Trump promueve un régimen de excepción para toda América Latina

Escribe Lucas Giannetti

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La semana pasada, el ministro de Defensa Carlos Presti participó de una cumbre de la alianza político-militar "Escudo de las Américas", realizada en Panamá, en el marco del PANAMAX 2026, el mayor ejercicio militar del hemisferio. El encuentro reunió a fuerzas de defensa y de seguridad pública de todo el continente en torno a un escenario común: la "defensa" del Canal de Panamá, la libre circulación del comercio interoceánico y la tan mentada “lucha contra el narcoterrorismo”, bandera que el trumpismo agita para justificar su injerencia. El canal de Panamá se encuentra bajo una intensa disputa por su control con una empresa china.

Del ejercicio, desarrollado entre el 3 y el 14 de agosto, participaron 19 naciones que aportaron más de 1.700 efectivos militares y de fuerzas de seguridad. Recientemente Colombia se sumó al Escudo de las Américas de la mano del derechista Abelardo de la Espriella. La delegación de las Fuerzas Armadas Argentinas aportó 60 efectivos. El PANAMAX 2026 se desarrolló en seis sedes simultáneas bajo la batuta del Comando Sur (SOUTHCOM), que dio operatividad desde la Estación Naval de Mayport, en el estado de Florida. Dando cuenta de su importancia estratégica, la cumbre contó con la presencia del secretario de Guerra de los Estados Unidos, Pete Hegseth.

El trumpismo aprovechó la cumbre para impulsar una batería de iniciativas para la región. En primer lugar, dio a conocer su nuevo lema, “Hacer cosas malas contra la gente mala”, una cobertura propagandística para su “lucha” contra el narcotráfico, el militarismo y el golpismo sobre todos los países del continente. A su vez, exhortó a sus aliados regionales a retirarse de la Corte Penal Internacional (CPI), con el argumento de que el tribunal representa una “amenaza directa a la soberanía nacional”, ya que despojaría de autoridad a los gobiernos y tribunales locales, interfiriendo así en los planes norteamericanos de poner bajo su égida a todo el continente. En su afán de debilitar al tribunal internacional, Trump ha impuesto sanciones y restricciones de visado a su personal. En noviembre de 2024 el CPI había emitido una orden de arresto contra su aliado en Medio Oriente, Benjamín Netanyahu, por crímenes de guerra y de lesa humanidad cometidos en Gaza. Por último, el trumpismo también puso en la agenda de la cumbre una posible intervención militar sobre Cuba, a la que el Departamento de Estado definió recientemente como “la capital del comunismo del siglo XXI” (Página 12, 15/8). La burocracia restauracionista cubana es utilizada como chivo expiatorio por el imperialismo para lanzar una campaña macartista en el continente, campaña que encuentra en los fascistas locales a sus más acérrimos promotores.

Desde el Ministerio de Defensa señalaron que “el encuentro permitió avanzar hacia un entendimiento común de las principales amenazas que afectan a la región, establecer prioridades compartidas y mejorar los mecanismos de coordinación, intercambio de información y cooperación entre los países participantes”. Presti, un militar en funciones, ha enganchado a las fuerzas armadas argentinas al proyecto político de Milei y su pandilla. Por su parte, Milei, mediante el DNU 650/2026 (sin pasar por el Congreso), autorizó a las tropas a participar del ejercicio centrado en la “lucha contra el narcotráfico”, que en la Argentina está bajo jurisdicción de las fuerzas de seguridad. Todo lo realizado, fuera de la ley.

Según Presti, quien estuvo acompañado por Marcelo Alejandro Dalle Nogare, jefe del Estado Mayor Conjunto (EMC), la “posición propia” implica fortalecer la vigilancia y el control de los espacios estratégicos, proteger la infraestructura crítica e intercambiar información frente a amenazas de origen externo. Pero, concretamente, la participación de la Argentina en los ejercicios y en la cumbre está dirigida a involucrar a las FF. AA. en la seguridad interna, algo prohibido por ley. Estamos en presencia del despliegue de un “Plan Cóndor del siglo XXI”, que tiene entre sus objetivos poner al hemisferio en su conjunto bajo situación de protectorado y garantizar que la cadena de suministros quede bajo control norteamericano, en un escenario de guerra internacional.

A su vez, la Argentina mileísta cumple un rol fundamental en los planes de Trump por hacerse del control del estrecho de Magallanes. En esta línea de acción, el 11 de agosto arribó a la base naval de Puerto Belgrano el nuevo Agregado Naval de la Embajada de los Estados Unidos, Capitán de Navío Christopher Seguine, que fue recibido por miembros de la Armada Argentina.

Milei, el “terrorismo” y la seguridad interna

El gobierno liberticida ha introducido, por medio de decretos, una reversión en la separación entre seguridad y defensa, que actúa como complemento necesario del alineamiento con los Estados Unidos. En 2024, Milei rubricó dos decretos: el 1112, que derogó el 727/2006 -el cual establecía que los militares solo podían intervenir ante agresiones externas provenientes de otros Estados-, y el 1107, que autoriza a las Fuerzas Armadas a la custodia de objetivos de valor estratégico sin que estos sean definidos en la norma. Desde el primer día de gobierno, Milei buscó la reinserción de los militares en la vida política argentina, proceso que dio un salto cualitativo con el nombramiento de Presti como ministro de Defensa, allanando el camino para la represión interna por parte de las Fuerzas Armadas y coagulando un gobierno cívico-militar.

El 16 de julio pasado, con la presencia del canciller Pablo Quirno y el número dos de la SIDE, José Lago García, la Argentina participó de una conferencia realizada en Washington, convocada por el secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, cuyo temario central fue el “resurgimiento del terrorismo político de extrema izquierda”, al que se le atribuyó un carácter transnacional. El evento se centró en reforzar defensas de primera línea, cerrar brechas de seguridad y coordinar acciones conjuntas contra grupos que, según el trumpismo, incluyen a organizaciones como Antifa Ost, la Federación Anarquista Informal/Frente Revolucionario Internacional, Justicia Proletaria Armada y Autodefensa de Clase Revolucionaria, designadas como terroristas extranjeros y globales desde noviembre de 2025.

La línea bajada por Rubio fue tomada por Milei al pie de la letra para renovar su agenda antiterrorista, llegando a señalar que, durante el tratamiento de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, se desarrollaron “actos terroristas” en las calles de Buenos Aires, y sostuvo que hay terroristas “disfrazados” de estudiantes, docentes y periodistas. Las declaraciones del liberticida contra el “terrorismo” vernáculo coincidieron con la visita de Andrew Bailey, subdirector del Buró Federal de Investigaciones (FBI), quien pasó por el Centro Nacional Antiterrorista (CNA), creado por los libertarios en octubre pasado. En la conferencia de julio, Rubio afirmó que esta amenaza “ha existido durante décadas, pero ahora está experimentando un resurgimiento” y que ha sido un “punto ciego” en la estrategia antiterrorista internacional. De esta manera, Marco Rubio -un macartista del siglo XXI- desempolva la Doctrina de Seguridad Interna, impuesta por los Estados Unidos en América Latina durante las décadas de 1960 y 1970 en su “lucha contra el comunismo” en el marco de la Guerra Fría. La noción del “enemigo interno” se difundió por el subcontinente, donde las fronteras dejaron de ser geográficas para volverse ideológicas, y donde las Fuerzas Armadas de cada país asumieron el control total de la represión y la inteligencia doméstica, implementando sangrientas dictaduras.

Milei aprovechó el acto por el 163º aniversario de la muerte de José de San Martín para introducir la idea de “enemigo interno”, al señalar: “hoy la libertad se enfrenta a un nuevo conjunto de enemigos, tanto internos como externos”. “Por demasiado tiempo, el instrumento militar de nuestro país, encargado de hacer frente a estas amenazas externas contra nuestras libertades, fue demonizado y desfinanciado”, agregó, reivindicando a la dictadura. El liberticida también hizo referencia a la “batalla cultural” contra quienes buscan “atacar nuestras ideas, nuestras creencias y nuestros valores”, y afirmó que “para protegernos de estas enfermedades del alma, debemos tener policías capaces, entrenados y vigilantes, que defiendan a los ciudadanos honestos de quienes quieren romper la ley. Pues el ladrón es también un tirano del prójimo, y defender la libertad de la Argentina es oponerse con toda la fuerza pública a los criminales”.

Por su parte, Agustín Laje, director del ´think tank´ libertario Fundación Faro, se encargó la semana pasada durante un evento organizado por la organización que preside, de entrelazar las amenazas promovidas por el trumpismo, al afirmar que “allí donde el socialismo del siglo XXI llegó al poder y consolidó su dominio en el tiempo, el narcotráfico y el crimen organizado se empoderan dramáticamente”. Los dichos del “enano fascista” le calzan como anillo al dedo al intervencionismo trumpista en la campaña electoral brasileña. Laje, formado en el Centro William J. Perry para Estudios de Defensa Hemisférica, asociado al Pentágono, redobló la apuesta al afirmar que los “cañones debían apuntar hacia Luiz Inácio Lula da Silva”, por ser el principal impulsor del Foro de San Pablo y por negarse a que los Estados Unidos calificaran como organizaciones terroristas al Comando Vermelho y al Primer Comando de la Capital (PCC). Todo esto se dio ante la atenta mirada del asesor presidencial Santiago Caputo, quien calificó el encuentro como una clase “sofisticada” de geopolítica.

El gobierno liberticida, en su etapa de descomposición, desempolva la Doctrina de Seguridad Interna como blindaje del régimen y se aferra a las faldas de Trump, posicionándose como el delegado por excelencia del intervencionismo norteamericano en el Cono Sur, que promueve la guerra civil continental con el objetivo final de poner a todo el continente bajo protectorado.

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