Casi 60 colegios amenazados de tiroteo en CABA: el poder político es responsable

Escribe Lucía Viñas

Ya han hecho paros 16 colegios.

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Desde el miércoles pasado se empezaron a recibir amenazas de tiroteos en colegios de la capital. Frases en los baños que citaban fechas similares: viernes 17, lunes 20 ó martes 21. Cuentas en instagram con amenazas a colegios y personas puntuales. Circularon también fotos de armas, conversaciones en WhatsApp y videos recalcando las amenazas.

Durante el jueves 16 se fueron sumando colegios en ola. Al inicio del día se debatía qué hacer con las 3 o 4 escuelas amenazadas. De un momento a otro eran 40 los colegios que también habían encontrado inscripciones en el baño o amenazas de otro tipo. Hoy ya son casi 60.

El jueves por la tarde se realizó una reunión nacional de secundarios organizada por la Renace (organización dirigida por La Cámpora) la cual tuvo como conclusión la nada misma. Otra reunión simultánea de la Coordinadora de Estudiantes de Base de la capital (CEB), seguida de asambleas en diversas escuelas, resolvió un paro estudiantil preventivo de todos los colegios amenazados para el viernes y en respuesta a muchas direcciones que actuaron de forma negligente. Pero también se incluyó en la acción de lucha a las escuelas no amenazadas, como forma de denuncia de una crisis social y de salud mental en la juventud que es desatendida por el gobierno y el Estado.

El viernes 17 pararon 16 colegios, entre los que se encuentra el Rogelio Yrurtia, Normal 11, Acosta, Nini Marshall, Arranz, Lenguas, Normal 8, el taller, Fader, Danzas 1, Normal 1, La Belgrano, Nacional 17, Lanteri, Liceo 9, y Lola Mora.

El sábado 18 hubo una reunión de la CEB presencial con casi 50 estudiantes. Hace años que las reuniones de la coordinadora no eran tan numerosas. Inicialmente surgió la necesidad de responder rápido, mediante acciones de lucha, a lo que estaba sucediendo, señalando al gobierno, a la desfinanciación de la educación y a la escasa atención de salud mental dentro de los colegios como responsable de la crisis ocasionada. Se llegó a debatir acerca de las condiciones de vida de los estudiantes, que se ven golpeadas por el régimen, el ajuste y la reforma laboral. Sin embargo, el límite que imponen las burocracias en estos movimientos se revela en un punto: la negativa a organizar una acción concreta. A medida que avanzaba la reunión la idea de movilizar esta semana se volvía más “utópica”. Pese a que varios sosteniamos la importancia de responder a las necesidades de las bases, la mayoría prefirió reuniones en la Legislatura, en Casa de Derecho y con UTE. Reuniones a las que, claramente, solo van a asistir las direcciones de los colegios durante la semana y en horarios en los que muchos estudiantes cursan. La única medida que se tomó por fuera de las reuniones con la burocracia fue hacer asambleas en todos los colegios de lunes a miércoles.

Por cierto, estamos ante algo mucho más profundo que una “crisis de salud mental” o violencia en las escuelas. Asistimos al ejemplo más claro de un sistema desahuciado que está llegando a su límite. La condición de vida de la mayor parte de la juventud y la clase obrera -y no sólo en Argentina- está sumida en la miseria y en la ausencia de perspectivas. Hace un año, un estudio revelaba que en el conurbano el 40 % de los jóvenes creía no tener futuro alguno y renunciaba a sus aspiraciones, otro 40 % veía muy difícil progresar. La juventud es encerrada en un circuito de miseria social, violencia y drogadicción que empuja a los más desesperados a responder con más violencia: los jóvenes agredidos por el sistema terminan siendo victimarios de sus pares y su misma clase social, robando, trompeando y amenazando de tiroteo a sus compañeros. Y finalmente el poder político, verdaderamente responsable, tiene a quién señalar acusatoriamente. Las burocracias sindicales y estudiantiles, con el inmovilismo, contribuyen a ese cuadro.

Existe un lazo tangible entre el pago de la deuda pública y dejar a la deriva a todos los servicios públicos, la educación, la salud y los jubilados. El régimen capitalista trastorna la vida y oportunidades de la clase obrera en función de sus necesidades, por eso no hay trabajo con derechos y cada vez más jóvenes hacen Rapi, Didi, o Uber. A esa degradación se acopla al sistema educativo: la educación secundaria destruye sus contenidos científicos y humanísticos, lo único que importa es generar un proletariado precarizado para satisfacer a un mercado laboral negrero.

El estudiantado que lucha y se organiza en centro de estudiantes tiene una responsabilidad ante esta crisis. La insatisfacción y la bronca de los jóvenes con este régimen putrefacto debe ser dirigida contra sus verdaderos responsables, el Estado y sus gobiernos. Organicemos una gran movilización de las escuelas por todas las reivindicaciones que nos caben como jóvenes estudiantes y trabajadores. Convoquemos a la juventud de los barrios. La salida no son los insulsos “conversatorios” o “talleres” que los burócratas nos proponen para seguir marcando el paso en el mismo lugar. La salida es luchar contra la precarización laboral y educativa y contra el orden social que la sustenta.

Tenemos que desarrollar un movimiento estudiantil en la escuela media que responda a esas reivindicaciones y señale el conflicto político y social detrás de esta crisis educativa y social. Un movimiento cuya vanguardia sea socialista y su perspectiva de lucha revolucionaria, ya que esta es la única alternativa ante las contradicciones irreconciliables del capitalismo, cuya agonía prolonga la miseria, el hambre, la guerra y la consecuente falta de perspectivas para la juventud.

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