Escribe Camilo Márquez
NVIDIA, el capital arma a todos los bandos en guerra.
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El enfrentamiento con drones en Ucrania se ha transformado en una carrera armamentística centrada en la inteligencia artificial. Ambos bandos se afanan por desplegar sistemas dotados de IA capaces de resistir las interferencias de radio -lo que anula la eficacia de los inhibidores de protección- y de localizar y atacar objetivos de forma autónoma. Esta carrera está impulsada por el hardware de NVIDIA, la mayor empresa de producción de semiconductores. Aunque las sanciones deberían bloquear el acceso de Rusia a estos componentes, chips de la compañía estadounidense han aparecido como piezas clave en los drones rusos más recientes. Varios modelos distintos que incorporan tecnología de NVIDIA ya han entrado en servicio.
El descubrimiento de módulos NVIDIA Jetson Orin en drones rusos autónomos que atacaron la ciudad de Zaporiyia marca un salto cualitativo en el uso de inteligencia artificial en el campo de batalla: por primera vez se documenta un sistema que decide el ataque final sin intervención humana y que causa muertes civiles.
En julio de 2026, un dron de ataque ruso tipo Molniya, un proyectil de ala fija, de producción masiva y relativamente barato, impactó cerca de una gasolinera en Zaporizhia, matando a tres civiles. Al analizar los restos los investigadores ucranianos hallaron minicomputadoras NVIDIA Jetson Orin. Lo principal es que no había antenas de radio de control. El módulo no estaba cifrado, por lo que pudieron leer el código: imágenes de terreno para navegación y un clasificador entrenado para reconocer objetivos, como tanques de propano. El Jetson Orin es un módulo comercial de “edge computing” (computación en el borde), pensado para robótica civil y visión artificial. Cuesta unos cientos de dólares, incluye núcleos capaces de ejecutar “redes neuronales” en tiempo real, que analizan cada fotograma capturado por la cámara del dron y no requiere conexión a la nube. NVIDIA afirma que es un producto de consumo, no diseñado para uso militar, y que no lo vende oficialmente en Rusia desde 2022. Llega a través de revendedores y cadenas grises. Según oficiales ucranianos y el reporte del New York Times, Rusia probó estos sistemas entre mayo y julio. El dron se dirigía hacia la zona y, una vez cerca, el software elegía el blanco final sin confirmación de un piloto humano.
Anteriormente la IA se usaba sobre todo en la “última milla”, cientos de metros finales, para seguir un objetivo ya designado por un operador y resistir la interferencia electrónica. En este caso la decisión de atacar quedó integralmente en manos del algoritmo.
Se trata de un ejemplo clásico de tecnología de doble uso: lo mismo que mueve un robot de entrega o un dron de inspección industrial se adapta a un arma. Este artificio pronostica una escalada sin precedentes ya que permite operaciones en entornos con fuerte guerra electrónica, reduce la carga de operadores y facilita ataques de enjambre.
Ucrania también experimenta con autonomía. Mykhailo Fedorov, destituido como ministro de Defensa de Ucrania, declaró al Times a finales de julio que Ucrania utilizó un sistema de inteligencia artificial totalmente autónomo contra depósitos de combustible y equipos militares en Crimea durante varios meses.
Lo que diferencia este caso, en primer lugar, es el nivel de autonomía alcanzado, con decisión de ataque completamente delegada al software, y las primeras muertes civiles documentadas atribuibles a este tipo de sistema. Si tenemos en cuenta que esto se llevó a cabo por medio de un dron barato y de alto volumen y no un misil sofisticado, el círculo se cierra.
Pone de relieve tanto el fracaso parcial de las sanciones sobre componentes de doble uso como el avance acelerado de la guerra autónoma.
En la agresión iniciada por EEUU e Israel contra Irán se emplearon herramientas de IA para generar y priorizar miles de objetivos a gran velocidad, reduciendo tiempos de revisión humana. A esta circunstancia se atribuye el bombardeo del 28 de febrero contra una escuela primaria en el sur del país, que dejó como saldo 165 personas muertas, la mayoría niñas y niños.
Investigaciones periodísticas basadas en testimonios de oficiales de inteligencia israelíes y coberturas posteriores de medios como The New York Times, The Guardian, Washington Post, y Human Rights Watch, confirman que Israel utiliza ampliamente sistemas de IA para procesar datos de vigilancia, identificar y recomendar “objetivos estructurales”: edificios, posibles puestos de mando, depósitos o residencias asociadas a miembros de Hamás o Yihad Islámica Palestina, lo que le permitió generar cientos de objetivos potenciales por día (frente a decenas al año con métodos tradicionales). Las FDI han reconocido públicamente el uso de herramientas de este tipo para acelerar la generación de “bancos de objetivos”.
Organizaciones de derechos humanos, expertos en derecho internacional y medios argumentan que la velocidad de generación de objetivos, combinada con umbrales de “daño colateral” más permisivos, contribuyó a un alto número de víctimas civiles y diluye la responsabilidad humana. Se habla de “fábrica de asesinatos masivos” o de automatización del daño civil.
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, afirmó que el Reino Unido participa de forma directa en el conflicto ucraniano, que busca prolongar. La declaración llegó tras el anuncio de Londres de compartir información técnica clasificada con Kiev para fabricar misiles de crucero de largo alcance en territorio ucraniano. El gobierno británico autorizó al fabricante MBDA a revelar datos sobre componentes británicos del misil SCALP, versión francesa del Storm Shadow. Estos proyectiles lanzados desde el aire, de tecnología compartida franco-británica, superan los 250 kilómetros de alcance. Downing Street y el novel primer ministro Andy Burnham confirmaron la medida el lunes, durante la visita de este último a Kiev. Según Londres, la decisión permitirá a franceses y ucranianos avanzar en el ensamblaje local del misil.
Peskov respondió que Gran Bretaña “participa en esta guerra del lado del régimen de Kiev” y “echa leña al fuego de manera metódica”. Moscú responsabiliza a Londres y a otros proveedores de los ataques de largo alcance que, asegura, han afectado a civiles.
“Según el Sunday Times, drones fabricados por BAE Systems y otra empresa británica no identificada se han utilizado para atacar objetivos en Rusia durante los últimos seis meses, incluyendo dos refinerías de petróleo” cita RT (24/8).
La embajada rusa en Londres calificó al Reino Unido de “cómplice” de crímenes y advirtió de un “precio” creciente por su apoyo. El ministro Serguéi Lavrov reiteró que la participación británica en ataques con misiles se considerará entrada en la guerra, con todas sus consecuencias.
El perfeccionamiento de la tecnología para delegar en algoritmos la decisión de matar civiles reúne a todos los bandos beligerantes. Hay una escalada armamentista al servicio de un nuevo reparto del mundo entre potencias decadentes, pagada con la sangre de trabajadores ucranianos, iraníes, palestinos y rusos. La única respuesta consecuente es la de oponerse a la guerra imperialista, y combatir el sistema capitalista que, para preservar su dominio, convierte todo progreso técnico en una fábrica de cadáveres.
