Escribe Agustín Fernández
Tiempo de lectura: 2 minutos
El pasado jueves, la Legislatura de la provincia de Santa Fe otorgó media sanción a una reforma electoral que deroga la normativa previa sobre campañas y funcionamiento y organización de los partidos políticos y de la propia Secretaria Electoral. Era una obligación contraída durante la asamblea constituyente de 2025 que reformó la carta magna provincial bajo la impronta de “actualizar y modernizar” al Estado santafesino, según su impulsor, el gobernador Maximiliano Pullaro. Los cambios aprobados implicaron la incorporación de institutos del estado de excepción, entre otras posturas reaccionarias y represivas.
Con el aval de radicales, socialistas, sectores ´provida´ libertarios y del justicialismo, la norma procede a una reconfiguración del sistema electoral provincial. Inclusive, deja sin efecto el Tribunal Electoral y delega la toma de decisiones jurisdiccionales en cabeza de un juez competente del fuero Contencioso Administrativo. Esto ha sido una manera de evitar que la Corte Suprema asuma este tipo de responsabilidades.
En concreto, la reforma habilitaría que el candidato a gobernador pueda estar en más de una lista interna con distinto vicegobernador. Pullaro podría encabezar hasta tres veces la boleta con fórmulas distintas. Fuentes entienden que esto obedece a una disputa interna en el frente oficialista del Partido Socialista, el PRO y referentes del evangelismo. La lucha “por el segundo lugar” detrás de Pullaro se dirime de esta manera. Según el texto, los votos de las colectoras no se sumarían entre sí, que de lo contrario remontaría a la ley de lemas derogada hace un par de décadas. Sobre este punto, se han difundido críticas de su inconstitucionalidad porque la constitución reformada impide este esquema.
Estos cambios abarcan hasta el diseño de la boleta. En Santa Fe, desde 2011, rige el sistema de boleta única, con los candidatos separados por cada categoría a elegir. Con la nueva ley, habría una distinta para las PASO y para las elecciones generales. En esta última se permitiría lo que se buscaba evitar con este modelo, que es justamente el efecto arrastre, volviendo a permitir el voto por la lista completa o lista “sábana”. En los hechos, todo conduce a una nueva concentración en cabeza de una figura - el gobernador.
Si lo mencionado fuese poco, se pretende elevar el piso para acceder escaños al umbral del 3% al 4% del padrón. Hoy en día serían más de 150.000 votos los necesarios para entrar en el reparto. Es decir, en la elección general, el partido debe haber alcanzado dicho número tanto para consagrar diputados como concejales. Hasta el día de hoy, el piso rige todavía por un decreto ley de la dictadura que ninguno de los gobiernos (y las legislaturas que fueron sucediéndose mandato tras mandato) derogó, aun con la plena consciencia de que es legislación de un gobierno de facto.
Pero esto aplica siempre y cuando se supere la elección primaria y obligatoria, donde sugerentemente el piso proscriptivo se redujo de 1,5% del padrón de la categoría al 1%. Todos los partidos patronales son conscientes de que la vaca no está atada. En las últimas elecciones, en Santa Fe votó solamente el 49% del padrón habilitado. El abstencionismo es una expresión política que se mira con mucha atención. Otro artículo expresa que, si el candidato a gobernador o intendente supera este porcentaje, automáticamente las listas de diputados y concejales pasan al comicio general - aunque estén por debajo del mínimo.
Siguiendo la cuestión prescriptiva, aparece solapadamente la ficha limpia cuando trata las inhabilidades para ser candidato. Aquel que fuese condenado por delitos dolosos, no podrá ser candidato hasta luego de 10 años de que la sentencia haya sido revisada. Además del larguísimo plazo mencionado, lo cierto es que quedan instancias pendientes que impiden la firmeza de una condena.
En definitiva, nuevamente estamos frente a otra afrenta reaccionaria del régimen político. Rechazamos toda esta iniciativa antidemocrática, los ´pisos electorales´ y toda manipulación antidemocrática y proscriptiva.
