Artemis II: El apagón político en el lado oscuro de la Luna

Escribe Iara Bogado

Tiempo de lectura: 4 minutos

El amerizaje de la misión Artemis II frente a las costas de San Diego marca el cierre de una operación caracterizada como un hito de la "superación humana". Sin embargo, detrás de las imágenes en alta definición y el despliegue publicitario, lo que queda es un recurso al nacionalismo y a la temeridad tecnológica para sostener su imagen de dominio mundial.

La NASA inundó las redes con fotos de la "puesta de la Tierra" (Earthset), buscando emular la mística de la era Apolo al ritmo de AC/DC. La astronauta Christina Koch, al recuperar la conexión tras el paso por la cara oculta de la Luna, sentenció: "Es maravilloso escuchar de nuevo de la Tierra; siempre la elegiremos" (La Nación, 10/04). Sin embargo, la tripulación estuvo incomunicada durante 41 minutos por decisión de la Casa Blanca.

Este "silencio radiofónico" no fue una limitación técnica insalvable. Como señala la investigación de Bryan Dyne, la NASA contaba desde 2019 con la aprobación formal para utilizar el satélite chino Queqiao como puente de comunicación. Pero para la administración Trump, reconocer que la "grandeza americana" depende de la tecnología de Pekín era inadmisible. Prefirió el riesgo de un apagón absoluto antes que esta admisión. El "atardecer terrestre" en HD es apenas el decorado de una sordera política impuesta por la necesidad de reafirmar un dominacion política en crisis.

Debajo de la narrativa de la "curiosidad humana", la misión Artemis II operó como una avanzada de la industria de guerra. El mapeo de cráteres y el análisis de antiguos flujos de lava no buscan ampliar el conocimiento abstracto, sino identificar el valor de cambio de la Luna. El foco en el polo sur lunar tiene una motivación económica directa: el control del hielo para producir hidrógeno. Para el capital, el satélite no es un objeto de estudio, sino una estación de servicio estratégica para proyectar el dominio militar.

Esta subordinación de la ciencia a la guerra convierte a la tecnología en una fuerza destructiva. La contradicción es absurda: mientras las fuerzas productivas modernas exigen una planificación científica mundial, el nacionalismo del "último imperialismo" fragmenta el conocimiento y pone en riesgo a sus propios astronautas. Trump fue explícito en su red Truth Social: vinculó el éxito de Artemis II con la "dominación militar" y la guerra contra el régimen iraní. En este esquema, los desarrollos tecnológicos no sirven para liberar a la humanidad, sino para perfeccionar el aparato de vigilancia y asegurar que el oxígeno del futuro sea una mercancía bajo control del Pentágono.

Lo más alarmante es que la seguridad de la tripulación dependió de una maniobra de emergencia para encubrir un componente defectuoso. Según informes de último momento desde el Centro Espacial Johnson (The New York Times, 10/04), la NASA debió modificar drásticamente el perfil de reingreso de la cápsula. Mientras que en 2022 la misión Artemis I realizó un "reingreso con salto" (skip re-entry) para ganar flexibilidad, la Artemis II fue obligada a un descenso directo y acelerado. El escudo térmico de la cápsula Orion arrastra una falla estructural desde la misión Artemis I: el material se desprende en fragmentos en lugar de desgastarse gradualmente. En lugar de suspender el vuelo hasta que la nave fuera segura, la agencia simplemente alteró la trayectoria de reingreso, apostando la vida de cuatro trabajadores científicos a un cálculo de probabilidades. Para evitar que el escudo colapsara, la agencia decidió acortar el tiempo de reingreso de 20 a solo 13 minutos. Se eligió someter a la nave a un calor más intenso y a una caída "como una roca" a más de 26.000 km/h con tal de reducir el tiempo de exposición de un material que sabían incapaz de resistir el diseño original.

Esta temeridad responde a la urgencia de no ceder terreno ante el ritmo del programa espacial chino. La ciencia bajo el capitalismo es una carrera contra el reloj donde la seguridad es sacrificada en el altar de la competencia entre estados y la dominación simbólica. Para el imperialismo, una catástrofe es un riesgo aceptable frente a la humillación de un retraso que evidencie su pérdida de iniciativa tecnológica.

El fin de la misión Artemis II no es el comienzo de una era de descubrimientos para la humanidad, sino el síntoma de un sistema que busca en la Luna el oxígeno que ya no puede generar en la Tierra. Mientras la burguesía festeja el amerizaje, los trabajadores debemos ver lo que los archivos de esta misión revelaron: un régimen que prefiere el secreto y el riesgo de vida antes que la cooperación internacional. La única conquista real será la derrota de este sistema de barbarie, para que el cielo deje de ser un campo de batalla y la ciencia sea, finalmente, patrimonio de quienes la producen. La lucha contra la guerra imperialista es indisociable de la lucha por una ciencia y tecnología al servicio de la humanidad. Abajo los gobiernos de la guerra. Socialismo o barbarie.

Fuentes:

https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/las-impactantes-fotos-en-alta-definicion-de-la-mision-artemis-ii-a-la-luna-nid08042026/

https://www.lanacion.com.ar/ciencia/christina-koch-astronauta-del-artemis-ii-es-maravilloso-escuchar-de-nuevo-de-la-tierra-siempre-la-nid08042026/

https://www.nytimes.com/live/2026/04/10/science/nasa-artemis-ii-splashdown-return?unlocked_article_code=1.aFA.bL9B.jFPWRpOTbUr5&smid=nytcore-android-share

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Artemis II: El imperialismo busca en la Luna el oxígeno que pierde en la Tierra Por Iara Bogado, 02/04/2026.

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