Santa Fe: la investigación sobre el ataque en la escuela de San Cristóbal

Escribe Agustín Fernández

Tiempo de lectura: 3 minutos

Con el transcurso de los días, luego del fatídico episodio ocurrido en la escuela Mariano Moreno de San Cristóbal, provincia de Santa Fe, los elementos que rodean y componen los interrogantes que involucran a menores de edad se han expuesto a medida que avanza la investigación.

La fiscalía ordenó una serie de peritajes y rastreo de información sobre dispositivos digitales del infractor, en virtud de los cuales conocieron publicaciones en distintas redes sociales y en las comunidades en las que este interactuaba. Sobre estas, sugieren que el adolescente de 15 años comentó su plan, aunque bajo seudónimos y una identidad oculta. Entre los elementos que tomaron los investigadores, encuentran alusiones a la Masacre de Columbine, que fue un atroz suceso en EE. UU. ocurrido en 1999: dos jóvenes dieron muerte a 12 compañeros en un mismo instituto y luego se quitaron la vida. También referencias a otros, como Kosta Kecmanovi, una agresión de las mismas características en Serbia. En este afán de querer construir una suerte de perfil del adolescente, también se han topado con una serie de extractos o citas popularmente conocidas como “desmotivaciones” que ofician de citas con contenido triste y depresivo, sugiriendo un vacío existencial al que no puede volcarle un sentido y un propósito en la vida. Entre estas, aparecen frases del escritor japonés Yukio Mishima (quien se suicidó mediante el ritual seppuku), como estas: “Vivimos en una época en la que no existe la muerte heroica" o "Creo que solo encuentras paz en la muerte" (Los Andes, 31/03).

Además de esta información recabada del espacio íntimo del acusado, surgieron apreciaciones nuevas sobre su entorno familiar. Señalan que, a pesar de ser un excelente alumno, incluso de haber sido elegido mejor compañero durante 2025, de no presentar ningún tipo de antecedente de conducta o que reniegue con la responsabilidad educativa, lo cierto es que su entorno familiar distaba de ser ideal. Actualmente convivía con su madre, docente de nivel inicial, que las fuentes expresan que se encontraba bajo carpeta psiquiátrica desde hace dos años. Su progenitor, separado de su madre, se encuentra viviendo a más de 500 km de San Cristóbal; este es camionero y padece problemas de consumo y la relación entre ellos, si bien existe, se vinculaban de manera remota. Por último, una hermana mayor, que no se encuentra más viviendo en el hogar familiar ya que se fue a residir en la ciudad de Santa Fe para dedicarse al estudio.

Como denota el relato, lo sitúa claramente a él y a su entorno en una situación de vulnerabilidad. Previo al hecho, el adolescente se encontraba con tratamiento psicológico, en principio, a raíz de al menos de un intento de suicidio. Lo que no pudo exteriorizar consigo mismo, lo proyectó hacia terceros. La propia defensa del chico afirmó que se encuentra en un proceso depresivo (Artika 99.5, 01/04). Si bien tanto fiscalía como defensa descartan la existencia de un bullying contra este, un video nada ameno se difundió luego del hecho en el que es víctima de tratos molestos sin razón aparente.

Quienes expusieron testimonios también, como vecinos o participes de la comunidad, dan cuenta de que este fenómeno no es más que un episodio de una espiral violenta dentro de la ciudad que cuenta tan solo con 15.000 habitantes. Los ataques, principalmente entre jóvenes, no distinguen entre géneros y se han reportado graves hechos. Señalan que es la generalización de la violencia el problema -donde se fusionan las expectativas por el piso de los jóvenes, la miseria extendida y el dolor de sus familias, en un cóctel explosivo-. Una última información, en principio de dudosa credibilidad, fue un mensaje en cadena que, reenviado entre los habitantes del lugar, señalaba la existencia de un “plan b”. Sea o no verídico, refuerza el clima violento y de zozobra que se esparce entre los vecinos.

Por lo pronto, el destino del adolescente serán principalmente medidas educativas y curativas, ya que por su edad y al no estar promulgado el nuevo régimen de menores se encuentra por fuera de la edad de imputabilidad. El punto es que quienes se jactan no haber podido predecir o anticiparse a la conducta de este lo que buscan es, justamente, descartar su responsabilidad política en todo este entrevero. La violencia y los traumas del agresor están en corazón de la decadente sociedad capitalista, que corroe a adultos y jóvenes con la desesperanza y la liquidación de sus condiciones de vida, donde el Estado y sus gobiernos las promueven de una infinidad de maneras.

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