los ingresos de los trabajadores de la inflación y eleva catastróficamente las tasas impositivas. Aunque destila los métodos de CFK, Kicillof, Macri y Milei, los ayatollahs no tienen la posibilidad de recurrir al abusivo endeudamiento interno de sus colegas argentinos. En definitiva, otro gobierno capitalista encara una salida capitalista a una crisis capitalista.
A diferencia de rebeliones populares anteriores, esta vez el estallido partió de los bazaríes, la clase comercial de Irán. La inflación que desató la devaluación reciente desequilibró los precios de compra y venta. Los bazaríes han sido siempre una base social de los ayatollahs, para enfrentar a la competencia extranjera. El colapso monetario ha sido un golpe a este andamiaje. Desde el inicio la rebelión no ha hecho más que expandirse y levantar consignas contra el conjunto del régimen político. La competencia de los ‘reformistas’ (como el actual presidente) contra los ‘ortodoxos’ (el ala oficialista de los clericales) ha dejado de funcionar como alternativa o contenedor de lastre. Pero la crisis política no se limita a este desgaste final.
Desde el inicio de la guerra genocida del Estado sionista, el bloque de fuerzas alineado con Irán ha sufrido una destrucción mayúscula. Irán no cuenta con Hizbollah ni el sirio Bashar al Assad, ni tampoco la presencia dominante de Rusia, luego de haber neutralizado la injerencia del gobierno de Barack Obama en la región. Medio Oriente ha sufrido una desorganización política sin precedentes. El régimen iraní enfrenta la mayor vulnerabilidad de su historia desde la guerra con Irak, en la década de los 80. El nuevo gobierno de Siria, de la milicia de Al Qaeda, acaba de perpetrar una masacre de kurdos en la ciudad de Aleppo, mientras las milicias kurdas siguen ocupando el territorio de frontera entre Siria y Turquía (donde reside la mayor parte de la población kurda de la región).
La rebelión popular se desarrolla en un contexto de derechización y reacción política, sin atisbo de una dirección revolucionaria. Esta tendencia encuentra una manifestación en las pretensiones del hijo del difunto Sha de ocupar el poder por vía hereditaria. Varios sectores del imperialismo le han dado la bienvenida, por aquello de que “todo suma”. Pero el imperialismo norteamericano y el sionismo enfrentan el desafío de armar una salida política. Trump, hasta ahora, ha seguido la línea de organizar “encuentros” en Washington con distintos gobiernos, como es el caso de Colombia, Groenlandia, Dinamarca (incluso con Delcy Rodríguez, la vice del presidente secuestrado) para pasarles la lista de sus reclamos ‘irrevocables’. En Irán, este paso previo para imponer protectorados ‘de facto’ podría apuntar al ‘reclutamiento’ de Pezeshkian, quien tendría la doble responsabilidad de neutralizar al clero, de un lado, y a las masas indignadas, del otro. En Tel Aviv, mientras tanto, siguen las marchas nocturnas de los sábados para reclamar la expulsión de Netanyahu “por corrupción”. Retomar Irán sería un golpe espectacular de Trump contra China y Rusia, e incluso (o por sobre todo) la Unión Europea. La catástrofe económica, sin embargo, no haría más que acentuarse en todos los casos y, con ella, la emergencia de situaciones revolucionarias. Como lo demuestran las ‘razzias’ de inmigrantes y los asesinatos de activistas, el centro del huracán mundial son los Estados Unidos mismos. En la semana que acaba de trascurrir, Trump advirtió de que podría perder las elecciones de medio término en noviembre y arriesgar un juicio político el año que viene.
Los socialistas revolucionarios tienen una tarea difícil en Irán, cuando la rebelión del pueblo es manipulada por el imperialismo. El propio Lenin había advertido que la revolución de febrero de 1917 en Rusia había sido, al mismo tiempo, un golpe de estado de Francia y Gran Bretaña para mantener a Rusia en la primera guerra mundial, y no, como pretendían los democratizantes, para impulsar lo que no sería más que un episodio democrático burgués bajo la batuta del imperialismo. En Irán, las reivindicaciones económicas y políticas deben estar presididas por la denuncia de que el imperialismo y el sionismo conspiran en el terreno nacional e internacional para convertir a Irán en un Protectorado al servicio de una guerra imperialista mundial. En esta perspectiva, es necesario impulsar ocupaciones de empresa y el armamento de las masas. El apoyo político al gobierno clerical, por el contrario, lleva a un callejón sin salida y a un compromiso entre el clero y el imperialismo (como ocurre ahora en Venezuela). Una agitación de esta naturaleza pondría a la orden del día la consigna del gobierno obrero.
Movilizaciones en Irán: Trump reclama ‘moderación’ al gobierno ‘reformista’ Por Olga Cristóbal, 07/01/2026.
