Pico de contagios: el problema no es el ‘running’

Escribe Camila Pérez

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El país alcanzó los casi dos mil contagios por día (La Nación, 18/06), constituyendo el pico de casos desde que llegó la pandemia. En simultáneo, se acerca cada vez más el colapso en los hospitales: el 57% y el 45% de las Unidades de Terapia intensiva en capital y provincia de Buenos Aires, respectivamente, ya están ocupadas (Ámbito, 18/06).

La crisis política del trío integrado por Fernández, Larreta y Kicillof se ha acentuado. Esta semana, el presidente salió al cruce de las medidas tomadas por la Ciudad ("querían salir a correr, ahí tienen las consecuencias"). El gobierno porteño, por su parte, respondió que no hay elementos para deducir que dichas actividades sean la causa del incremento de contagios (La Nación, 19/06).

En cualquier caso, de un lado y del otro, hay un claro direccionamiento de la discusión hacia medidas superficiales y menores. Lo que realmente mueve el amperímetro del aumento de casos no son las salidas recreativas, sino la reactivación de la actividad económica que expone al contagio tanto en los lugares de trabajo como, especialmente, en el transporte público. El anuncio en boca del gobierno de una posible vuelta a la primera fase refiere, sobre todo, a las actividades por fuera del campo laboral (running, etc.).

Medidas como la división de salidas según el número de DNI, anunciada por Larreta, son puramente cosméticas, así como las palabras de Alberto Fernández operan de distraccionistas del factor principal. El aumento de los casos de contagio en la industria ya tiene varios ejemplos, como viene pasando en la rama de la alimentación (Bagley, Granja Tres Arroyos, etc.), el neumático (Firestone), y muchos otros. En la rama de servicios, los supermercados han registrado un aumento explosivo de casos entre sus trabajadores.

La reanudación de la producción en la mayor parte de la industria, dispuesta semanas atrás, y los pocos elementos de salud y prevención en los empleos “esenciales” desde el inicio de la pandemia, son focos de la expansión del virus en los trabajadores y en los barrios en los donde se ubican las fábricas o viven sus trabajadores. Por otra parte, los trabajadores de los hospitales también se ubican entre los conglomerados de contagios, en un cuadro en que los materiales necesarios para prevenirlos son suministrados en mínima proporción por parte del Estado.

Para combatir el pico de contagios no alcanza con restringir algunas salidas individuales. Es necesario ir al centro del problema. Es cada vez más necesario que pongamos en pie coordinadoras que impongan protocolos que garanticen la prevención de contagios, la centralización del sistema de salud por el estado – bajo control de los trabajadores de la salud -, el refuerzo de las unidades sanitarias con el presupuesto correspondiente discutido por los trabajadores, asistencia alimentaria y testeos masivos controlados por comités barriales.

En momentos críticos como el actual, se pone de relieve totalmente que la defensa de la vida depende de la clase obrera.

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