Cómo Milei construye un estado terrorista

Nota de tapa de Política Obrera N° 151 edición impresa.

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En días recientes, el Procurador Eduardo Casal, jefe de fiscales interino ¡desde hace 9 años! envió una guía a los fiscales para “investigar” supuestos “incidentes terroristas previos a un ataque”. La superchería, ‘investigar’ un ataque inminente, convierte a los fiscales en espías y en policías, cuando su tarea es ejercer la acusación en casos de delitos cometidos.

De este modo, la “inteligencia” contra las organizaciones obreras o de luchadores pasaría a ser ejercida desde el corazón mismo del aparato de justicia.

Casal no habría podido proceder a semejante atropello sin la orden o el acuerdo del ministerio de Justicia y la presidencia de la Nación. Milei se ha dado a si mismo facultades para autorizar el ingreso de tropas extranjeras para enfrentar al ‘terrorismo’, al poner en vigencia el Estatuto de las Américas sin acuerdo del Congreso nacional.

La construcción de un estado terrorista y fascista queda ilustrada en el caso Fernando Cerimedo, un asesor de Milei, partícipe del golpe de estado de Bolsonaro y ahora también asesor del presidente boliviano Rodrigo Paz, que acaba de perpetrar una tentativa de homicidio con sicarios en el país del altiplano, contra su propia pareja. The Economist ha caratulado a Cerimedo como “El hombre de MAGA (o sea, de Trump) en Latinoamérica”.

Milei posteó en defensa de Cerimedo, atribuyendo el acto criminal de su asesor a un “autoatentado”.

Poco después, el propio Milei dedicó ocho horas de su jornada a postear insultos contra periodistas y opositores. La violencia política verbal ha sido siempre la antesala de la violencia estatal y paraestatal, y una señal inconfundible de fascismo. Ha sido una ‘tipología’ propia de Hitler y Mussolini.

Milei apoya el genocidio en Gaza y habla de “exterminar” a la izquierda.

Con la “guía’ emitida por Casal, la población políticamente activa ha quedado encuadrada en presunto sujeto de delito.

El Estado, a través de los fiscales federales, se habilita a sí mismo a conspirar contra la ciudadanía - investigar, vigilar y clasificar por riesgo a personas y organizaciones por motivo de lo que dicen, publican o creen.

El manual de Casal se inscribe a sí mismo en la Estrategia Global de Naciones Unidas contra el Terrorismo y en la batería de resoluciones del Consejo de Seguridad posteriores al 11 de septiembre de 2001. Fue la justificación para tres guerras inmotivadas – Irak, Afganistán y la Franja de Gaza. Pero ahora la ONU se desdice, y la Corte Penal Internacional acusa a Netanyahu y a Putin como autores de crímenes de lesa humanidad.

En ese contexto, una "guía" que habilita a fiscales a investigar publicaciones, "amenazas difundidas en entornos digitales" y procesos de "polarización social", no es un instrumento neutral contra el "yihadismo internacional": es una pieza estratégica del Estado policial, porque da vuelta todo el sistema penal derivado de la Constitución nacional.

Cuando todos los demócratas que supimos conseguir, callan y encubre la construcción de un estado totalitario, la clase obrera debe tomar en sus manos la lucha por las libertades públicas y de su propia organización (Milei ha prohibido la organización sindical de los trabajadores de las app), y el desmantelamiento del estado policial.

O sea, la lucha contra el fascismo.

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