Ola de femicidios en Tucumán: cómo la enfrentamos

Escribe Nati Gutiérrez

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El pasado 19 de diciembre fue asesinada en plena luz del día Juana Busto, de 39 años, a manos de su ex pareja, José Rojas, sobre quien pesaban denuncias de violencia e inclusive una orden de restricción, la cual nunca fue impedimento para prosiguiera el continuo hostigamiento hacia Juana. Hoy, el femicida cumple prisión preventiva por el crimen de Juana y también por ultimar a un familiar de Juana, Francisco Lucero.

Otro caso ocurrió el 29 de diciembre, con el asesinato de Tamara Sánchez, de 29 años, en la zona del Barrio Asentamiento el Ángel, quien fue degollada por su pareja, Emir Morales. Tanto Juana como Tamara eran oriundas de la localidad de Delfín Gallo. Estos crímenes causaron conmoción en el pueblo que se tradujeron en diversas movilizaciones de los familiares y la comunidad frente a la comisaría local.

En vísperas de Navidad, el 23 de diciembre, fue asesinada Ingrid Reyes, de 23 años, en la zona de Banda de Río Salí. La causa fue caratulada como muerte dudosa sin embargo su familia responsabiliza a su pareja, ya que el cuerpo de Ingrid se encontraba con signos de violencia. La familia de Íngrid y vecinos realizaron cortes de calle para exigir justicia en la zona de Villa 9 de julio de la capital tucumana.

Hace una semana, se produjo el hallazgo de un cadáver envuelto en una bolsa en la zona de Manantial Sur. Se trataba de Antonela Álvarez de 25 años, cuya causa de muerte fue un traumatismo de cráneo facial producto de golpes de extrema violencia. Su familia movilizó el pasado lunes a la casa de Gobierno, aportando numerosos datos.

En otro caso, la mujer ha logrado sobrevivir, cuando sin más fue arrojada de un carro de tracción a sangre en plena luz del día en el barrio San Cayetano de la capital. La mujer aún tenía signos vitales, semidesnuda y atadas sus manos. Hasta el momento se desconoce la identidad y aún no hay novedades de lo sucedido.

¿Cómo enfrentamos esta situación? Por un lado, es necesarios impulsar la organización de base. Que cada caso, cada familia sea la punta de lanza de una organización de base barrial, vecinal, de autodefensa ante los hechos o situaciones de violencia sea familiar o institucional, léase el accionar del “trencito policial”, las bandas o patotas vinculadas a los narcos, etc., y sobre esa base la coordinación para impulsar la movilización de conjunto. Como referencia ya existe la Comisión Familiares Victimas de la Impunidad y del Gatillo Fácil y el ‘Ni una menos’ (que, en este caso, en la provincia ha sabido sostener su accionar con independencia de los gobiernos de turno y los partidos patronales).

Solo con organización independiente y la movilización continua arrancaremos justicia por todas nuestras víctimas.

Revista EDM