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Los diarios porteños dieron cuenta de los resultados producidos en las recientes elecciones municipales de Marcos Juárez, provincia de Córdoba, como una gran victoria del peronismo. Página/12 las caracterizó como “batacazo peronista”, por el retorno a un intendente peronista en la ciudad después de 53 años de gobiernos de otros signos políticos.
Analizado los resultados, el “batacazo” de marras tiene un marco político preciso. En primer lugar, hubo un enorme ausentismo: de los 59.000 votantes que participaron en las elecciones nacionales, esta vez solo sólo concurrieron a las urnas 27 000 personas. El ausentismo trepó al 42 %.
La población fue llevada a elegir intendente entre 7 listas de las cuales 5 estaban ligadas, por distintos lazos, a las corrientes de derecha y centro derecha de la provincia, una al ´peronismo unido´ y otra, marginal, del FITU (obtuvo 0,8 % de los votos).
Germán Font. el candidato peronista, se alzó con el 45 % de los votos. Derrotó a las listas “Marcos Juárez Puede” y a “Marcos Juárez despierta”, dos listas de la derecha que, divididas, sacaron casi 6.000 votos contra los 7.000 obtenidos por Font. La cuarta en discordia fue la Unión Vecinal -1.600 votos-, un “vecinalismo” que en las elecciones nacionales también vota a la derecha.
El triunfo de Germán Font se explica por una inmensa crisis del oficialismo. En las últimas elecciones nacionales, el 45 % de los votos a diputados en Marcos Juárez fueron a La Libertad Avanza.
El gobierno nacional no presentó ningún candidato de manera oficial. El autodenominado Partido Libertario sacó apenas 278 votos. La lista que salió segunda tuvo el apoyo de Luis Juez, mientras que la UCR, embarcada en una alianza con el Partido Demócrata, quedó tercera. En definitiva, todos los ´mileístas´ de Marcos Juárez fueron derrotados. Constituye una clara derrota política para un gobierno que no ha podido construir un partido propio en ninguna provincia y cuya suerte está atada a alianzas sin principios con distintos caudillos locales.
La victoria de German Font también abrió todo tipo de especulaciones futuras. En 2014, Marcos Juárez fue escenario de un triunfo de Cambiemos que marcó el comienzo de una etapa de fuerte protagonismo del macrismo. El propio Macri lo denominó el “kilómetro cero” de la coalición que llegaría a la Rosada un año más tarde. Ahora, son los peronistas quienes especulan con el alcance político de esta elección, para ellos sería el “kilómetro 0” de la unidad de los peronistas en el orden nacional.
El aparato del Partido Obrero ha caracterizado las elecciones de Marcos Juárez como un “triunfo de Milei”, por los acuerdos políticos que se establecieron entre el Gobierno y el gobernador Llaryora, con relación al apoyo de los diputados cordobeses a los proyectos legislativos del Poder Ejecutivo. Con estas “interpretaciones”, el aparato del PO difícilmente pueda “organizar la bronca”.
En realidad, el gobernador apoyó a los perdedores. La política mileísta para Marcos Juárez fue derrotada por fuertes razones: los trabajadores de esta ciudad, enclavada en el corazón agropecuario de la provincia, sufrieron despidos en las industrias metalmecánicas y los talleres que las alimentaban; se registra un fuerte deterioro en la calidad de vida de sus habitantes y un hartazgo ante la brutal caída del poder adquisitivo. En definitiva, una actitud que puede adelantar el ánimo del electorado en las próximas elecciones nacionales.
Que pasada la derrota el gobernador quiera cooptar ese sector del peronismo y tenga la misma política que Milei tiene con los gobernadores y senadores en el orden nacional, no omite que la división de la derecha que apoya a Milei y el propio Milei hayan recibido una paliza en Marcos Juárez. No hay “batacazo peronista”, sino que simplemente canalizaron ellos la catástrofe de los alcahuetes de los libertarios.
