Tiempo de lectura: 2 minutos
¿Cuántas vidas caben en una vida? En la de Daniel Melingo, sin duda, varias. Su carrera recorrió tantos tramos que cualquiera de ellos le hubiera valido una página en la historia de la música. Sin embargo, se dio el gusto de pasar varias.
Melingo se murió este martes, en su departamento de Chacarita. Tenía 68 años y había nacido en Parque Patricios. Sus allegados dijeron que estaba bajo cuidados paliativos por una enfermedad respiratoria. Sin embargo, seguía alimentando sus proyectos y tenía prevista una gran presentación en el teatro Coliseo a finales de septiembre, que marcaría el lanzamiento de Tangos Bajos (rework), una versión remozada del disco que publicó en 1998. Además, venía acompañado de un documental, que esperemos que vea la luz póstumamente.
El gran público conoció a Melingo por su paso por las etapas más exitosas de dos de los grupos más emblemáticos del rock de los años 80, Los Abuelos de la Nada y Los Twist, y por haber integrado la banda de Charly García en la época de Piano Bar, también a mediados de aquella década.
En el conservatorio, de pibe, estudió guitarra clásica y clarinete, pero se hizo conocido como saxofonista, primero, y más tarde también como cantante. Paseó por una multitud de géneros. A principios de los 80, en pleno furor local por la música brasileña, acompañó a Milton Nascimento. A Los Abuelos de la Nada les entregó uno de sus grandes éxitos, "Chalamán", un reggae pionero en el rock nacional. Con Los Twist, donde junto a Pipo Cipollati cultivaron un humor por momentos más denso que alegre, revalidaron el rockabilly y otros ritmos pasados, que el afán de modernidad de los años 80 pretendía desterrar. Con aquella banda también hizo sus primeras incursiones en el tango, con temas como "Esta es mi presentación" y la hilarante "Mocasín".
Entre finales de los 80 y principios de los 90, vivió en España. Además de curtirse en el estudio de grabación y sus pormenores y técnicas, participó de Los Toreros Muertos, pero sobre todo fundó Lions in love, un grupo atronador y vanguardista por la mixtura de estilos y un enfoque que marcó tendencia. Allí coincidió con los también argentinos Guillermo Piccolini, Pablo Guadalupe y el gran Willy Crook, ex Redonditos de Ricota, fallecido hace algunos años, y la cantante holandesa Stefanie Ringes.
En la segunda mitad de los 90 se revinculó con el rock local como productor e invitado asiduo de varias bandas. También publicó un disco solista, H2O (1996), producido por su ex compañero de Los Abuelos, "Cachorro" López. Ese disco dedicado a El Eternauta -las alusiones a la célebre historieta de Oesterheld serían recurrentes en su obra- y dominado por bajos profundos suponía el lanzamiento de una carrera solista al amparo de un sello discográfico multinacional. Sin embargo, Melingo nuevamente torció su destino y peló Tangos Bajos (1998), una obra que, por peso propio, merece un lugar en ese género transitado por tantos grandes.
Su incursión en el tango fue directamente al arrabal. No se hizo cargo del aggiornamiento del género ni moderó su lírica. Sus letras estaban pobladas por cuchilleros, marginales y bacanes, linyeras, angurrientas y mujeres fatales. Con aquel repertorio digno de Edmundo Rivero, su voz cavernosa, acompañada por "Los Ramones del Tango", recorrió el under porteño nuevamente, pero esta vez al ritmo del 2x4. El retorno al formato antiguo de la música rioplantense parecía una excentricidad que le depararía su encierro en un cubil, pero resulta que catapultó su carrera nuevamente. Los siguientes años los pasaría de gira en gira, recorriendo Europa y todo el mundo. Publicó media docena de discos más y varios de ellos fueron una gloria.
Da pena que no ya no podamos volver a verlo arriba del escenario otra vez. Pero sanseacabó, cuando nadie lo esperaba, ese cuore poligrillo dejó de latir. Melingo fue un talento extraordinario.
