Venecia: una película sobre Gaza recibió la ovación más larga de la historia del festival

Escribe Ceferino Cruz

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El hecho más relevante de la última edición del Festival de Cine de Venecia ocurrió alrededor de un documental referido al genocidio en Gaza. NAZA, dirigido por los israelíes, Yuval Abraham y Rachel Szor, recibió una ovación de 25 minutos, una de las más extensas registradas en la historia de la Mostra. La película reúne testimonios de 24 integrantes y ex integrantes de los servicios de inteligencia y del ejército de israelí y reconstruye, a partir de sus propias declaraciones, el funcionamiento de los sistemas utilizados para la vigilancia masiva, la identificación de objetivos y la planificación de ataques.

No se trata de un relato construido exclusivamente a partir del testimonio de víctimas, sino que introduce la palabra de quienes participaron del aparato genocida.

Entre los sistemas descriptos aparece Lavender, una herramienta de inteligencia basada en el procesamiento masivo de datos para la identificación de presuntos objetivos, y Where's Daddy?, utilizado para localizar personas señaladas como objetivos cuando regresaban a sus viviendas.

Uno de los testimonios reunidos en la película sintetiza la lógica del sistema con una frase que atraviesa todo el documental: “La unidad básica del objetivo es una casa familiar.”

Berlinale

El antecedente más importante fue la Berlinale 2024, donde No Other Land obtuvo el reconocimiento al mejor documental y el premio del público.

La película fue realizada por un colectivo integrado por Abraham y Szor y dos cineastas palestinos, Basel Adra y Hamdan Ballal. Su tema es la situación de las comunidades palestinas de Masafer Yatta, en Cisjordania ocupada. El documental registra la demolición de viviendas –en una escena la demolición comienza incluso cuando la familia no ha terminado de desocuparla–, la destrucción de escuelas y estructuras comunitarias y la presión permanente sobre familias palestinas para abandonar sus territorios.

Si NAZA muestra la maquinaria del exterminio, No Other Land muestra la maquinaria de la expoliación.

La película no registra un episodio aislado, sino un método: la destrucción reiterada de las condiciones materiales necesarias para que una población pueda permanecer en su propia tierra. La presentación de la película en Berlín tuvo una consecuencia política inmediata. Durante la ceremonia de premiación, Basel Adra y Yuval Abraham (palestino uno, israelí el otro) denunciaron la ocupación y reclamaron el fin de la violencia. Sus intervenciones provocaron acusaciones de antisemitismo por parte de sectores políticos alemanes

Cannes y el asesinato de Fátima Hassouna

El siguiente episodio tuvo lugar en Cannes, edición 2025. Allí debía presentarse el documental Put Your Soul on Your Hand and Walk, dirigido por la cineasta iraní Sepideh Farsi y protagonizado por la fotoperiodista palestina Fátima Hassouna, que contaba entonces veinticinco años de edad. Ella había documentado durante meses la destrucción de Gaza utilizando principalmente su teléfono celular. Sus imágenes formaban parte de una de las pocas fuentes directas de información desde el interior del territorio devastado. No llegó a ver el estreno de la película.

Poco después de anunciarse la selección del documental para Cannes, Fátima Hassouna murió junto a varios integrantes de su familia en un ataque contra su vivienda. El caso suscitó una de las nociones centrales de estos años: el aparato marcial israelí persigue especialmente a quienes producen los registros que permiten conocer de cerca la destrucción. El número de estas muertes, de 2023 a la actualidad, sobrepasa holgadamente el centenar. En ese sentido, el exterminio de Hassouna y su familia dialoga directamente con uno de los aspectos centrales de NAZA: el papel de los sistemas de vigilancia y selección de objetivos en la guerra contemporánea.

Venice4Palestine: de la pantalla a la acción

En Venecia, el debate estuvo impulsado también por Venice4Palestine (Venice for Palestine: Venecia por Palestina), un colectivo integrado por cineastas, productores, críticos, programadores y trabajadores de la cultura, que organizó actividades, debates y acciones dentro del festival, incluyendo el izamiento de la bandera palestina. Uno de los paneles organizados por el colectivo tuvo un título que sintetizó la discusión: “Sin embargo, Gaza sigue ardiendo: ¿de qué sirve ver si no actuamos?”

La pregunta apareció después de una acumulación de crímenes, después de miles de imágenes, después de documentales, investigaciones, testimonios. El problema planteado no era la falta de información: era qué hacer con esa información.

La historia fuera de las salas

La discusión sobre Gaza no se origina en los festivales. Uno de los ejemplos más significativos provino del movimiento obrero. Trabajadores portuarios italianos, especialmente en Génova y Livorno, rechazaron participar en operaciones vinculadas al transporte de armamento destinado a Israel.

Días después del Festival, el gobierno de Netanyahu retiró la ciudadanía a Yuval y Rachel.

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