Escribe Alicia González – Secretaria general ATE Legislatura
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La denuncia por la pérdida del 60% del poder adquisitivo de los salarios estatales durante los últimos 10 años fue uno de los ejes discutidos en la asamblea general convocada por la Junta Interna de ATE Diputados. Los responsables directos son los gobiernos provinciales de dicho periodo y los gremios firmantes de paritarias a la baja.
Desde el año pasado, una campaña de afiches dentro y fuera de la Legislatura se concentró en la exigencia de la recuperación salarial y el pase a planta permanente para terminar con la precarización de los contratos. Frente al tratamiento del Presupuesto 2026, la demanda de mayores cupos no tuvo excusa: se logró aumentar en 169 el cupo de plantas permanentes y en 60 las temporarias, además de elevar la carrera administrativa hasta la categoría 23 (que históricamente terminaba en la 16).
Debemos destacar la participación en dos jornadas de lucha donde se juntaron más de 400 firmas en un petitorio que exigía un presupuesto para los trabajadores. El resultado, por ahora, es una victoria parcial; todavía no se han designado esas plantas, no se desarrolló el plan de recategorización y la recomposición salarial esperada sigue sin aparecer en los bolsillos.
En las recorridas previas a la asamblea y las movilizaciones relámpago hacia la Presidencia para entregar petitorios y pedidos de audiencia; reiterados desde enero sin respuesta, hemos recogido el drama que se vive: desde lo económico hasta el impacto emocional. Los compañeros y compañeras recurren a dos o tres trabajos, viven endeudados y realizan esfuerzos tremendos para ajustar los gastos de las familias legislativas.
La dilación de la respuesta, que se prometió para marzo, luego abril y ahora fines de mayo, no hace más que caldear los ánimos. Esto se verificó en el clima de la asamblea general realizada este jueves 7 de mayo en el hall central de la Cámara de Diputados. La misma reunió a un centenar de trabajadores que expusieron la urgencia, mientras un fervor mezcla de alegría y lucha crecía entre los presentes.
Saludos, abrazos y el reconocimiento en el encuentro templaron la tarde. En un espíritu de unidad por reivindicaciones comunes, la asamblea votó por unanimidad un "ruidazo" dirigido a los pasillos donde se toman las decisiones políticas. Allí se oyó fuerte el grito de: “unidad de los trabajadores y al que no le gusta, se jode”. Se exteriorizó la bronca y la voluntad de lucha; por ello, la asamblea mandató a la Junta Interna a participar de la próxima reunión e informar los resultados, declarando el estado de alerta y movilización hasta triunfar.
