El fracaso de Trump no pone fin a la guerra imperialista

Escribe Jorge Altamira

La “tregua” es un entretiempo para un mayor rearme, en medio de una enorme crisis política.

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Luego de seis semanas de una guerra devastadora, las camarillas genocidas de Trump y de Netanyahu no han logrado derrotar a Irán; esto es irrefutable. El “cese del fuego”, que tampoco ha logrado imponer los objetivos imperialistas ‘por otros medios’, dejó ver, sin embargo, una punta del propósito de reestructurar la guerra misma, con la participación de los imperialismos europeos y ostensiblemente de China. El objetivo mínimo de este bloque de fuerzas es que Irán libere el tránsito en el estrecho de Ormuz y deje de bombardear a los emiratos petroleros, incluida Arabia Saudita, por el daño espectacular que ha causado a los mercados internacionales, no solamente a corto plazo. Irán no cedería en cuanto al control del Estrecho de ninguna manera, pero un progreso gradual acerca del transporte por esa vía salvaría a las negociaciones iniciadas en Islamabad, que no han sido canceladas a pesar del demoledor impasse inicial. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha votado con China y Rusia a favor de gestiones para aflojar las restricciones de paso en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El 3 de abril pasado, el navío de una corporación francesa de navíos ha sido la primera en transitar por Ormuz. Por el estrecho pasa, además del 20%, aproximadamente, de las cargas de petróleo y gas licuado, el transporte de fertilizante necesario para los sembradíos principales, y el helio, decisivo para la fabricación de microprocesadores. El enorme desarrollo internacional de las fuerzas productivas del capital ha convertido a numerosos accidentes geográficos y a los abiertos o construidos por la acción humana, en puntos nodales de estrangulamiento de la economía mundial. Han sido objeto de operaciones de conquista militares en todas las guerras mundiales, así como en cuanto a su preparación. El otro tema son los ataques iraníes a los activos petroleros y gasíferos del Golfo Pérsico, que ocupan también los primeros ítems de la agenda de negociaciones. La destrucción ocasionada a las instalaciones del yacimiento qatarí de Ras Laffiri, el más importante del planeta, ha mermado acentuadamente la oferta mundial y elevado en un 70% el precio del fluido. Hasta donde se sabe la reparación de Ras Laffari demorará ocho años o más. La industria manufacturera mundial ha sufrido un golpe de costos extraordinario, esto cuando había creído haber superado la escasez provocada por las sanciones de la OTAN contra Rusia. La tentativa de re-rutear el suministro de combustibles por medio de ductos existentes o la construcción de otros, quedó en aguas de borrajas cuando fueron atacados, hace pocos días, por los misiles de Irán.

El fracaso de la larga reunión (21 horas) de cese del fuego, llevó a Trump a establecer un doble cerrojo de Ormuz, al desplegar un control de salida y entrada al Golfo, para penalizar a los navíos que paguen peaje a Irán por el paso por el Estrecho. En lugar de una salida política, esta doble llave agudiza el impasse, en primer lugar, porque afecta todavía más la circulación comercial y a los mercados. Por otro lado, está enmarcada en una continuidad de las negociaciones para una tregua. Tampoco fue anunciada como el primer despliegue de una invasión terrestre, o sea como una presión coercitiva. Esta acción de la marina estadounidense no ha influido en la diplomacia de las grandes potencias que busca coordinar una liberación del tráfico por esa vía marítima.

La apertura parcial y progresiva de Ormuz, en caso de prosperaran las negociaciones oficiales o las que tienen lugar fuera de la mirada pública, debería estar acompañada por garantías internacionales excepcionales de parte de las grandes potencias, algo imposible por el momento, si es que lo fuera alguna vez en el futuro. Irán no renunciará a supervisarlo como un corredor interior (como también lo intentó Juan Manuel de Rosas, el ayatolla mazorquero de las Provincias Unidas en la Vuelta de Obligado en el río Paraná contra la flota anglofrancesa) porque es su arma más potente de defensa. Sería necesaria una coalición de estados imperialistas y restauracionistas sólo para amortiguar el bloqueo, no para levantarlo. Donald Trump se ha estrellado contra el muro de Irán, porque creyó que podría imponer una variante Delcy Rodríguez, como cuando asaltó a Venezuela en una acción militar relámpago. Luego fracasó en el propósito de arrancar una rendición incondicional, para forzar a los sobrevivientes del régimen iraní a oficiar de gurkas o quislings del gobierno norteamericano. Lo que queda como alternativa es un desembarco de tropas en alguna cabeza de playa de Irán, que es lo que provoca la mayor tensión dentro del establishment de Estados Unidos. Finalmente, ha fracasado en el objetivo de someter a Estados Unidos a un régimen ICE, de persecución de la oposición popular a la guerra y a una dictadura. Estos fracasos, sin embargo, no han vulnerado la asociación de toda la burguesía norteamericana con los objetivos estratégicos de esta guerra: la supervisión internacional de Ormuz; la entrega del uranio enriquecido que ha reunido Irán; el cese de las investigaciones nucleares; el desarme misilístico de Irán; Y, por sobre todo, imponer un régimen político favorable al reconocimiento de ‘los derechos adquiridos’ del estado sionista sobre el conjunto de Palestina y las ‘zonas de seguridad’ adyacentes. Todo lo que cabría esperar es que, bajo la presión de los imperialismos de la Unión Europea, China y, de ser posible Rusia, Irán facilite el tránsito por Ormuz a cambio del levantamiento de algunas sanciones económicas impuestas por Estados Unidos. Putin podría considerar que la tensión extrema en Medio Oriente sirva para cumplir el propósito de anexar la región del Donbás – en Ucrania. Dado el carácter mundial de la guerra imperialista, todas las potencias en presencia anteponen sus objetivos imperialistas o de opresión, o sea un reparto de influencia internacional, a las triquiñuelas en torno como salir del ‘impasse Ormuz’. Lo que la lumpen burguesía trumpista pretende sacar de cualquier negociación es la cuestión del estado sionista, que es, sin embargo, la columna vertebral de las guerras y de esta guerra en el Medio Oriente. Para lo centristas de izquierda que sueñan con la viabilidad de un retorno al ‘status quo ante’, admiten de este modo su convivencia con una guerra imperialista permanente – o, en sus propias palabras “desorden” y “caos’. Israel ha quedado afuera de negociaciones que lo tienen en el centro, porque es la viga maestra del orden imperialista en una región que afecta al mundo entero.

La discusión más viva sobre la guerra no tiene lugar, sin embargo, en Pakistán, sino en Estados Unidos. The New York Times ha planteado a toda la clase dominante norteamericana que es necesario retirar a Trump la dirección de la guerra, que debería ser tomada por una amplia coalición política. Es necesario, señala, reunir al Congreso para que elabore otra política de salida al impasse, que no debe confundirse con una retirada. El diario toca lateralmente el asunto de un juicio político a Trump, porque esto simplemente arruinaría la posibilidad de esa coalición. Un ala del partido Republicano, cuyo vocero es el senador Lindsey Graham, también quiere reunir al Congreso, pero por otro motivo – teme que la camarilla de Trump caiga en el derrotismo, eventualmente por la exigencia de un sector de la coalición trumpista (MAGA), que reclama declarar la victoria y ‘volver a casa’. Los dos partidos tradicionales de Estados Unidos se encuentran en estado de dislocación, porque el mismo régimen político de “controles y balances” se encuentra agotado. Los únicos que creen que se podría volver a la vigencia de la Constitución de Estados Unidos, como fuera diseñada hace 250 años, son los “woke” del partido Demócrata, que apoyan la guerra contra Rusia en Ucrania y son firmes defensores del estado sionista. Algo similar ocurre en Israel, donde se vota este año, cuando Netanyahu podría ser reemplazado por un “halcón” de la actual coalición de genocidas, o por otros genocidas, pero de la oposición. Para unos y otros, la cuestión “existencial” de Israel sólo puede ser enfrentada por medio de un estadio de guerra permanente. Pero para salir al rescate del trumpismo, el NYT reconoce que necesita la disposición de éste a ponerse al frente de la reclamada coalición. El eje de la coalición no sería retirarse de Irán sino reestructurar esta guerra, o sea convertirla de guerra de una camarilla en ‘guerra patriótica o nacional’. Una coalición nacional como esta debería se apuntalada por una coalición internacional, que defienda incondicionalmente al estado sionista y sus guerras, y que retire a China del campo de aquellas potencias que han elaborado sus propios términos de una salida condicionada. Sería necesario que el imperialismo norteamericano salga de un pantano que lo debilita contra China y Rusia y contra otros imperialismos rivales, para producir un nuevo reparto del mundo, más allá del alcanzado con la disolución de la Unión Soviética y la incorporación de la masa China al mercado mundial.

Ninguna guerra ha seguido una línea recta, que se decidiera con el primer tiro. Hitler demoró dos años en invadir a la URSS, y hasta le ofreció un cordón de seguridad mediante la entrega del este de Polonia y parte del Báltico. Lo mismo ocurrió con Japón, que sometió a China a la barbarie y luego se tomó su tiempo para iniciar la Guerra del Pacífico. Gran Bretaña y Francia capitularon en Múnich, para reorganizar sus fuerzas con (mucha) posterioridad. Estados Unidos se sirvió de un ‘pacífico’ boicot al suministro de petróleo a Japón, para lanzar una guerra imperialista con una faceta ‘democrática’. El mundo ha atravesado, desde 2014 y 2022 en Ucrania; desde 2023 en Palestina (aunque es una guerra colonial centenaria); desde hace menos tiempo con Venezuela, Cuba e Irán; los primeros pasos de una guerra mundial irreversible para el capitalismo, que sólo puede ponerle fin la clase obrera internacional. El ‘fracaso’ no ha disuadido a ningún imperio, solamente ha servido para afile sus armas. La falsa tregua actual sirve, como lo reconoce toda la prensa internacional, para que Estados Unidos e Israel repongan los Atacams, los Arrows, los Patriot, para lanzarse a una guerra de mayor escala en el futuro inmediato. El costo de este rearme lo pagan los explotados, y acicatean el espíritu de indignación, de rebeldía y de revolución.

Los marxistas revolucionarios tenemos el desafío de emular y superar a los internacionalistas bolcheviques del pasado, que explotaron el estallido histórico de las contradicciones capitalistas para promover la revolución mundial. La revolución mundial, traducida al avance científico y tecnológico de esta época, sería una proeza humana superior a la conquista del espacio exterior, la fisión y fusión nuclear, la física quántica y la Inteligencia Artificial. “Cambiaría al mundo de bases” y convertiría a esos otros logros extraordinarios en instrumentos, no de guerras de autodestrucción, sino de libertad.

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