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Colombia está a pocos días de elegir al próximo presidente -los comicios son el 31 de mayo- y las últimas encuestas aseguran que, de las tres candidaturas viables al inicio de la campaña, sólo han quedado dos en carrera: las del ultraderechista Abelardo de la Espriella (Defensores de la Patria), una suerte de Milei colombiano; y la del candidato del gobierno, Iván Cepeda (Pacto Histórico). Fuera de la contienda estaría quedando Paloma Valencia (Colombia Más Grande), candidata del uribismo que obtuvo el segundo lugar en las elecciones al Senado de hace sólo dos meses, alcanzando 2,2 millones de votos y 17 bancas.
Cepeda lideraría la primera vuelta, pero sin alcanzar el 50 % de los votos y evitar el ballotage. Lo que hace unas semanas se perfilaba como una paliza en favor de Cepeda, hoy se prevé un empate técnico con De la Espriella.
Las elecciones en Colombia son un campo de disputa de la guerra mundial, marcado por una furiosa intervención del imperialismo norteamericano. Colombia es aún uno de los países más importantes de América Latina, junto a México y Brasil, que no firmó el Escudo de las Américas de Donald Trump. Luego del secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro en enero de este año, Trump definió al presidente colombiano Gustavo Petro como “líder del narcotráfico” y amenazó con la intervención militar en Colombia.
De la Espriella llegó a la campaña electoral de forma sorpresiva, en la segunda mitad de 2025, con un creciente apoyo de distintos sectores empresariales, iglesias cristianas y retirados de las fuerzas represivas. Se dio a conocer en Colombia como abogado asesor de paramilitares y lavadores de dinero. Llamativamente, fue asesor del colombo-venezolano Alex Saab, empresario y exministro de Industria de Venezuela, con estrechos vínculos con el madurismo. El discurso de De La Espirella se asemeja al de Milei en Argentina: prometió “destripar a la izquierda”, fortalecer la cooperación con Estados Unidos en materia de seguridad y achicar el Estado. Emulando al presidente salvadoreño, también promete construir megacárceles, a la vez que asegura que “probablemente será necesario recurrir al estado de excepción” y que probablemente sea necesario considerar períodos más largos de detención sin juicio. Ha cuestionado la coalición política que lidera la uribista Valencia por tener como fórmula vicepresidencial a un candidato homosexual.
Con De la Espriella, el gobierno de Donald Trump sumaría a Colombia para convertir a América Latina en la retaguardia de la guerra imperialista mundial y para expulsar a China del continente. Estados Unidos, sin embargo, había apostado a un rearme del uribismo, por el cual impuso la excarcelación y rehabilitación electoral de Álvaro Uribe (2002-2010), condenado por sus vínculos con los paramilitares. Uribe había sido, desde su salida del Gobierno en 2010, el líder indiscutido de la derecha en Colombia (puso a sus dos sucesores presidenciales, en 2010 y 2018, hasta la victoria de Petro en 2022), pero también en todo América Latina. Su candidata, Paloma Valencia, parecía haber reagrupado a la derecha luego del triunfo de Petro y había propuesto a Uribe como ministro de Defensa. Valencia había prometido abiertamente solicitar la integración de Colombia al Escudo de las Américas. La candidata del uribismo ahora ha sido eclipsada por la del llamado “outsider” De La Espriella.
El oficialismo, por su parte, logró superar la fragmentación de las elecciones pasadas y todos los partidos y movimientos que conforman el espectro de centro-izquierda se agruparon en torno a la candidatura de Cepeda. Tiene viento a favor por algunos datos de la economía nacional: el crecimiento del PIB se ha mantenido positivo durante los últimos cuatro años y, según The Economist (24/5), “la economía [de Colombia] ha superado las expectativas”. El año pasado, este diario la clasificó en cuarto lugar entre 36 países, según una medida combinada de crecimiento, inflación y desempleo. “Desde entonces, el Petro ha aumentado el ya elevado salario mínimo en un 17 % en términos reales. El crecimiento se basa en el consumo, la inversión es débil y el gobierno gasta en exceso, mientras presiona al banco central para que baje los tipos de interés” (ídem). Los sectores ambientalistas critican la supuesta política ecologista de Petro: “la deforestación de la Amazonía ha disminuido desde que el Pacto Histórico llegó al poder, pero continúa, y la minería ilegal de oro está muy extendida. Muchas zonas de Colombia son prácticamente ingobernables porque están controladas por grupos armados” (The Guardian, 21/5). La amazonía es la región más grande de Colombia, abarca un 40 % del territorio nacional.
La campaña electoral en Colombia ha estado atravesada por la violencia generalizada. Las consecuencias humanitarias de la violencia alcanzaron “el nivel más grave de la última década”, según el Comité Internacional de la Cruz Roja. “La zozobra aumenta entre la población civil, víctima de homicidios, desapariciones, amenazas y reclutamiento forzado en sitios como Catatumbo o Arauca, en la convulsa frontera con Venezuela; Cauca, sobre el corredor del Pacífico; Nariño y Putumayo, departamentos limítrofes con Ecuador; o el selvático departamento de Guaviare, en el sur del país. Los grupos armados también han intoxicado las elecciones”. El escenario incluye también el asesinato de líderes sociales y políticos. Los atentados políticos se acumularon en la recta final de la campaña. El senador Alexander López, copartidario de Petro y Cepeda, fue baleado cuando regresaba de un evento de campaña, en lo que el mandatario calificó como un intento de secuestro; dos militantes de la campaña de De la Espriella fueron asesinados en el departamento del Meta; una bomba en la Autopista Panamericana dejó al menos 19 civiles muertos en abril: la senadora indígena Aida Quilcué fue secuestrada durante varias horas; el senador y precandidato opositor Miguel Uribe Turbay fue asesinado en agosto del año pasado durante un mitin en Bogotá.
El clima de violencia y de proliferación de bandas narco está siendo explotado por Estados Unidos para amenazar con una intervención militar. El senador republicano de origen colombiano, Bernie Moreno, aseguró que las “organizaciones narcoterroristas necesitan refugios seguros proporcionados por Estados. Si Colombia, Dios no lo quiera, toma el camino equivocado, todos los malos actores que hoy están en Cuba, Venezuela y Nicaragua se trasladarán a Colombia”. El gobierno de Trump acreditó una misión con más de 80 funcionarios que se desplegará en gran parte de Colombia con la intención de “verificar la transparencia y libertad de voto del pueblo colombiano en elecciones”; entre ellos, estará Bernie Moreno. El senador se apresuró a cuestionar anticipadamente el resultado electoral: “Si van a contar votos que son resultado de una clara intimidación, entonces no van a tener unas elecciones que la comunidad internacional, y desde luego los Estados Unidos de América, consideren libres y justas”; dice que cuando llegue a Colombia planteará que consideren la anulación de los resultados electorales en las zonas del país en las que se registre intimidación por parte de los grupos armados. Frente a las amenazas a candidatos, Moreno aseguró que “Estados Unidos ha apoyado antes la seguridad de líderes políticos en Colombia. Eso puede volver a ocurrir si es necesario”. Bernie Moreno es un hombre con aceitados vínculos con la derecha colombiana: fue una figura clave para que Washington decidiera incluir a Petro en la lista de la Oficina de Control de Bienes Extranjeros, en la que se incluyen a los criminales del más alto nivel y que paraliza sus finanzas personales. También tiene vínculos con Uribe: antes de que se hiciera efectiva la prisión del expresidente, Moreno lo había visitado en su casa de Antioquia. “Moreno es uno de los hombres de más confianza de Donald Trump cuando de temas latinoamericanos se trata. El senador de origen colombiano asistió a la reunión entre los presidentes de EE. UU. y Colombia en la Casa Blanca cuando anunciaron la tregua” (El País, 21/5). El senador republicano reclamó a los dos candidatos opositores de la derecha que se unan desde el 1 de junio (días después de la primera vuelta) y anunció que ese mismo día va a “desayunar” con ambos para reclamarles que “tienen que estar completamente unidos”. Moreno ya se ha reunido en Miami con De la Espriella, “el candidato que, en público, más ha buscado el beneplácito del Partido Republicano y de la Casa Blanca” (ídem).
Hace apenas unas semanas, medios hondureños revelaron que existió una campaña de fake news a fin de desestabilizar a los gobiernos de Gustavo Petro en Colombia y de la mexicana Claudia Sheinbaum, impulsada por el trumpismo. La campaña formó parte de una trama más amplia que tiene como finalidad instaurar gobiernos de características policíacas en regla en todo el continente. El gobierno argentino de Javier Milei habría aportado U$D 350.000 a esta campaña.
Colombia ha quedado afuera del Escudo de las Américas, pero Trump no se resigna a la posibilidad de intervenir abiertamente en todo el continente. Petro ha bajado la retórica de confrontación con Trump, y aseguró recientemente que “con el presidente Donald Trump tenemos una buena relación personal y no habrá intervenciones y enemistad entre las dos naciones”. Los sucesivos choques verbales entre Trump y Petro se saldaron con una claudicación del colombiano y su viaje a la Casa Blanca. El presidente colombiano convalidó, en su momento, el Protectorado impuesto por éste a Venezuela, sin conseguir por ello frenar la injerencia trumpista sobre las próximas elecciones presidenciales en el país.
Elecciones en Colombia: Pacto Histórico se impone en un escenario de fragmentación Por Joaquín Antúnez, 11/03/2026.
