El repetido juego del “cese del fuego” en la escalada de la guerra del imperialismo y del Estado sionista

Escribe Jorge Altamira

En tres años de guerra, Trump y Netanyahu han violado todos.

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El pedido de “cese del fuego” de Trump es una expresión contundente del fracaso de la guerra que desataron el imperialismo norteamericano y el Estado sionista contra Irán. Irán no acogió la propuesta de una tregua por dos semanas para detener la amenaza de Trump de borrarla del mapa y aniquilarla como civilización. Irán respondió con un programa de diez puntos, que defiende todos sus derechos nacionales, sus medios de defensa y las luchas nacionales en el Medio Oriente contra el genocidio sionista. El acuerdo, sin embargo, fue seguido de la mayor matanza de libaneses, por parte de la aviación israelí. Netanyahu no ha renunciado a anexar al (sur) del Líbano (y a Gaza, Cisjordania y parte de Siria). Las dos semanas adjudicadas al “cese del fuego” no superaron las primeras horas. La cuestión internacional del Estado sionista ha entrado en escena, aunque nunca haya salido de ella.

Mientras amenazaba a Irán con un genocidio, “la Casa Blanca, informa el Financial Times, presionaba a Pakistán para obtener un cese del fuego temporario con Irán”, y no al revés. Para el éxito de esta operación de salvataje propio, Trump recurrió a China, sea por medio de Pakistán, o por emisarios propios, para alcanzar el objetivo de la tregua. Es lo que asegura la prensa china de Hong Kong, que el propio Trump ha reconocido como veraz. Trump ha aceptado, como base de una negociación de dos semanas, los diez puntos presentados por Irán, relegando los quince puntos que había difundido como parte del ultimátum que amenazaba con un holocausto. Lo que une a Washington con Pekín y con Moscú es el reclamo de la apertura del estrecho de Ormuz para la navegación internacional. Putin y Xi han facilitado dos resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU en este sentido. El estrecho es objeto de una disputa del mercado internacional por las potencias capitales, en el marco de una guerra económica y militar mundial. China ha recuperado, con esta mediación, una presencia en el Medio Oriente, como intentara, hace dos años, cuando logró el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Arabia Saudita e Irán. Por Ormuz pasa no sólo el gas, el petróleo y los fertilizantes, sino también el helio, un mineral decisivo para la fabricación de microprocesadores para la Inteligencia Artificial.

Los observadores explican el fracaso de Trump por "un error de cálculo" de este criminal de guerra. La repetición de una Venezuela en Irán habría sido totalmente infundada. Aunque esto último es cierto, el concepto es equivocado. En una reconstrucción que han hecho los periodistas del New York Times del proceso de decisiones que llevaron a esta guerra no provocada de Estados Unidos e Israel contra Irán, queda muy claro que Trump fue advertido contra iniciar la guerra por el vicepresidente JD Vance, por los servicios de Inteligencia e incluso por Dan Cane, el jefe del Estado Mayor de las FF. AA. de Estados Unidos. Trump decidió en sentido contrario, bajo la presión de las contradicciones insolubles que enfrenta el imperialismo norteamericano en su afán de no ser destituido de una hegemonía internacional que va pendiente abajo. La contradicción entre la precaución de quienes manejan la Inteligencia y las armas, de un lado, y la jefatura política del gobierno de Trump, del otro, es explosiva. En las últimas horas se han alzado voces, incluso de parlamentarios, para que la jefatura militar desobedezca a Trump. Son personajes, sin embargo, que han apoyado la guerra de masacre contra los pueblos palestino, libanés y sirio en estos tres últimos años.

La amenaza de un holocausto, incluso nuclear, contra Irán ha servido para disimular una vulnerabilidad política crucial de los planes de guerra de Trump, a saber, el reconocimiento del peligro que representaba una invasión terrestre de Irán. La mayor potencia militar de la historia admitía su incapacidad para liberar el estrecho de Ormuz mediante tropas en el terreno. Ahora debe recurrir a la buena voluntad de China. Pero solamente mediante la guerra podría el imperialismo cambiar el status de este estrecho como consecuencia de la guerra actual. Irán ha elevado a Ormuz a la condición de una herramienta de defensa nacional, que no puede ser puesta en duda por la diplomacia. Para pasar por el estrecho, las empresas navieras deberán notificarse ante las autoridades, admitir la revisión de la carga y pagar un arancel de pasaje. Es de esta forma que se financiaría la reconstrucción del país después de los terribles daños que ha sufrido. El motivo del “cese del fuego”, liberar el estrecho, ha resultado en un derecho nacional de Irán en cuanto a su pasaje. Mientras las autoridades iraníes pretenden que China se convierta en garante de la tregua y de un eventual acuerdo final, China no apoyó los reclamos de Irán sobre el estrecho.

El plantel del Estado que sugirió a la Casa Blanca no iniciar la guerra había advertido acerca de su costo económico. El equipamiento militar de Estados Unidos destruido en las cinco semanas de la guerra ha sido evaluado en 30.000 millones de dólares. Una escalada multiplicaría este costo geométricamente. La reposición de misiles de intercepción es negativa, porque su producción va más lenta que su destrucción. El Pentágono ha pedido un suplemento presupuestario de 200.000 millones de dólares y un aumento del gasto militar, para 2027, de 500.000 millones. Para cubrir estas expensas, Estados Unidos debería ingresar, a término, a un estado de racionamiento. Es lo que ocurrirá con Rusia dentro de poco, como consecuencia de la guerra para anexar Ucrania o una parte de ella –o, para el caso, con la Unión Europea, en la guerra contra Rusia, para anexarla a la UE-.

El “cese del fuego” ha nacido mal, en primer lugar porque el Estado sionista no dará tregua a su guerra para destruir a Hizbollah. En segundo lugar, porque el ‘establishment’ norteamericano ha ahondado sus divisiones. Trump recurrió al cese del fuego para producir una caída en el precio del barril, frente a advertencias de un espiral inflacionaria y un crack financiero. Si la guerra escala, ante el fracaso de la tregua, y se extiende en el tiempo, Trump podría invocarla para manipular las elecciones de medio término, en noviembre próximo, o postergarlas. Estados Unidos ingresaría de inmediato a un régimen de excepción, o sea, de gobierno por decreto. La crisis de dominación política del imperialismo en su conjunto se conjuga con una crisis de dominación en los Estados nacionales.

Desde el inicio de la presente guerra en Medio Oriente, a fines de 2023, la guerra imperialista ha proseguido bajo la forma de ceses del fuego, que cumplían la función de una destrucción por etapas.

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