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Acaba de ser lanzado al mercado a escala internacional, a través del sello discográfico earMUSIC, el nuevo disco del grupo Deep Purple, “Splat!”. La legendaria banda británica, nacida en 1968, contó nuevamente con la producción de Bob Ezrin para “Splat!”, alcanza con este nuevo LP, una riquísima cosecha de composiciones originales a lo largo de décadas, ya que este es su álbum de estudio número 24. De hecho, en este 2026 no son los únicos veteranos en continuar demostrando la validez de sus pergaminos, ya que “Foreign Tongues”, nuevo disco de The Rolling Stones, acaba de ver la luz. Otro ejemplo de longevidad productiva y creativa, está en una banda muy emparentada y contemporánea a Deep Purple, llamada Uriah Heep, que debutó en 1970 y en 2023 publicó su vigésimo quinto álbum de estudio.
Como protagonistas de esta historia rockera que marca un verdadero pilar en su género, la banda cuenta con tres de sus integrantes históricos, que son el cantante Ian Gillan (de 80 años), el bajista Roger Glover (de 80 años) y el baterista Ian Paice (de 78 años y único músico de la banda que tocó en todos los discos de Deep Purple). A ellos se suman el tecladista Don Airey (de 78 años y dueño de un extenso currículum en bandas como Rainbow, Ozzy, Gary Moore y un largo etc) y el guitarrista Simon McBride (de 47 años, que ya lleva dos discos grabados con la banda y precedió a Steve Morse, quien estuvo con los británicos durante 28 años).
A los tres integrantes históricos que permanecen en la banda, les falta para el relato de sus páginas doradas, a otro par imprescindible. Uno es el guitarrista Ritchie Blackmore y el otro, es el tecladista Jon Lord que se destacó en el órgano Hammond (saturado y distorsionado de tal manera que sonaba con la misma agresividad que una guitarra). Aunque ambos fueron fundadores del grupo, a lo largo de su historia Deep Purple funcionó como banda, a diferencia de los grupos que sus músicos desarrollaron, fuera de ella. Es por eso que sería redundante calificar de dioses o genios en sus instrumentos a aquellos músicos, ya que individual y colectivamente están entre los más grandes e influyentes de su género.
Como parte del trío más importante de los inicios en la historia del rock pesado, junto a Led Zeppelin y Black Sabbath, Deep Purple tuvo la particularidad de ir teniendo un énfasis más marcado que sus colegas, en la metamorfosis musical que fue adoptando, a lo largo de los años. En sus dos primeros años, cultivaban un estilo distinguido por el rock psicodélico (tan de moda por esos años) y referenciado en bandas como los norteamericanos Vanilla Fudge.
Y como ejemplos de referencias, el del debut de Led Zeppelin también debe tenerse en cuenta. Es que luego de reemplazar a su primer cantante (que no trascendía mucho más allá de las baladas) y bajista, ingresando así Ian Gillan y Roger Glover a la banda, Deep Purple se dispuso a grabar el disco en vivo “Concerto for Group and Orchestra” junto a la Orquesta Filarmónica Real dirigida por Malcolm Arnold. Esta experiencia de mezclar rock, con música clásica, fue principalmente idea del tecladista Jon Lord (quien compuso la música de aquel disco). Apenas terminado esto, Ritchie Blackmore pasó a marcar hacia dónde se dirigiría la banda, ya que, desde ese momento propuso que el conjunto se alejara de los experimentos clásicos y encarara el camino del rock duro, como lo había hecho Zeppelin.
Fue así que el Deep Purple que todos recuerdan como el gigante que es, nació. Eso ocurrió con el álbum fundacional “In Rock”, de 1970 (que cuenta con clásicos como “Child in time”, “Speed King” o “Black Night”). Llegado 1972, un suceso accidental en uno de sus shows, marcó la historia que dio nacimiento a un clásico inoxidable del rock. “Smoke on the Water”, del disco “Machine Head”, narra un hecho real: el incendio del Casino de Montreux (Suiza) en 1971 durante un concierto de Frank Zappa, provocado por un fanático con una bengala. La banda vio el fuego desde su hotel y el humo sobre el lago inspiró la letra y su clásico riff, que es uno de los más famosos de la historia y que todo el mundo aprende, al tomar una guitarra en sus manos. En “Machine Head” también se encuentran otros clásicos imperecederos como el proto Thrash “Highway Star” o “Lazy”, con su punteo inconfundible.
Un corolario de esa etapa lo marcó “Made in Japan”, uno de los discos en vivo más destacados de toda la historia del Rock, reconocido entre otras cosas gracias a su volumen brutal, por el cual alcanzaron la fama y la grandeza definitiva. Otro de los elementos distintivos de la banda eran las zapadas e improvisaciones que desarrollaban cuando tocaban en vivo, elevando la creatividad y calidad de los temas hasta la estratosfera, generando una atmósfera altamente desafiante entre los músicos y potenciando de ese modo el disfrute de los oyentes.
En 1973, Blackmore volvió a marcar un giro en la banda, al proponer un estilo más blusero que se dio con el ingreso de David Coverdale y Glenn Hughes, en voces y bajo, que le incorporaron a la banda grandes dosis de influencias del Soul y el Funk, en los tres discos en los que participaron. En 1975 Blackmore se fue de la banda, para formar Rainbow y en 1976 Deep Purple se separó, reformándose en 1984 con su formación más aclamada por el gran público y manteniéndose activa (con algunos otros cambios de músicos y estilos) hasta el día de hoy.
Volviendo al presente, “Splat!” arranca con todo de la mano de su primer single, “Arrogant boy”, acelerando y poniendo quinta como en sus épocas doradas y pasa a demostrar un par de virtudes de su actualidad. El modo en que la voz de Gillan se ajusta con elegancia, en su estado actual y a su edad, a lo que los temas requieren, el contrapunto que McBride (dueño de un estilo personal, que encaja cómodamente con la banda, tal y como se vio en “=1”, el disco anterior) y Airey establecen en solos, en toda clase de riffs y armonías (tal y como lo alcanzaba el maridaje de guitarra y teclado, que efectuaban Blackmore y Lord), sumado al vuelo elaborado de sus composiciones (de un espectro mucho más amplio que el del Heavy Metal de Black Sabbath, para dar un ejemplo).
Le sigue otro destacado, “Diablo” y se empieza a vislumbrar la versatilidad de las propuestas y medio tiempos que potencian la base rítmica (tanto como en el tema “Splat!”), a cargo de Glover y Paice. “Sacred Land” y sus tonos épicos que se desarrollan en la introducción y se van desplegando a lo largo del tema, hacen recordar a otros momentos epopéyicos de su pasado, como en los temas “Perfect strangers” o “Anya”. A continuación, “The Beating of Wings” y sus tonos bluseros muestran esa otra faceta que los británicos supieron mostrar con elegancia en su etapa clásica, resonando a “No No No” o “Demon's Eye”.
“Guilt Trippin”, otro de los adelantos del nuevo disco demuestra el ánimo incisivo que Gillan continúa imprimiéndole a los temas, tirando muy hacia arriba, a la vez que Airey abre otra paleta de colores con su instrumento, con sus arreglos de piano o introduciendo sintetizadores en “Scriblin' Gib’rish”. “The Only Horse in Town”, una de las más pegadizas del todo el disco (en el que abundan las melodías memorables) y que permite imaginársela cómodamente en los shows en vivo, junto a “The Lunatic”, probablemente la más melódica del álbum.
La banda sigue en plena forma y firmemente arraigada en el rock más actual a punto de cumplir 60 años. La batalla continúa (como lo expresaba su disco “The Battle Rages On”) por ahora y, la suerte está del lado de los fanáticos argentinos, ya que Deep Purple estará presentándose en el Estadio Movistar Arena de CABA, el próximo 10 de diciembre.
