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En el transcurso del fin de semana, el gobierno de Milei lanzó un video en las cuentas oficiales que constituye un intento de apropiación del Día Internacional de la Mujer Trabajadora.
Una “causa noble fue distorsionada”, reza el video realizado por los patrocinadores de la destrucción de todas las conquistas laborales, sociales y políticas de la clase obrera en el último siglo y medio. Se refiere a las "políticas públicas" ensayadas por el kirchnerismo, especialmente bajo la gestión de los Fernández y Massa.
Milei, al igual que Trump, son parte de la expresión más violenta de la descomposición y crisis capitalista: el fascismo. En la agenda de la guerra imperialista, pretenden reducirnos a la impotencia política para consagrar un retroceso de conquistas y libertades. Este es un objetivo estratégico contra el conjunto de la clase obrera en todo el mundo y particularmente contra la mujer trabajadora.
El 8 de marzo nada tiene que ver con la ilusión de un “progreso individual” en la sociedad capitalista, sino con la afirmación de que la emancipación de la mujer es incompatible con el capitalismo. Esto es lo que las socialistas plantearon cuando establecieron el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.
El movimiento de mujeres ha tenido un desarrollo masivo en Argentina. En 2015, bajo la consigna de Ni Una Menos, puso en la picota al gobierno de aquel momento. Poco tardó en extenderse la consigna de "El Estado es responsable". Más tarde, ha sido un movimiento multitudinario de mujeres conquistó el Aborto Legal en la Argentina.
El gobierno de los Fernández ensayó la estatización del movimiento con la inauguración del Ministerio de la Mujer y promoviendo una decena de leyes que han redundado en un fracaso completo de las llamadas “políticas públicas”. En el mejor de los casos, no han sido más que declamaciones. Los centros de atención o asistencia a la mujer no tenían recursos en los presupuestos y/o chocaban con la estructura de aparatos policiales o jurídicos. Han puesto de manifiesto los límites insuperables del Estado en dar salida a la opresión de la mujer; por el contrario, han expuesto que no puede jugar un papel progresivo pues es el encargado de asegurar la continuidad de este orden social.
Sin embargo, la cúpula del movimiento de la mujer terminó por integrarse al gobierno de los Fernández. La lucha de género y la ilusión de que con leyes y organismos ad hoc, se pondría fin a la violencia hacia la mujer, sin enfrentar o desarmar al Estado, redundó en un fracaso rotundo.
Una conclusión ineludible es que el problema está en superar a una dirección feminista burguesa que se ha colocado bajo la tutela del Estado y ha terminado por sacar a las mujeres de la calle, desorganizarlas y recluirlas. La muestra palpable es la ausencia de una organización de masas de la mujer, la quiebra de las organizaciones barriales, sindicales y en los lugares de estudio y el crecimiento de la violencia hacia la mujer, donde Argentina sigue protagonizando las peores cifras.
Ahora el objetivo de Milei y sus funcionarias es pérfido. Pues se montan en este fracaso para una agitación y una agenda reaccionaria: el recorte de los programas, en un ataque a la salud y la educación, los intentos de derogar el derecho al aborto y eliminar la figura de femicidio. Milei ha promovido blanqueo de capitales y la impunidad de los Epstein locales, que organizan la trata.
Milei miente cuando dice que hoy la mujer tiene “Igualdad ante la ley, libertad económica y déficit cero”. El “déficit cero” que reivindica Milei busca traducir sobre nuestras familias el rescate de la quiebra al capital internacional. Ha sido sobre la base de la destrucción de los “gastos sociales”, entre ellos los poco efectivos planes contra la violencia hacia la mujer, pero también sobre la quiebra de la salud, la educación, el poder adquisitivo del salario.
Milei ha impulsado una contrarreforma laboral que impone un estatuto de esclavitud a las mujeres y familias trabajadoras, aumentando la vulnerabilidad. No lo hizo solo, sino que abrevó del colaboracionismo del peronismo, sus gobernadores y la burocracia sindical.
Milei es parte de la guerra imperialista que impulsa Trump en el mundo entero y es cómplice de las atrocidades más brutales producidas contra pueblos enteros, como el genocidio sionista contra Palestina. En este terreno también encontró la colaboración de numerosas filas del feminismo patronal.
Milei miente cuando habla de que las mujeres tenemos “igualdad ante la ley”. La conquista de la igualdad de derechos jurídicos no elimina la desigualdad real de la mujer en las condiciones de la sociedad capitalista. Son conquistas transitorias. En un período de exacerbación de la explotación social, su primera víctima es la mujer trabajadora. La crisis capitalista agrava las condiciones de vida de los trabajadores y acentúa la violencia doméstica. El capitalismo no ha abolido la explotación doméstica ni ha socializado las relaciones familiares, incluso cuando ha incorporado a la mujer al trabajo asalariado. Por eso la lucha tiene una raíz histórica, no identitaria o de género. Pero mucho menos tiene una raíz policlasista, sino de clases e histórica.
La violencia contra la mujer es una forma extrema de la opresión de la mujer en una sociedad dividida en clases antagónicas. Se enraíza con el conjunto de la opresión social amparada por el propio Estado capitalista al que se le encarga contrarrestarla o mitigarla, precisamente cuanto toda la política de ese Estado, por su naturaleza de clase, la agrava y profundiza.
La violencia contra la mujer no puede ser aislada de la opresión social de la mujer, y esta opresión de la explotación del hombre por el hombre. Encuentra su única vía para erradicarla en la lucha de clases, que no puede ser otra que la tarea de hombres y mujeres, de un gobierno de trabajadores y del socialismo. Es indisoluble de la barbarie de la guerra imperialista que se desarrolla en el mundo entero.
Las aspiraciones de la mujer trabajadora no tienen futuro con una política liberticida y fascista. Tampoco de la colaboración de clases como promueve el feminismo. Por eso, debemos impulsar una organización política propia e independiente de la mujer trabajadora, que recupere la organización de la mujer en los barrios, lugares de trabajo y de estudio, estrechando lazos de lucha con la clase obrera. Por la Organización Socialista de Masas de la Mujer Trabajadora.
