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Siguiendo la línea de la Ley Bases y del DNU 70/23, nuevamente el gobierno prepara un proyecto de ley ómnibus, que abarca diferentes sectores de lo más variopintos. El proyecto de 144 páginas lleva la firma de Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado.
No es de extrañar, en un gobierno que considera a la salud como una mercancía más, que nuevamente insista en desregular al sector farmacéutico. Mezclado entre varios artículos donde no está mal incorporar actualizaciones consecuencia del uso de recetas electrónicas y programas informáticos, encontramos también modificaciones que ponen en riesgo la salud de la población, para favorecer los negocios de los pulpos capitalistas.
Ya no solo se pone en riesgo la farmacia tradicional, tendiendo a fomentar farmacias shopping, con medicamentos en góndolas sin pasar obligatoriamente por el mostrador con el asesoramiento de un profesional sobre el tema, sino que directamente se habilita a los supermercados, kioscos y cualquier otro comercio, a vender medicamentos de venta libre, aunque estos no cuenten con personal capacitado que pueda asesorar al paciente-cliente. Incluso pasaría a ser legal, venderlos en plataformas digitales. Estas modificaciones no contemplan cuestiones fundamentales: Los medicamentos de venta libre también tienen dosis máximas más allá de las cuales pueden dar toxicidad. (Incluso dosis extremas pueden provocar la muerte). Los medicamentos venta libre también tienen contraindicaciones. Tienen interacciones con otros medicamentos, con suplementos y con alimentos. Los excipientes también deben tenerse en cuenta en pacientes con determinadas patologías. Requieren ciertas condiciones de conservación, temperatura y humedad adecuadas, control de fecha de vencimiento y origen. La mayor parte de los medicamentos falsificados aparecen en esos canales alternativos, ya que el Ministerio de Salud y el ANMAT, controlan a las farmacias, pero no ejercen ninguna acción de control sobre sobre kioscos y supermercados.
En paralelo con la facilitación de la automedicación sin mediar asesoramiento, el proyecto de desregulación deroga una serie de artículos de la Ley 17565, (Ley de Farmacias) que buscaban resguardar la salud de la población. Por ejemplo, ahora derogarían el art 11, que exigía que toda publicidad de medicamentos de venta libre deba estar previamente autorizada por la autoridad sanitaria. Con este cambio, ya no habría ningún tipo de vigilancia sobre la publicidad de los medicamentos, como si se tratasen de sustancias completamente inocuas.
Otros artículos que se derogarían tienen como función evitar situaciones antiéticas. Por ejemplo, está prohibido actualmente establecer consultorios médicos u odontológicos conjuntamente con las farmacias para evitar negociados donde los médicos, presionados por la patronal, podrían recetar y dirigir a comprar justo lo que venden en la farmacia del mismo grupo empresarial o ir a comisión de ventas. Con la desregulación, el mismo capitalista puede abrir un combo “consultorio con farmacia anexada”. Te lo receto y te lo vendo, dos en uno.
En el texto desregulatorio, podemos observar también que se permite que un farmacéutico Director Técnico (DT), que actualmente debe bloquear título en un único establecimiento, pueda ser DT en más de una Farmacia. Esto favorecería la demanda de farmacéuticos de las grandes cadenas, para poder abrir varias sucursales usando el título de un solo profesional. Pero ese profesional sigue siendo legalmente responsable de lo que se dispense y de lo que ocurra en esas farmacias, aún en su ausencia, cuando esté físicamente trabajando en la otra farmacia. La cadena de farmacias expande su negocio, pudiendo abrir más sucursales, a costa de una sobrecarga de responsabilidades del profesional con multiempleo. Pero cuando el farmacéutico está ausente, actualmente está prohibida la dispensa de recetas. Para tapar ese agujero, esta reforma habilita a que los idóneos de mostrador, puedan dispensar recetas con la autorización del farmacéutico. Se está estimulando la atención sin profesionales presentes, aunque su responsabilidad legal sigue estando.
Acá se beneficia la industria farmacéutica aumentando sus puntos de venta, pero la población queda cada vez más vulnerable, con riesgo para su salud, y, en definitiva, para su vida. La desregulación busca más rentabilidad para el gran capital, a costa del bienestar de la mayoría trabajadora.
