Escribe Jorge Altamira
Llama a poner la guerra mundial imperialista “en perspectiva”.
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La amenaza de Donald Trump con una ‘destrucción masiva’ de Irán, si no acepta sin condiciones los términos de un “cese del fuego” dictado por el gobierno norteamericano, ha puesto de manifiesto algo que ninguno de los abundantes analistas de esta guerra ha registrado, a saber, que el criminal de guerra con asiento en la Casa Blanca tiene el propósito de proseguirla hasta la obtención de objetivos indefinidos o, incluso, que la guerra tiende a expandirse sin límites, con independencia, hasta cierto punto, de los propósitos criminales de Washington. Las autoridades de Irán han replicado a la extorsión fascista de ese “cese del fuego” de Trump y reclaman un “acuerdo de paz” definitivo, aun sabiendo que este objetivo ha quedado fuera de alcance. El planteo de Irán, presentado por escrito a los mediadores internacionales, reclama garantías para un cese del fuego permanente, el levantamiento de las sanciones, compensaciones por los daños infligidos en la guerra, un nuevo acuerdo acerca del estrecho de Ormuz, el cese de todos los conflictos en la región, seguridades de que Hizbollah no seguirá siendo atacada por Israel. Este programa no solamente revela una comprensión estratégica de esta guerra mayor que la de sus enemigos, sino que al mismo tiempo interpela a las otras grandes y medianas potencias capitalistas acerca de su responsabilidad de una continuidad sin tiempo de esta guerra, en la cual ya se encuentran de algún modo involucradas.
El discurso de Trump en cadena nacional, el miércoles pasado, es tremendamente ilustrativo. Un artículo del Financial Times lo resume de esta manera: “Trump frustró las esperanzas de un rápido final de los combates (…); indujo a los vOTANtes (norteamericanos) a poner este conflicto en perspectiva, diciendo que ha sido más corto que las pasadas guerras de Estados Unidos. Y dijo que ‘el golpe de corto plazo’ a la economía fue ‘un pequeño precio’ a pagar para alcanzar los objetivos de la guerra”.
Consciente o no, la ceguera de este planteo tiene algunos, pero pocos precedentes. La guerra en el Medio Oriente, con la intervención indisimulada del imperialismo norteamericano, comenzó a principios de octubre de 2023, o sea, hace dos años y medio, cuando el Estado sionista lanzó la largamente preparada solución final a la cuestión palestina. Transformó un asalto de Hamas, cuyo propósito era secuestrar rehenes para canjearlos por detenidos palestinos en las cárceles sionistas, en una larga guerra de masacre, en la cual involucró a Hizbollah y a Irán, con una serie de atentados contra sus dirigentes y, luego, con una guerra abierta de una semana. No es casual que Netanyahu haya resistido (con éxito) toda investigación acerca del 7 de octubre, y rodeara al asalto palestino de un ataque indiscriminado a los derechos humanos (violaciones y asesinatos) que no han sido probados o incluso fueron impugnados. Los dos años y medio de guerra en el Cercano Oriente forman parte de otra guerra, la de la OTAN y Rusia en Ucrania (y en el este de Europa y en el interior de Rusia, que lleva ya cuatro años, sin, tampoco, perspectiva de finalizar). La guerra contra Venezuela (centenares de aviones) tampoco ha finalizado, porque siguen los ataques a lanchas pesqueras acusadas de narcotraficantes e incursiones militares contra jefes del narcotráfico. La guerra contra Cuba ni siquiera ha comenzado. El llamado de Trump al electorado de Estados Unidos, “a mantener la guerra en perspectiva” es parte de una operación política de guerra, para ‘contener’ o hacer frente a las movilizaciones en Estados Unidos contra la guerra. La guerra ha abierto una escisión fatal nada menos que en la OTAN: los gobiernos imperialistas de la UE y Gran Bretaña han prohibido el uso de las bases norteamericanas en su territorio como plataforma contra Irán. El partido alemán neonazi, AfD, apoyado por JD Vance, el vice de Trump, y Marco Rubio, acaba de denunciar la guerra contra Irán, que al principio había apoyado, alegando el rechazo a la guerra de parte del electorado de ultraderecha de Alemania. Esta quiebra no admite suturas. Los Estados imperialistas inflan en forma extraordinaria sus presupuestos para el rearme, no precisamente para hacer frente a una guerra ‘corta’. El “cese del fuego” que ‘propone’ Trump a Irán no contempla la ofensiva de ocupación de partes de Líbano y Siria por el Estado sionista, con todo el potencial de guerra que conlleva frente a Turquía. Cualquiera sea el curso militar de la guerra, el estrecho de Ormuz, así como también Bab al Mandeb, en la boca del mar Rojo, o el canal de Panamá y los pasajes del mar Negro, dejarán de ser de tránsito libre, para convertirse en presas del control de las potencias enfrentadas. La Primera Guerra Mundial se inició bajo la fatídica expectativa de que duraría semanas, para prolongarse cuatro años, derribar cuatro imperios (Zarista, Austrohúngaro, Otomano y Alemán), desatar grandes revoluciones y abrir el camino al nazismo. En cierto modo, la Gran Guerra duró de 1914 a 1945.
Ningún observador ha admitido que Irán se encuentre derrotado; quienes enterraron a Hizbollah a destiempo, no tuvieron en cuenta su arraigo histórico en la población chiíta. Quienes sí han reconocido problemas son los Jefes de los ejércitos de Israel y Estados Unidos; lo prueba la onda de expulsiones de militares de cuatro y cinco estrellas en Washington; las divergencias en aumento entre Pete Hegseth, el secretario de Guerra, y Dan Cane, el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas norteamericanas. Los altos mandos de EE. UU. y Tel Aviv enfrentan el agotamiento del stock de misiles de intercepción y el bajo nivel de producción de todas las clases de misiles; las “cúpulas” protectoras ya no protegen como antaño (en el caso de Israel ha descendido del 95 al 74 por ciento). La moral de la población israelí se encuentra en franca caída, por el tiempo que tiene que pasar en refugios. En cuanto a las tropas, el jefe de la oposición de centroizquierda a Netanyahu, Yair Lapid, un enemigo rabioso del pueblo palestino, el especialista hebreo Amos Harel, del diario Haaretz, así como varios otros, ha descripto un estado calamitoso de la reserva del ejército sionista, luego, precisamente, de casi tres años de guerra. La ocupación de Líbano deberá poner en mayor tensión a toda esta tropa e incluso a la elite profesional. El desarrollo histórico de una colectividad nacional, bajo la garantía de plataformas antiaéreas, es una invitación a un impasse humanitario.
En cuanto a las tropas norteamericanas, la propuesta de que salgan a ocupar territorios extranjeros hostiles, que en el caso de Irán comprometería a centenares de miles de efectivos, es una convocatoria a la derrota histórica. Precisamente por esta razón Trump se acaba de comprometer a una guerra “corta”, como ya hemos señalado. Pero Trump mismo acaba de trasladar efectivos militares del sudeste asiático y China hacia el Medio Oriente, desvirtuando la Declaración Nacional de Seguridad, del mismo Trump, que pone a China como el enemigo estratégico de Estados Unidos. Esta operación es uno de los contenciosos más importantes entre los jefes militares norteamericanos, por un lado, y Trump y Hegseth, por el otro. El despliegue no podría ser tampoco sustentado económicamente, ni por la economía mundial, salvo mediante la instalación de un régimen de racionamiento de guerra. Un precio elevado de los combustibles por un período indefinido haría estallar la deuda pública de todos los países, sea que estén directamente comprometidos o no; a la deuda en su conjunto y al sistema financiero. Este impasse histórico ocupará el lugar central en la reunión postergada para mayo entre Trump y Xi Jinping, si es que no se posterga nuevamente.
La guerra no ha sido corta ni lo será de aquí en más. A ella se añadirá otra guerra: la de los trabajadores en cada uno de los países, en especial en Estados Unidos, pero seguramente en todos, porque la crisis social es mundial. La ICE norteamericana, una aparente institución de aduanas, se ha convertido en una SS de Trump, que invade lugares de trabajo, estudio y salud, bajo la cobertura de la caza de inmigrantes indocumentados. Es el ángulo de abordaje fascista para asegurar el control político interno e incluso alterar el régimen constitucional que este año celebra el 250.º aniversario. Estados Unidos se va aproximando a su segunda guerra civil.
La campaña contra la guerra imperialista debe convertir cada perjuicio contra las masas en una demanda política. Es una confrontación entre la contrarrevolución imperialista y la revolución mundial. Entre la barbarie y el socialismo.
