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Después de las “expectativas” creadas por el propio Luis Caputo en relación a medidas reactivadoras, el ministro sólo anunció un incierto plan de créditos hipotecarios, financiado con el dinero que el Fondo de Garantia del Anses tiene actualmente colocados en los bancos a Plazo Fijo. El “plan” consiste en obligar al Fondo de los jubilados a alargar el plazo de esas colocaciones, para que se “calcen” con los plazos de los préstamos hipotecarios de los bancos.
Para esa operación el Fondo del Anses recibirá una tasa del 4,5% real, pero los bancos podrán prestar a los deudores hipotecarios a casi el doble (7,5%). Caputo, de este modo, le ha regalado a los bancos un negocio jugoso, por la mera intermediación entre el Anses y los futuros deudores.
En cualquier caso, esta operación parasitaria representará unos 1.300 millones de dólares, el 0,3% del producto bruto y el 3% de los compromisos de deuda pública que pagará el gobierno durante el próximo año y medio. Las familias supuestamente beneficiarias -unas 17.000- representan el 0,5% del actual déficit habitacional de la Argentina. Para acceder a los créditos, será necesario un ingreso familiar superior a los 3,6 millones de pesos. Sólo una minoría de hogares accede a ese monto, y mucho menos entre los que no tienen vivienda propia.
Caputo, en definitiva, pario un ratón, pero encima, envenenado: ocurre que el capital y las cuotas de los préstamos se ajustarán de acuerdo al sistema UVA -un índice que toma en cuenta a la evolución inflacionaria y que, en el pasado reciente, ha dejado en la ruina a miles de deudores hipotecarios. Caputo le ha asegurado a los bancos el “calce” de sus recursos con la plata del Anses, pero las familias deudoras no tendrán ninguna garantía si sufren el “descalce” entre una devaluación y una hiperinflación, por un lado, y sus salarios devaluados, del otro. Para esa variante devaluatoria, los amigos de Caputo se están cubriendo con la compra de dólares a futuro.
Más allá de este anuncio confiscatorio, Caputo no ha dicho una palabra en relación a los millones de endeudados; tampoco sobre la miseria salarial, los despidos en masa y el derrumbe social general de la Argentina. De la boca del ministro, sólo ha salido otro negociado en favor de la banca. Las reivindicaciones obreras y sociales, más que nunca, dependen de la iniciativa de los trabajadores y de una lucha de conjunto.
