Música

Crucis, a 50 años de su debut

Escribe Sergio Escalas

Tiempo de lectura: 4 minutos

“¿Alguna vez te preguntaste por qué tuvimos que correr / a refugiarnos, cuando la promesa de un nuevo mundo / se desplegaba bajo el claro cielo azul?”, dice la letra de un célebre tema de Pink Floyd. Tomando esas figuras poéticas y desde un espectro artístico similar al de los ingleses, se puede pensar en cómo fue el auge y caída de una banda y un estilo musical, como lo fuer Crucis. Pioneros del rock progresivo y sinfónico en la Argentina, en pleno estallido de la última dictadura militar.

Crucis fue un cuarteto integrado por jóvenes debutantes (exceptuando al baterista), formados por Gustavo Montesano, destacado como líder del grupo en voz y bajo; el tecladista Aníbal Kerpel; Pino Marrone, uno de los más sofisticados guitarristas del panorama argentino de la época; y Gonzalo Farrugia, baterista uruguayo que tocaba en Psiglo y que participó de las sesiones de grabación del disco “PorSuiGieco” (de Raúl Porchetto, León Gieco, Nito Mestre, Charly García y María Rosa Yorio).

La brillante trayectoria de esto cuatro jóvenes los llevó lejos, geográfica y artísticamente hablando. No hacían publicidad, no tenían la manera ni los medios. Todo fue de boca en boca. Antes de pegar el gran salto, estuvieron dos años tocando en clubes de barrio, colegios, hasta que de a poco se fue generando un following (según se entendería hoy en día, desde el lenguaje de las redes). Y entonces, se dio su gran irrupción en la escena, cuando tocaron en el Teatro Astral con un lleno total. Fue en ese show, donde Crucis termina saliendo hasta en revista Gente, que Charly García (recién había terminado su dúo con Nito Mestre y Sui Generis y antes de armar su Máquina de Hacer Pájaros) decide producirles su debut discográfico, su homónimo “Crucis”, en 1976.

El primer disco abre con el que probablemente fue el único tema difundido en las radios de la época, “Todo tiempo posible”, con una letra que retrataba el espíritu experimental y volado de lo que expresaban. “Todo tiempo posible yo estaré con vos / Como un grito en el valle de fraternidad / No pienses que mi mal no me hace mal / Soy ávido de luz cada vez más”. Contemporáneos de otras destacadas bandas argentinas del rock elaborado como El Reloj, Alas, Bubu o la ya mencionada Máquina de Hacer Pájaros, las influencias de Crucis pueden rastrearse en Emerson Lake & Palmer, Génesis, Yes, Pink Floyd, Focus (banda holandesa) y un grupo italiano que se llamaba Premiata Forneria Marconi.

Sobre Charly García, Gustavo Montesano recordó en cierta oportunidad que era simpático y agradable con la banda. Se quedaba con ellos frecuentemente en el estudio, comía con los músicos e incluso les dejaba usar sus teclados, sus instrumentos, pero además les enseñaba valiosas lecciones profesionales y técnicas sobre compresores, ecualizadores, y todo lo que había que saber en un estudio de grabación. De hecho, él empezó su proyecto de La Máquina de Hacer Pájaros en la sala de ensayos de Crucis.

La historia del grupo a partir de la edición de ese primer álbum siguió demasiado rápido, en todo sentido, con un año y medio muy meteórico, sin darles tiempo a recapacitar sobre lo que estaban haciendo. Hicieron la presentación del disco en el teatro Coliseo y luego conciertos en lugares muy grandes, como en La Rural y muchas giras. Crucis se convirtió en algo muy popular. Aunque fuese muy llamativo, su rock sinfónico llenaba un Luna Park. Llegó entonces el segundo disco, “Los Delirios del Mariscal” de 1977, mezclado en los Criteria Studios de Miami y que fue producido por el célebre Jorge Álvarez, otro legendario. Ambos discos de la banda contaron con arte de tapa de Juan O. Gatti, el mismo que hizo las portadas de “Artaud” y de “Pappo’s Blues Vol III”.

Mientras que el primer disco es más variado en lo musical, el segundo es más improvisado, más llamativo. Éste último traía el tema “Abismo terrenal”, que dura como si no hubiera un mañana, desbordando por completo el formato canción. En ese sentido, “Los Delirios del Mariscal” es un disco que puede identificarse con una onda más jazzera, más fusión, en una búsqueda de demostrar virtuosísimo. En “Los Delirios del Mariscal”, a pesar de ser un álbum tan instrumental, está una de las canciones más conocidas, compuestas por Gustavo Montesano: “No me separen de mí”. Propia de una experiencia lisérgica, en el sentido de que “No me separen de mí, no quiero seguir por este camino. Quiero centrarme en el sol, en la naturaleza y en la vida sana.”, propias de una época muy dura.

En total, Crucis dejó 11 canciones, 3 de ellas cantadas, en dos discos y tuvieron que irse del país. La banda terminó en días del mundial del ´78. Aunque el desgaste se hizo notar, por no tomarse siquiera un breve descanso, aunque artísticamente encontraban que en el país estaba todo muy limitado, era un mercado ínfimo, en comparación con el actual, siendo que también habían ido a tocar a Brasil, en donde tuvieron mucho éxito, y no les quedaba mucho por hacer, la principal razón de que Crucis se separara radicaba en el ambiente irrespirable que se vivía, por causa del terror a sangre y fuego que desplegaba la dictadura militar. En ese sentido, era frecuente hacer giras que resultaban un calvario. Cada cien kilómetros los paraban (lo hacían en un micro), los hacían bajar, los revisaban todo y mientras tanto los apuntaban con los fusiles. Las fuerzas represivas iban a los conciertos, muchas veces se llevaban detenidos a mansalva los muchachos del público.

Luego de la disolución, Gustavo Montesano trató de retomar su trayectoria musical uniendo fuerzas con Alejandro DeMichele (Pastoral) con un disco new wave que pasó desapercibido, de ahí cruzó el océano, tirando anclas en Madrid donde forma Olé Olé, grupo abanderado del pop español de los 80 con una joven Marta Sánchez en la voz líder, volviendo esporádicamente a la Argentina. Pino Marrone fue a USA, en principio a seguir con sus estudios de guitarra hasta que se puso a tocar con gigantes del jazz como Jim Hall o Joe Pass. Aníbal Kerpel se fue a otro lugar de USA y aún hoy es el partner de Gustavo Santaolalla, hartándose de ganar premios y laureles con sus bandas de sonido. La suerte de Gonzalo Farrugia fue diferente, se radicó unos años en México, formó familia y enseñó percusión hasta que volvió a su Montevideo natal donde se suicidó en 2009 después de transitar algunos desequilibrios anímicos.

El legado de su música, su aporte al rock en español, su compromiso estético, su espíritu inquieto que como banda los llevó a lo más alto de la consideración popular, hasta su peculiar poesía, encuentran eco en la actualidad. Esto se comprueba en el show que Nexus (banda argentina de las actuales en el género progresivo y sinfónico) dio en mayo del 2024, en un homenaje a Crucis, para las nuevas generaciones.

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