Una crisis en el trumpismo frente a la guerra

Escribe Rafael Fernández - Partido de los Trabajadores (Uruguay)

La renuncia del jefe de contraterrorismo de los Estados Unidos.

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La renuncia del Director del Centro Nacional de Contraterrorismo, Joe Kent, ha expuesto una crisis en el aparato de inteligencia y el ejército de los Estados Unidos respecto a la guerra lanzada contra Irán hace cuatro semanas por Trump y Netanyahu. Kent dimitió declarando su oposición a esta guerra y echando por tierra la mentirosa justificación de Trump para los bombardeos y asesinatos contra los gobernantes y la población civil iraní -incluidas más de 160 niñas de una escuela en la primera jornada de la guerra. “Irán no representaba ninguna amenaza inminente para nuestra nación, y está claro que iniciamos esta guerra debido a la presión de Israel y su poderoso lobby estadounidense”, declaró el que era un firme trumpista.

El ex jefe de contraterrorismo afirmó que ya en junio del año pasado se había opuesto al bombardeo de las instalaciones del programa nuclear iraní, pero que al menos había podido defender su posición. En esta ocasión, “No hubo oportunidad para que se presentaran voces disidentes” con el ataque a Teherán (La Nación, 20/3). “Kent sostuvo que Irán no estaba cerca de desarrollar un arma nuclear y que, incluso, el fallecido líder supremo Ali Khamenei había actuado como un factor de moderación dentro del régimen. Según su análisis, una eliminación violenta de ese liderazgo podría haber generado el efecto contrario al buscado, reforzando la cohesión interna del sistema político iraní”. Frente a las declaraciones del Secretario de Estado Marco Rubio, que pretendió justificar un “ataque preventivo” en función de una respuesta iraní a un inminente ataque de Israel, Kent afirmó que la amenaza “no provenía directamente de Irán, sino del riesgo de una escalada impulsada por Israel. ‘Esto remite a una cuestión más amplia: quién está al mando de nuestra política en Medio Oriente’”.

La reacción de Trump fue en apariencia conciliadora con el renunciante, aunque lo llamó “débil en materia de seguridad” (pese a que hace pocos meses lo había candidateado al cargo frente al Congreso asegurando que era un experto). Paralelamente, el FBI está investigando a Kent para acusarlo de “filtrar información clasificada” (Washington Post, 18/3), una represalia por su ruptura pública del frente guerrerista.

La dimisión de Kent hizo pública una fractura en los mandos militares y de inteligencia, que hasta ahora se conocía por filtraciones de prensa. Un ejemplo habían sido las filtraciones a la prensa de las advertencias realizadas por el Jefe del Estado Mayor Conjunto, General Dan Caine, sobre los riesgos de emprender esta guerra, antes incluso del inicio de los ataques de Trump y Netanyahu.

Tras la renuncia del Director de Contraterrorismo, Tulsi Gabard (Directora de Inteligencia Nacional), quien fuera su jefa directa, debió comparecer ante el Congreso a dar un informe de “Evaluación Anual de Amenazas 2026”. El informe aseguraba que el programa nuclear iraní había sido “aniquilado” en los bombardeos de junio 2025 y que el gobierno islámico hasta ahora no había intentado reconstruirlo. La afirmación contradecía las afirmaciones del propio Trump en el sentido de que Irán podría bombardear los propios Estados Unidos en dos semanas, pero Gabard se negó a contradecir abiertamente al presidente, afirmando que “solamente Trump” debía decidir si una amenaza era “inminente”. Kent se había reunido antes de la renuncia con Gabard y el vicepresidente JD Vance, que intentó que desistiera de su dimisión. Según distintas versiones, Vance era más escéptico respecto a lanzar la guerra, y en todo caso tanto él como Gabard y Kent habían realizado muchas veces declaraciones en ese sentido antes de asumir el gobierno.

Tras su salida del gobierno, Kent ha realizado un tour por diversos podcasts de periodistas -tanto de derecha como progresistas- que toman distancia con Israel y que acusan a Netanyahu de haber arrastrado a Estados Unidos a la guerra. Entre los encuestadores uno de los más célebres es el ex presentador de la cadena derechista Fox News, Tucker Carlson, quien ha sugerido que la inteligencia de Israel dio las coordenadas al ejército yanqui para bombardear la escuela donde fueron masacradas más de 160 niñas al inicio de los ataques. Carlson es un cristiano de ultra derecha de gran influencia en el movimiento M.A.G.A. (“Make America Great Again”) que evita acusar directamente a Trump, pero acusa a su entorno de traicionar el eslogan “América Primero” para sustituirlo por “Primero Israel”. El periodista preguntó a Joe Kent por el asesinato de Larijaní (dirigente iraní que se afirmaba era más proclive a un acuerdo con EE.UU.) y el bombardeo a los campos de gas de Irán y Catar, lo cual según Carlson busca “confinar a Estados Unidos en la guerra sin dejar una salida, al matar a los negociadores”. El ex cabecilla de Contraterrorismo asintió a esta visión, pero aclaró: “los israelíes no podrían haber hecho nada de esto sin nosotros”, “si tienen diferentes objetivos que nosotros, ¿por qué deberíamos dejarlos dirigir la guerra?”.

La narrativa de que nace de la presión israelí presenta a la guerra bajo la forma de una conspiración en función de objetivos geopolíticos del Estado sionista y de la pura influencia del lobby AIPAC (pro-Israel), no de la decadencia capitalista y la declinación del imperialismo. Por otra parte, se presenta a las guerras en Medio Oriente como consecuencia de las creencias de los “neoconservadores” o de los sionistas (judíos o cristianos), cuando en realidad estos planteamientos reaccionarios (seculares o religiosos) son apenas la justificación interesada para emprender una guerra que nace de las contradicciones del régimen social y su encerrona histórica.

La derecha M.A.G.A. está atravesando una guerra civil sobre las relaciones entre Estados Unidos e Israel. El ala sionista (mayoritariamente cristiana) habla incluso de una “guerra religiosa”: “¿Quién la gana al final del día? ¿Los terroristas islamistas radicales que quieren matar a todos los judíos porque Dios se los dijo?” planteó el senador Lindsey Graham. Otro sector M.A.G.A. viene combatiendo al “sionismo cristiano”, como se pudo comprobar en la entrevista-debate entre Tucker Carlson y el embajador de EE.UU. en Israel, Mike Huckabee, quien defendió no solamente “el derecho a la existencia de Israel” sino además el derecho del sionismo a extender su dominio territorial hasta Cisjordania, Jordania, Líbano, Siria, para recuperar el territorio que la biblia asignaba a Israel. Huckabee es un ministro de la iglesia bautista, y justifica en nombre de la biblia el genocidio y la creación del Gran Israel. La crisis de la derecha se manifiesta bajo la forma de una discusión teológica totalmente mediocre y oscurantista, con anatemas y acusaciones de herejía cruzados.

Según el portal Military.com, un suboficial presentó una queja ante la Fundación para la Libertad Religiosa Militar (MRFF), afirmando que sus mandos le ordenaron decir a las tropas que la “guerra con Irán formaba parte del plan de Dios” y que el presidente Donald Trump había sido “ungido por Jesús para encender la hoguera en Irán, provocar el Armagedón y marcar su regreso a la Tierra”: “la MRFF registró más de 200 denuncias similares en 50 instalaciones que abarcan todas las ramas de las fuerzas armadas”. El Pentágono está llevando adelante una campaña entre la tropa e incluso los contratistas de defensa, realizando ceremonias religiosas mensuales, y “promoviendo el nacionalismo cristiano en las filas militares”. Una treintena de legisladores demócratas dirigió una solicitud al Inspector General del Departamento de Defensa para que abra una investigación sobre estos informes y afirmaciones que “invocan profecías religiosas y teología apocalíptica para justificar las acciones militares de los Estados Unidos en Irán”.

Sin embargo, el establishment demócrata está alineado en la guerra contra Irán, a la que ha cuestionado por cuestiones de forma y legalidad, pero no por razones de fondo. El secretario de Defensa (o “Guerra”, como él se ha bautizado) Peter Hegseth elevó un pedido de fondos para la guerra de 200.000 millones de dólares, que Trump está evaluando cuándo enviar al Congreso. El 4/3, el portal Politico.com informaba que “Algunos demócratas no descartan votar a favor de una inyección de fondos militares multimillonaria, lo que podría provocar un choque interno en las próximas semanas para un partido cuya base política está horrorizada por la agresión del presidente Donald Trump contra Irán”. “Varios demócratas del Comité de Servicios Armados del Senado no descartan apoyar un mayor financiamiento para el Pentágono. Entre ellos se encuentran el principal demócrata del comité, el senador Jack Reed de Rhode Island, así como los senadores Gary Peters de Michigan, Tim Kaine de Virginia y Elissa Slotkin de Michigan.” Entre estos cuatro legisladores han recibido más de 2 millones de dólares de financiamiento de campaña de AIPAC y otros lobbies pro-Israel, aunque están lejos de ser los únicos demócratas que son financiados.

Trump se ha lanzado a la guerra en función de un interés de conjunto del imperialismo, no exclusiva ni principalmente a partir de los planes de Netanyahu. De hecho, fue avalada por el Consejo de Seguridad de la ONU. La tendencia guerrerista no surge con Trump, por otra parte. La guerra de la OTAN en Ucrania y el genocidio en Gaza son anteriores al gobierno de Trump 2.0 e incluso de Trump 1.0, con Obama y Biden impulsando el armamentismo y la guerra. El reordenamiento político y militar del Medio Oriente es un objetivo del imperialismo en función del control de recursos energéticos vitales sobre todo para sus competidores y del establecimiento de regímenes políticos que sean un punto de apoyo en la guerra mundial en desarrollo. Las disputas en los partidos imperialistas o en los aparatos de inteligencia no desmiente este objetivo común, sino que gira en torno a los métodos políticos y diplomáticos para llevar adelante este proceso guerrerista. En lo interno, el presidente Republicano impulsa un régimen de poder unipersonal y anticonstitucional como complemento indispensable de la orientación guerrerista, buscando liberarse de las restricciones legales y de las negociaciones en el Congreso o en la ONU, y provoca quiebres con la OTAN. Su “salida” para la guerra en Irán no contempla un recule, que podría terminar con su régimen: conduce a más masacres y genocidios.

La derrota de los Trump y Netanyahu sólo será el resultado de la acción de la clase obrera internacional, en un contexto en que el imperialismo lleva adelante una guerra extremadamente impopular que plantea crisis y fracturas en el propio aparato de inteligencia y del ejército. Mientras la guerra dispara los precios del petróleo y el gas, y acelera la inflación, la población estadounidense sufre los recortes en los derechos de salud que ya son anteriores a esta nueva masacre en Medio Oriente. Las privaciones de las masas como consecuencia del militarismo y la guerra empujan a una agudización de la lucha de clases y a grandes crisis políticas.

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