La situación que tenemos en el subte

Escribe Matías Cisneros

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El salario de los trabajadores del subte viene golpeado por varios factores, entre ellos, la imposición del presentismo y el “rodrigazo” inflacionario y devaluatorio de diciembre de 2023. Además, como los datos de inflación se manipulan, los acuerdos “paritarios” se alejan poco a poco de la realidad del bolsillo. De conjunto en los últimos tres años, el salario de los trabajadores del subte ha perdido entre 200.000 y 400.000 pesos de poder adquisitivo del salario básico, según la categoría. La suma no remunerativa (SNR) que otorga la empresa y propagandiza la UTA en el último mes, cierra la paritaria sin modificar favorablemente los efectos de estos golpes al salario. Mientras tanto, el viaje en subte, que en marzo del 2023 costaba 80 pesos, hoy llega a los 1.336 pesos. El boleto ha subido 16,7 veces su valor.

El presentismo es una herramienta de extorsión contra las carpetas médicas y las medidas de fuerza. Le sirve a la empresa para reforzar los atropellos constantes de las malas liquidaciones y los desconocimientos de los certificados médicos. Por el lado de las tarifas, todos los aumentos de servicios golpean al bolsillo de los compañeros, pero los aumentos de boleto del transporte no tienen efecto directo en el salario.

Pero la cuestión más importante sobre el salario es que los trabajadores ya no deciden sobre su paritaria. Nadie les consulta. AGTSyP dice que lo resuelve en una oficina con la empresa. La UTA rara vez publica actas de las reuniones paritarias. Todo el mecanismo se parece más a un encubrimiento, porque la decisión salarial es unilateral por parte de la empresa. Las asambleas sobre el salario están pintadas. De proponer mociones para unificar en el cuerpo de delegados, pasamos a los acuerdos ad referéndum, y ahora ni eso.

Una recomposición salarial necesita de tres factores importantes: incorporar el presentismo al básico; volver a reclamar el 2% por año de antigüedad y obtener una compensación por el descuento de “ganancias”. Pero por sobre todas las cosas, recuperar un salario mínimo igual a la canasta familiar. Un concepto que se aplicó en la paritaria 2005, la única en nuestra historia que podemos catalogar como recomposición. La estrategia de “esperar a mejores condiciones” nos fue arrastrando cada vez a una situación más difícil. Las oportunidades requieren de acción. La espera por sí sola es un deshoje de la margarita.

Dentro de los trabajadores del subte, los que peor están son los jubilados. Con un tope de 1.500.000 pesos para los recién jubilados como máximo y una mínima de 360.000 pesos. El 90% de los jubilados del subte son pobres. No tienen una caja aparte o especial por insalubridad. Están sujetos a las mismas leyes jubilatorias que la mayoría de los trabajadores del país.

Una “reforma” para quedarnos sin derechos

La empresa avanzó en su agenda de flexibilidad laboral. Como táctica no busca la confrontación frontal, sino que apunta a condicionar el salario al rendimiento. Pone el dulce de un lado y el guachazo del otro. La falta de discusión salarial se vuelve una presión sobre las recategorizaciones y las horas extra. Como los ascensos a las categorías vigentes del convenio colectivo son a cuentagotas, las ofertas de ascensos a nuevas categorías, creadas para imponer una flexibilización, ganan terreno. Esto pasó con el “principal de estación” y ahora viene con el “punta y punta” en tráfico.

Lo mismo pasa con los francos. El levantamiento del último plan de lucha hacia finales del 2023, dejó pendiente la reivindicación del doble franco, que hubiera significado bajar de 36 a 30 las horas semanales para reducir la exposición al asbesto y a factores insalubres. Pero la empresa utilizó esa reivindicación para ofrecer, como contrapartida, la jornada de siete horas y 12 minutos por cinco días a la semana. Un gancho directo a la quijada de la conquista por las seis horas diarias que supimos conseguir. Esto solo se aplicó parcialmente en el taller Polvorines, pero la empresa realiza un trabajo de zapa para poder instalarlo a nivel general. Destruir la jornada laboral es una lucha estratégica para la empresa.

Los trabajadores del subte ostentan un importante grado de sindicalización. Esta condición limita la dictadura en los hechos de la empresa en el lugar de trabajo. Pero la reforma laboral viene a desconocer nuestras conquistas y organización. Un ensayo patronal reciente ha sido el despido de una compañera que ingresó al subte por la bolsa de trabajo, y resultó despedida bajo los “nuevos” plazos de período de prueba impuestos por la ley Bases. En votación dividida, y en oposición a la moción de la directiva, una mayoría del cuerpo de delegados votó un plan de lucha por su reincorporación.

Sindicato, asamblea y fuerza de los trabajadores

La organización gremial ha tenido cambios profundos, que son notorios en contraste de décadas. Una fracción importante de los delegados que en los 90 habían enfrentado a la conducción de la UTA, han terminado encuadrados en el kirchnerismo y en los agrupamientos de la burocracia sindical. El resultado es la adhesión a la “paz social”. El mismo Estado que trabajó incansablemente por esta cooptación, es el que se encargó de mantener en la ilegalidad a nuestro sindicato. Por un lado, desde el Ministerio de Trabajo bloquearon el definitivo reconocimiento de la organización gremial creada por los trabajadores. Y por el otro, sobrevino la cooptación política de la CTA Yasky primero y del moyanismo después. La invocación permanente a la “memoria” parece olvidar que el carnet de luchador se renueva todos los días, y se vuelve una pesada mochila cuando el inmovilismo y la adscripción al Estado se tornan moneda corriente. Para salir de esta situación, lo primero que hay que poner de relieve es que la “paz social” no existe para la empresa y para el Estado. Su programa conjunto es la guerra contra los trabajadores. Por eso tenemos la necesidad de organizar nuestras filas para los choques que se vienen. En este sentido es clave el rol del cuerpo de delegados, su autonomía e iniciativa, con las asambleas y su impulso. La situación fuerza a madurar, a dar un paso al frente.

Es urgente que los delegados pasen revista de toda la situación -salarios, amenazas de flexibilidad, jornada laboral, jubilaciones- y tracen un plan de acción. Sólo sobre esta base podrá construirse una alternativa de clase en AGTSyP, para recuperar la verdadera tradición de independencia y lucha que marcó el nacimiento de los “Metrodelegados”.

Revista EDM