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El pasado jueves 2 de abril, Donald Trump dio a conocer a través de la red Social Truth el despido de Pam Bondi, la ahora ex Fiscal General. En el post señaló que “es una gran patriota estadounidense y una amiga leal que se desempeñó fielmente como mi Fiscal General durante el último año”. El cargo vacante será ocupado, de manera interina, por Todd Blanche, ex abogado personal del magnate, que la pasada semana asistió a la cumbre organizada por la CEPAC, en donde mostró su apoyo al envío de agentes del ICE y Control de Aduanas a los lugares de votación en las próximas elecciones de noviembre.
En un anticipo del escenario en que se desarrollarán las elecciones, en diciembre pasado Bondi emitió un memorándum en el que instruía “a todos los fiscales federales y agencias policiales a recopilar listas de organizaciones que deben ser difamadas y criminalizadas”. El Memorándum Bondi criminaliza al Partido Demócrata y a toda la oposición política.
A pesar de que Bondi convirtió al Departamento de Justicia en un anexo de la Casa Blanca, Trump le había picado el boleto meses atrás cuando expresó su disconformidad ante la poca voluntad de la ex Fiscal General para llevar a juicio a varios enemigos políticos y por la forma en que ha manejado los documentos relacionados al criminal sexual Jeffrey Epstein.
Al término de su primera gestión, Trump fue imputado en cuatro causas penales entre 2023 y 2024. En una de ellas fue encontrado culpable (caso “Hush Money”), convirtiéndose en el primer ex presidente convicto por delitos graves. Además de los procesos penales, debió enfrentar juicios de carácter civil por defraudación financiera y casos federales por presunta interferencia electoral, entre los que se encuentra la acusación que lo responsabiliza del asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021. La campaña electoral que llevó a Trump a su segundo mandato estuvo cruzada por un tono vengativo para con sus adversarios que le iniciaron causas judiciales una vez terminada su primera presidencia en 2021. Desde el comienzo de su segunda presidencia, Trump mandató a Bondi a que lleve adelante una persecución en regla contra el exdirector del FBI James Comey, quien cursó una investigación sobre la campaña por supuestos vínculos con Rusia; contra la fiscal general de Nueva York, Letitia James, que acusó al actual mandatario por fraude financiero; contra la gobernadora de la Reserva Federal, Lisa Cook, que lo denunció por fraude hipotecario; y contra el exasesor de seguridad nacional, John Bolton, un “halcón” de la primera gestión trumpista que mantuvo profundas discrepancias por la política exterior, y tantos otros ex funcionarios y opositores.
Bondi, que estaba al frente de llevar adelante el “maccarthismo” trumpista, siguió al pie de la letra las ordenes de su mandamás, pero no satisfizo las expectativas de “The King”.
Otro de los factores que sellaron la suerte de Bondi fue “la falta de éxito por parte del Departamento de Justicia en los casos legales presentados contra las acciones ilegales e inconstitucionales emprendidas por la administración Trump (...) Muchos de los recortes presupuestarios, despidos masivos y otros ataques contra trabajadores federales han sido revocados por orden judicial, a pesar de la intervención del Tribunal Supremo para restringir el alcance de las medidas cautelares de tribunales inferiores”.
Por su parte, el manejo de los archivos Epstein se convirtió en una piedra en el zapato para Bondi, ya que fue acusada de encubrir o gestionar de manera deficiente la publicación de los documentos de las investigaciones de su Departamento sobre el tráfico sexual de Epstein, generando un contrapunto con Trump. A fines de febrero, se reveló que el Departamento de Justicia ocultó decenas de entrevistas a testigos del FBI sobre la investigación. La noticia se conoció cuando se publicaron miles de archivos sobre la causa, entre ellas algunas relacionadas con la denuncia no verificada de una mujer que acusó a Trump de agredirla sexualmente hace décadas. Tras ello, legisladores demócratas denunciaron una posible violación legal y anunciaron una investigación paralela, lo que perjudicó todavía más a Bondi.
