Escribe Agustina Martelli
El Rectorado ataca las medidas de lucha y negocia con el Gobierno de espaldas a docentes y estudiantes.
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Entre el viernes y el sábado se levantaron las tomas estudiantiles que se desarrollaban desde la noche del día martes 26, en los colegios Nacional de Buenos Aires y Pellegrini. En el caso del CNBA, los estudiantes decidieron interrumpir la toma para permitir las elecciones no docentes el día jueves, la reanudaron ese mismo día por la noche y decidieron levantarla el viernes.
La toma de los colegios fue votada por asambleas muy nutridas de estudiantes de todos los turnos y coordinada entre los dos colegios dependientes de la UBA, para reclamar la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario, que el Gobierno se niega a aplicar desde hace más de seis meses y que ahora se encuentra esperando su tratamiento en la Corte Suprema de Justicia. Mientras las conducciones filokirchneristas y filokicillofistas de los centros de estudiantes buscaron contener y acotar las tomas a permanencias de 24 horas, en el debate se impuso la posición independiente de tomar los colegios de manera indefinida hasta la aplicación de la ley. Se trata de una moción similar a la del paro por tiempo indefinido que se votó en asambleas de docentes universitarios a principioS de año, pero que fue boicoteada por las conducciones sindicales para imponer, en cambio, paros semanales y “escalonados”, que terminaron siendo aislados y decrecientes.
En ese escenario, las tomas en los colegios preuniversitarios han tenido un impacto mediático: en la televisión, la radio y las redes sociales se puso el foco en la medida de lucha de los estudiantes en reclamo por el financiamiento universitario. En sus declaraciones, los y las representantes de los centros de estudiantes remarcaron: “Cientos de docentes renunciaron o licenciaron sus horas en los colegios preuniversitarios desde que comenzó el gobierno de Milei”, “Un preceptor gana $600.000 pesos, con eso no se puede vivir”, “Nuestros profesores no pueden llevar un plato de comida a su casa”, “nuestras docentes se van de la escuela para trabajar en colegios de la ciudad porque ganan un 30 % más, o en paralelo a la docencia trabajan de Uber porque no llegan a fin de mes”, “La Corte no tiene plazos y eso nos preocupa muchísimo”.
Mientras hace unos años las encuestas señalaban que la Libertad Avanza “arrasaba” entre la juventud, hoy esos mismos jóvenes observan con cada vez mayor preocupación el deterioro educativo de los últimos años y no ignoran que se enmarca en una crisis económica y social más amplia, ya que la viven en carne propia. La enorme columna de secundarios en la última marcha federal educativa del 12 de mayo pasado y las tomas de los colegios preuniversitarios muestran que el movimiento estudiantil se encuentra procesando una experiencia política de manera acelerada, cada vez más organizado y proclive a expresarse y dar un paso al frente en la lucha. Son un ejemplo para todo el movimiento estudiantil de las Facultades que, encorsetado por las conducciones radicales o peronistas, no se ha organizado todavía sino en forma molecular.
Es que la reacción del Rectorado de la UBA no deja lugar a dudas: mientras en 2024 y 2025 entregaron el salario de la docencia en favor de arreglar los gastos de funcionamiento de las universidades con el gobierno, este año se han dedicado a amenazar a la docencia de los colegios preuniversitarios con descontarles los días de paro de sus magros salarios y ahora, además, presionan a los estudiantes que toman pacíficamente sus lugares de estudio. El pasado miércoles 27, el Rectorado de la UBA sacó una resolución que demandaba la presencia de las autoridades en los colegios tomados y que habilita a “readecuar el calendario escolar” para compensar los días de clase perdidos. Al día siguiente, las autoridades del CNBA, que no se animaron a apersonarse en la toma, ordenaron la presencia de los preceptores en las puertas del colegio. En el Pellegrini, las presidentas del Centro de Estudiantes también denunciaron presiones e intimidaciones de parte de las autoridades y de los gobiernos de la Ciudad y la Nación. ¡Cobardes!
En las últimas horas, circularon rumores acerca de un supuesto preacuerdo entre el Gobierno, los rectores y algunas federaciones universitarias. Queda claro que ni las conducciones sindicales burocratizadas ni los rectores llevarán esta lucha a la victoria. Ante las provocaciones, las asambleas docentes y estudiantiles deben retomar la incipiente rebelión educativa que se esfuerza por emerger, en el camino de la acción directa y la huelga general.
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