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Faltando pocos días para la cita, la "marcha de la bronca" convocada por Myriam Bregman y el FITU el próximo sábado no tiene programa ni consignas definidas. "Compañero, compañera, (...) está invitado a traer su bronca, gritarla, cantarla, abrazarse con otros para derrotar a la derecha sin caer en nuevas desilusiones", reza la invitación del PTS dirigida a las ´bases peronistas´. Los convocantes no lograron el propósito de enmascararse en la ambigüedad: se trata de una marcha de proselitismo electoral. No está al servicio de acabar con el régimen contrarrevolucionario que sostiene a Milei. Es sectaria, debido a su objetivo electoral unilateral, y es oportunista en cuanto a su método político. Convoca a la burocracia sindical sin crítica ni delimitación. Es más que una “desilusión” por anticipado. La marcha ha sido convocada desde hace varios días sin una declaración política, que se ha demorado por pendencias entre los grupos que la apoyan política y organizativamente.
No es una autoconvocatoria sino un hecho consumado por parte de un grupo autorreferencial. La bronca es un llamado poderoso al que hay que asignarle un destinatario, en este caso el régimen de Milei y el conjunto de sus secuaces dialoguistas y no dialoguistas. El fascismo y el propio Milei acicatean la bronca por la bronca misma, como un arma de violencia contrarrevolucionaria. La bronca no es lo mismo que el odio de clase.
Entre las pendencias que han dilatado la salida de una declaración de los autodesignados comandantes de la bronca, se encuentra la de si debe denunciarse el sabotaje de la burocracia sindical a la lucha de los trabajadores. De acuerdo a declaraciones de Del Caño habría que evitar toda suspicacia contra ese aparato patronal: "Vamos a ir a plantear la necesidad de una acción permanente, a las conducciones sindicales y demás (sic), en una perspectiva (sic sic) de cómo armar un movimiento (sic sic sic) que permita, a través de paros, de movilizaciones, de una huelga general, poner fin a este plan que está arruinando a las mayorías trabajadoras”. “Todos los enojados están convocados” (LID, 15/9), incluso los liquidadores del derecho laboral y los convenios colectivos de trabajo. También está convocada la patronal afectada por las importaciones baratas. Después de todo, todo voto vale: el padrón electoral no distingue entre obreros y patrones, ni entre estudiantes de diferente posición social. Los impulsores de la marcha han convertido al padrón electoral en -textual- “una nueva clase trabajadora”.
La marcha no tiene aún un programa, pero los convocantes sí lo tienen. Es un programa nacionalista, dentro del régimen político actual, “que es el que el pueblo ha elegido”, dice. Pero es un régimen de ajustes, corrupción, estafas, pobreza y empobrecimiento que comparten, en diferente grado y de acuerdo a las circunstancias, todos los partidos. La marcha será el escenario de “las Malvinas son nuestras”, una reivindicación que han hecho suya Milei y Trump, para meter a la IV Flota en el Atlántico Sur. Los convocantes han caído en la trampa de la guerra imperialista de Trump contra el resto del mundo, por la incapacidad de insertar la reivindicación de la soberanía nacional de Malvinas en un programa internacional de los trabajadores.
La "marcha de la bronca" no es una iniciativa de lucha sino el llamado a un desfile electoral prematuro en el tiempo.

