Crisis política en EE.UU. y purgas en el ejército

Escribe Rafael Fernández - Partido de los Trabajadores (Uruguay)

Fuera Trump.

Tiempo de lectura: 7 minutos

La crisis en el ejército y el aparato de seguridad de los Estados Unidos a partir de las acciones criminales decididas por Trump y Hegseth -primero en el Caribe, ahora en Irán- ha adquirido un carácter cada vez más público. Lo más visible son las purgas de generales y altos mandos por parte del “Secretario de Guerra”, que apuntan a depurar a los oficiales que no son lo suficientemente “leales” al Presidente o que plantean objeciones a los planes de guerra del trumpismo.

Los planteos de destitución de Pete Hegseth, de remoción de Trump por “demencia” (artículo 4° de la Enmienda 25) o directamente el juicio político, han sido planteados por legisladores y por comunicadores influyentes. El periodista de derecha Tucker Carlson llamó a los soldados a no obedecer una orden de carácter genocida, advirtió contra el bombardeo con armas nucleares, y llamó a una rebelión o renuncia de los integrantes del gabinete. En un sentido parecido se pronunció la ex trumpista y ex congresista Marjorie Taylor Greene, una fascista notoria (renunció a su banca marcando discrepancias con Trump por el caso Epstein).

“Hegseth se está convirtiendo en el principal objetivo de los Demócratas en el gabinete de Trump tras la destitución de la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, y de la fiscal general, Pam Bondi” (Axios). “Hegseth se encuentra entre los miembros menos populares del Gabinete, y los crecientes costes del conflicto con Irán ejercen una presión adicional sobre su imagen pública”. La representante demócrata Yassamin Ansari (estadounidense de origen iraní) declaró que presentará artículos de destitución contra Hegseth por “violar reiteradamente su juramento al cargo y su deber para con la Constitución”, y “pidió al Gabinete que invocara la 25ª Enmienda para destituir a Trump de su cargo por sus ‘declaraciones desquiciadas’ sobre la guerra”.

Los jefes de las bancadas Demócratas en Senado (Chuck Schummer) y la cámara de Representantes (Hakeem Jeffries) apuntan a una “resolución de poderes de guerra” que limitaría teóricamente las acciones militares de Trump, pero no tendría mayores efectos, porque incluso podría ser vetada por el presidente. Otros parlamentarios demócratas ya han presentado mociones de juicio político (“impeachment”) contra Trump, como John Larson, o lo han anunciado, como Ed Markey, Ilhan Omar, Rashida Tlaib, con apoyos mayoritarios.

Antecedentes

Durante el primer mandato de Trump, Pete Hegseth era un presentador de la cadena derechista Fox News que entre otras cosas hacía campaña para que se indultara a los militares condenados por crímenes de guerra o violaciones a los derechos humanos. La campaña tuvo sus frutos cuando Trump indultó a tres oficiales en 2019 (Michael Behenna, Clint Lorance, Mathew Golsteyn). Behenna había “interrogado” (léase: torturado) en Irak a un prisionero desarmado, sospechoso de pertenecer a Al-Qaeda, lo desnudó, lo llevó a un pozo y le disparó dos veces en el pecho y la cabeza. Había sido condenado a 25 años, pero sólo estuvo 5 en prisión y pasó a libertad condicional. Trump finalmente lo indultó. Lorance, entre otros crímenes, ordenó a sus soldados abrir fuego contra tres afganos desarmados que se acercaban en motocicleta, por lo que recibió una condena de 20 años, de la que cumplió 6 al ser perdonado por Trump. Golsteyn no llegó a ser condenado por su crimen de asesinato premeditado, pero igualmente recibió un indulto: había matado a un sospechoso de ser fabricante de bombas talibán después de que las autoridades lo liberaran por falta de pruebas. Lo emboscó, le disparó y luego quemó el cuerpo para ocultar evidencias. Los indultos fueron resistidos por los mandos militares y hasta por el Secretario de Defensa de la época, Mark Esper. Trump desoyó sus quejas argumentando que defendía a soldados que habían actuado bajo presión “en combate” y que las “reglas de enfrentamiento” eran demasiado “restrictivas”. El leitmotiv del presidente era: “Cuando nuestros soldados tienen que luchar por nuestro país, quiero darles la confianza para luchar”.

Las campañas fascistas de Hegseth incluyen dos libros en los cuales defiende utilizar “máxima letalidad” y acabar con las “estúpidas” restricciones a los crímenes de guerra: “Nuestros chicos no deberían luchar según reglas escritas por hombres dignos en salas de caoba hace ochenta años”, escribió en uno de sus libros respecto a la Convención de Ginebra. Uno de sus lemas era luchar “sin cuartel, sin misericordia para nuestros enemigos”, lo que equivale a “no tomar prisioneros” ni tampoco rescatar a los sobrevivientes de ataques (como las supuestas “narcolanchas” o el barco iraní bombardeado). Hegseth escribió un libro titulado “American Crusade” donde elogiaba a las Cruzadas como un esfuerzo necesario para “repeler el islamismo” tanto militar como culturalmente, describiendo nuestra época como “muy parecida al siglo XI”. Sintomáticamente, tiene tatuada una “Cruz de Jerusalén” en el pecho y en el brazo la frase “Deus Volt” (Dios lo quiere) que era el grito de guerra de los cruzados.

Purgas en el ejército

Al asumir, Hegseth comenzó de inmediato la depuración de las fuerzas armadas, declarando que “estamos poniendo en marcha un nuevo liderazgo que centrará a nuestras fuerzas armadas en su misión principal de disuadir, luchar y ganar guerras”. Desplazó a los principales mandos de las fuerzas armadas -incluido el presidente del Estado Mayor Conjunto Charles Q. Brown Jr., la Almirante Lisa Franchetti que era Jefa de Operaciones Navales- a los que se fue sumando una larga lista de una veintena de oficiales en lo que va del segundo mandato de Trump. Las primeras remociones tenían un carácter claramente político, y se inscribían en el impulso a mandos que no defendieran políticas “woke” (de diversidad) y que estuvieran 100% alineados con Trump/Hegseth. El secretario de “guerra” impuso entonces al General Dan Caine que estaba retirado. Las purgas apenas empezaban.

En el caso de las operaciones en el Caribe contra Venezuela, se produjo la renuncia del jefe del Comando Sur a fines de 2025, el Almirante Alvin Holsey, por discrepancias respecto a la “legalidad” de los ataques y hundimientos de lanchas de supuestos “narco-terroristas” y el asesinato de sus tripulantes. Hegseth los siguió defendiendo públicamente con frases como “apenas hemos comenzado a enviar a los narco-terroristas al fondo del océano”.

La renuncia del jefe de Contraterrorismo Joe Kent (una agencia que no depende de Hegseth), nombrado por el propio Trump y fiel a su discurso reaccionario, mostró que las grietas en los aparatos de seguridad no se limitaban a los “políticamente correctos”. Kent renunció por discrepancias con la guerra de Irán, denunciando que no existía ninguna “amenaza inminente” desde el país persa.

A comienzos de abril, y en medio de los bombardeos contra Irán, Hegseth pidió la renuncia inmediata del General Randy George (Jefe de Estado Mayor del Ejército), del Gral. David Hodne (jefe del Comando de Transformación y Entrenamiento del Ejército) y del May. Gral. William Green Jr. (jefe de capellanes del Ejército). El Pentágono no dio razones oficiales para la depuración, obviamente vinculada a la guerra en curso.

La depuración en las fuerzas armadas apunta a remover a los oficiales “poco leales” al presidente y a promover y ascender a una camada acorde con el eslogan de Hegseth de “Máxima letalidad, nada de tibia legalidad” o “efecto violento, no a lo políticamente correcto” (El País). “Ningún secretario de Defensa en tiempos recientes ha politizado tanto el Pentágono, al que quiere imbuir de los valores de la derecha trumpista y de la variante de cristianismo evangélico nacionalista que él abrazó hace más de una década. Ha instaurado desayunos de oración a los que asiste sin falta; ha impuesto un código mordaza de conducta a los periodistas acreditados en el departamento que hizo que la inmensa mayoría renunciara a sus credenciales, y que ha sido anulado por los tribunales; ha perdonado a los pilotos de un helicóptero sancionados por utilizar la aeronave para uso particular en el hostigamiento a una manifestación anti-Trump y un saludo ante su casa al músico Kid Rock, ídolo del movimiento MAGA (Make America Great Again)” (ídem).

La purga del Gral. George también podría estar relacionada a tensiones en el gobierno. Algunos “conjeturan que, con esa marcha, el secretario de Defensa supuestamente busca castigar al secretario del Ejército, Dan Driscoll, considerado un posible reemplazo de Hegseth en el futuro y que mantiene una buena relación con el mando defenestrado” (ídem). Diversas versiones vinculan a Driscoll como cercano al vicepresidente J.D. Vance, quien se mantuvo fiel a Trump, aunque marcó diferencias con el inicio de la guerra contra Irán.

Distintas versiones periodísticas manejan discrepancias entre el Gral. George y Hegseth sobre la promoción de oficiales, lo cual es central para el control no solamente de los altos mandos sino sobre todo de los mandos medios. Hegseth vetó ascensos de oficiales negros y mujeres, lo que generó choques con George.

El general removido supuestamente expresó preocupaciones sobre los altos costos y las pesadillas logísticas de una guerra terrestre en la difícil geografía de Irán. Supuestamente argumentó que una invasión terrestre de Irán sería “demasiado costosa de lanzar y demasiado desestabilizadora de sostener”. Hegseth habría criticado al alto mando por estar “demasiado preocupado por las legalidades de la guerra”. George fue reemplazado por el general Christopher LaNeve, quien es un ex-ayudante cercano del “Secretario de Guerra”.

“Golpe de Estado”

La politóloga Barbara F. Walters afirmó que las purgas en el Pentágono apuntaban a “prevenir golpes de Estado”, es decir, “eliminar a cualquiera que pueda amenazar la permanencia en el poder” de Donald Trump. Walters es profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de California, es considerada una de las principales expertas mundiales en guerras civiles e inestabilidad política, y trabajó para la CIA. La analista afirma: “El 6 de enero de 2021, Trump se enteró de que los generales estadounidenses no saldrían en su defensa si intentaba anular unas elecciones. Fue entonces cuando descubrió que no eran sus títeres. Está dedicando su segundo mandato a intentar solucionar ese problema”. “Todo oficial que ve cómo despiden a un general de cuatro estrellas por discrepar aprende a mantenerse al margen. Ese es el objetivo. Trump está enviando un mensaje a toda la cadena de mando: la lealtad a él es lo primero o pierdes tu trabajo. Se está asegurando de que, cuando surja una crisis —una disputa electoral, protestas masivas, un enfrentamiento legal—, ningún militar se interponga en su camino”.

Protestas

La guerra contra Irán ya era impopular desde el primer día, y las protestas masivas del movimiento “No Kings” pusieron la oposición a la barbarie bélica como un tema central de las protestas. La crisis por arriba, en el régimen político y sus partidos, y en el aparato militar y de inteligencia, se combina con la indignación y movilización de las masas estadounidenses no solamente contra la guerra sino contra todo el curso fascistizante el gobierno. Trump ha debido recular y pausar los bombardeos en Irán (no así en Líbano) por el temor los riesgos de un mayúsculo crack financiero y las crisis en su propio entorno. El confeso genocida de la Casa Blanca intentará continuar con el curso guerrerista y sobre todo con el “cambio de régimen” no ya en Teherán sino sobre todo en Washington DC, donde intenta establecer un gobierno por decreto. La consigna de “Fuera Trump”, en algunos carteles individuales al principio de las protestas, aparece ahora como una demanda de masas.

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