Escribe Iara Bogado
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Maximiliano Zalazar, delegado de una de las plantas en conflicto de Granja Tres Arroyos, pasó por nuestro streaming La hora de los trabajadores y denunció una maniobra de vaciamiento y ataque a los trabajadores. La empresa comenzó planteando un pago de sueldos en 5 cuotas del 20%, para luego recular y declarar que no pagaría nada. Ante este chantaje, los trabajadores pararon la producción.
El lunes 16/03, en un intento de quebrar la huelga, la patronal pagó solo a los trabajadores quincenales buscando “incentivarlos” a retomar tareas mientras mantenía la deuda con el resto de la planta. Los trabajadores se mantuvieron firmes cuatro días más, exigiendo el pago total y de los días de paro. La empresa intentó correrlos con la contrarreforma laboral, pero la asamblea impuso su voluntad: no hay producción sin salario. Actualmente, los trabajadores volvieron a sus puestos en disconformidad, forzados por la presión económica sobre sus familias, pero bajo estado de alerta.
Un nuevo matiz para una crisis de larga data
Es necesario precisar que la crisis de Granja Tres Arroyos no comenzó con el actual gobierno; es un proceso de deterioro que viene de larga data. Sin embargo, el ascenso de Milei y el reciente alineamiento con Washington le dan un giro determinante al conflicto. Lo que antes era una crisis de mercados por la gripe aviar, hoy se profundiza bajo el marco del acuerdo firmado con Trump, donde Argentina se compromete a: “Permitir el acceso al mercado para las aves de corral (poultry) de los EE. UU. en el plazo de un año” (La Casa Blanca, 13/11/25). En este escenario, la patronal no es una víctima del proceso, sino un actor que utiliza el pacto para descargar la crisis preexistente sobre las espaldas obreras. Mientras se quejan de la pérdida de mercados en China, aceptan un esquema que entrega el consumo interno a la sobreproducción norteamericana a cambio de vía libre para reestructurar sus plantas y atacar los convenios.
Un pacto de sumisión a la estrategia de guerra yanqui
Este acuerdo obedece a la etapa de descomposición del capitalismo, donde la guerra imperialista no es un conflicto aislado, sino la vía de las potencias para el reparto del mundo en crisis. Trump no busca "socios", busca asegurar que Argentina funcione como un apéndice de su estrategia de guerra contra China. El acuerdo dice que “Argentina reforzará la cooperación con los Estados Unidos para combatir las políticas y prácticas que no son de mercado de otros países” y se compromete a “alinear enfoques en controles de exportación y seguridad de la inversión” (La Casa Blanca, 13/11/25). Si EE. UU. decide que venderle pollos a China afecta su "seguridad", Argentina está obligada por este pacto a cortar el comercio. La patronal de Granja Tres Arroyos no es una víctima; es una pieza que acepta este disciplinamiento. Al igual que Madanes Quintanilla en Fate, los empresarios prefieren actuar como gerentes de un protectorado, reestructurando sus plantas y atacando los convenios colectivos para encajar en el nuevo orden que dicta el Pentágono.
No luchamos por salvar a la patronal local, sino por una economía planificada bajo el control obrero que garantice trabajo para todos, salarios equivalentes a la canasta básica y la reducción de la jornada laboral para vivir dignamente. Los trabajadores de Granja Tres Arroyos han sido claros, en palabras de Maximiliano: tienen como ejemplo la lucha de Fate y están dispuestos a ir a fondo. Es clave unir las luchas, la pelea por un salario encima de la canasta básica es inseparable de la lucha contra la orientación política que nos arrastra a la ruina económica y a la guerra. Por el derrocamiento de los gobiernos de la guerra
Fuentes:
Acuerdo con Washington https://www.whitehouse.gov/briefings-statements/2025/11/joint-statement-on-framework-for-a-united-states-argentina-agreement-on-reciprocal-trade-and-investment/
Entrevista a Maximiliano Zalazar https://www.youtube.com/watch?v=OshVCkOpDkc
