Escribe Patricia Lambruschini
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El martes 3 se realizó una asamblea de la AGD-UBA, de la que participaron casi 150 docentes de las distintas unidades académicas. La asamblea tuvo una repercusión mediática importante, no sólo por el peso del sindicato a nivel nacional, sino por sus resoluciones: los docentes de la UBA se pronunciaron por el paro por tiempo indeterminado, hasta que el gobierno cumpla la ley universitaria vigente y otorgue el 51% de aumento salarial. Este reclamo constituye el piso para recomponer la enorme pérdida del poder adquisitivo sufrida en los últimos dos años. Pero lo cierto es que el salario de cualquier trabajador debería cubrir, como mínimo, el costo de la canasta familiar.
A diferencia del cuatrimestre pasado, donde la idea del paro indefinido fue impulsada sobre todo por los docentes de Ciencias Exactas, por las bases del Colegio Nacional Buenos Aires y por agrupaciones como la Tendencia Universitaria Clasista, este año el clima cambió. La conducción del gremio (Naranja-Partido Obrero), las distintas agrupaciones y también los docentes no agrupados se inclinaron en general por esa orientación. Las distintas intervenciones de la asamblea reflejaron el hartazgo, la bronca y la situación insostenible que atraviesan los trabajadores universitarios y preuniversitarios producto del brutal ajuste impuesto por el gobierno. Algunas intervenciones se refirieron al fracaso del frente con el CIN y de los paros aislados. Por eso mismo, todas abonaron la necesidad de avanzar en el paro por tiempo indefinido y propusieron distintas iniciativas para darle un carácter activo a la medida de fuerza.
Desde la Tendencia Universitaria Clasista hicimos un conjunto de propuestas en ese sentido, que incluyó: realizar asambleas interclaustros en la primera semana de paro; hacer volanteadas en las Facultades para difundir y convocar a estudiantes, docentes y no docentes; impulsar cortes e instalación de carpas en zonas aledañas a las Facultades; formar comités de huelga interclaustros para debatir y organizar las acciones. Teniendo en cuenta las negociaciones que la conducción radical de la UBA está llevando adelante con Milei para reemplazar la ley universitaria vigente por la que impulsa el gobierno (que implica una nuevo recorte salarial y presupuestario), propusimos movilizar al Rectorado de la UBA para rechazar ese acuerdo y el nuevo proyecto. Finalmente, planteamos la importancia de coordinar las luchas en curso, promoviendo la unidad con los trabajadores de FATE, de la salud, jubilados, etc. Propusimos impulsar acciones en conjunto, entre ellas un panel para abrir el debate y difundir en las facultades.
Algunas de esas propuestas y de las formuladas por otros docentes quedaron plasmadas en las resoluciones finales. Sin embargo, otras no aparecieron, porque la conducción del gremio propuso aprobarlas en general y derivar la organización concreta de las medidas a las Comisiones Directivas de cada unidad académica. Aunque pueda sonar más práctico, ese planteo mengua el carácter soberano de cada asamblea y la propuesta de los comités de huelga como instancia organizativa.
Las resoluciones de la asamblea de la AGD-UBA se llevaron luego como mandato al congreso de la CONADU Histórica, realizado el 5/3. La votación en la UBA, destacada en los medios de comunicación, en realidad refleja una tendencia más amplia entre la docencia universitaria y preuniversitaria nacional, que creció de forma significativa con respecto al año pasado. En las vísperas del nuevo ciclo lectivo, en distintas asambleas sindicales, tanto de CONADU como de CONADU Histórica, se impuso u obtuvo una votación importante el paro por tiempo indefinido. Esto contrasta con la línea promovida por las conducciones de ambas federaciones (y también las de la CGT), que insisten con los paros aislados y pasivos -que sólo han generado desgaste y desmoralización- y que buscan reducir los reclamos a la aplicación de la ley de financiamiento ya votada en el Congreso.
Pero si, en la actual coyuntura, el cumplimiento de esa ley es necesario, en modo alguno resuelve la grave situación que atraviesan las universidades, ni sus trabajadores y estudiantes. El avance de la mercantilización; las reformas regresivas de los planes de estudios, de la mano del SACAU; el ajuste brutal en ciencia, becas e investigación y, más en general, la avanzada de conjunto contra los derechos y las condiciones de vida de los trabajadores, están minando las bases del sistema universitario y científico públicos.
La tendencia al paro indefinido que viene creciendo por debajo en las universidades, es una expresión de ese escenario general. En contra de esa tendencia, en los congresos de las dos CONADUs se terminó votando el paro de una semana, a partir del 16 de marzo, y una promesa de nuevas medidas a futuro.
En este marco, es necesario imprimirles un carácter activo a esas jornadas de paro, promoviendo el debate y la acción unitaria de docentes, estudiantes y no docentes. Para romper los obstáculos que imponen las burocracias, es preciso convocar un congreso de delegados de base con todos los que quieran impulsar la lucha universitaria y la huelga general en coordinación con otros sectores, para enfrentar la embestida reaccionaria contra los trabajadores y arrancar nuestros reclamos.
