Salto del “riesgo-país”, los acreedores financieros bochan el plan Caputo-Milei

Escribe Jorge Altamira

Tarjeta roja en Nueva York

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La exposición en Nueva York del plan financiero del gobierno argentino hasta finales de 2027 ante inversores internacionales desató un remate de la deuda pública en el mercado local y extranjero, que llevó el llamado “riesgo-país” bien por encima de los 600 puntos básicos. Se trata de la prima que hay que pagar por encima del interés del bono norteamericano a diez años, que ha cerrado a 5.3 por ciento. Este costo adicional equivale al cierre de los mercados para una renovación de la deuda del Tesoro nacional. El plan financiero de Caputo ha recibido un bochazo rotundo por parte del capital financiero. La red de seguridad del gobierno se ha desplomado.

De acuerdo a Jorge Liotti, de La Nación (27.9), los banqueros le dijeron a Caputo que “(sus) cuentas no eran realistas….no todas (las fuentes de financiamiento) son accesibles al gobierno”. “Pintó un escenario falso y eso cayó mal. No fue intelectualmente honesto”, fue el resumen de un broker de Wall Street. Tampoco cayó bien una entrevista de Milei con la agencia Bloomberg. “El paso del Presidente y del ministro por acá dejó una sensación de negación de la realidad”. Estas observaciones suenan a una amenaza de despido. La deuda total de Argentina es de alrededor de 600 mil millones de dólares cuando se suman las del Tesoro, los organismos federales, el Banco Central y las obligaciones privadas. En los próximos doce meses se deben enfrentar vencimientos de deuda y de intereses por el 10% de ese total. La gira por Nueva York ha puesto al descubierto un escenario de default.

Las advertencias desde el extranjero llegan en un marco de recesión económica. De las tres turbinas del crecimiento siguen en pie, relativamente, petróleo y minería, pero una ha dejado de funcionar: la “intermediación financiera” ha caído en terreno negativo. “El crédito no arranca”. No es solamente “la mora (la que) lleva a restringir los créditos”, como interpreta La Nación. Los activos de los bancos, incluidos los encajes, están forrados con la deuda del Tesoro; una venta forzada provocaría una crisis bancaria. “El stock de créditos personales cayó durante diez meses seguidos y con la foto actual no se ve claro el fin de la película”, describe La Nación. La restricción de la ganancias que provocan las previsiones contables para hacer frente a los créditos incobrables que han afectado a seis millones de deudores personales han creado una brecha intransitable entre los intereses y retornos de la oferta de crédito, arriba del 60% promedio, y los depósitos, por debajo del 20 por ciento. No hay demanda de crédito a esos tipos, ni por lo tanto ganancias líquidas. Se ha desarrollado un puente entre la crisis internacional de la deuda pública de Argentina, de un lado, y una crisis bancaria, del otro. La mora volvió a subir en julio... el saldo refinanciado alcanzó 2.6 billones de pesos. Sin ninguna quita de deuda, se extiende la inmovilización de los activos y pasivos bancarios.

Con el ingreso a la recesión, la caída continua de la demanda de consumo personal suma la caída de la demanda de stocks y de inversión. La demanda internacional de minería y petróleo para las guerras en curso eleva el precio en los mercados de producción y eleva los costos de producción y de consumo. Tiene lugar una inflación de oferta que no puede ser reprimida por medio de ajustes monetarios sin provocar una depresión. Se resiente la recaudación impositiva y crece el déficit fiscal. La ‘economía de dos velocidades’ se vacía de contenido, porque el excedente del comercio exterior se convierte en una fuga de capitales que ni siquiera ingresa a las fronteras nacionales. La caracterización de la economía como campos desconectados no tiene sustento a término.

En discrepancia con el FMI, Milei y Caputo se niegan a comprar el excedente comercial externo y aumentar las reservas internacionales. Esta dolarización de la economía por medio del encarecimiento del peso refuerza la tendencia a la depresión económica. El Banco Central, adicionalmente, asegura una cotización barata del dólar por medio del mercado de futuros. Esta política ha fracasado en cuanto a la intención de abaratar el pago de la deuda pública, sea en dólares o dolarizada, como lo demuestra el fiasco descomunal sufrido en Nueva York. El dúo libertario teme, con razón, que una devaluación del peso, como piden sus críticos del campo ‘neo-liberal’, desate una hiperinflación. Se repite, de este modo, a una escala muy superior, la contradicción sin salida que llevó al derrumbe de la convertibilidad. Esta es la base económica de la trifulca política que se desarrolla entre LLA y el PRO, y una franja de gobernadores, y dentro de los mismos libertarios.

La burguesía local y extranjera no solamente se manifiesta ‘preocupada’ acerca de que la desvalorización de salarios y el ajuste social afecte la situación política en un año electoral. La Nación relaciona con preocupación a “la pobreza” con la “desintegración social”. Ve al fracaso para promover una reactivación de la economía como un derrumbe del plan deflacionario que ella misma impuso al gobierno. La pauperización absoluta de la fuerza de trabajo representa para el capital un bloqueo a su propia reproducción. Necesita un crecimiento de la demanda de consumo personal para dinamizar más allá de este límite la llamada inversión, que en las actuales circunstancias es negativa (deducida la amortización). El capital financiero y el crédito en sus diversas formas no crean valor, sólo se apropian de una parte de la plusvalía creada por la explotación de la fuerza de trabajo. La crisis financiera internacional, sin embargo, trastoca esta relación económica y potencia la tendencia a la disolución del conjunto de la organización capitalista.

Es claro que un desconocimiento “soberano” (institucional) de la deuda, para ‘usar la plata para salud y educación’, no remedia esta crisis histórica. La crisis plantea una cuestión de poder y la transformación socialista de la sociedad.

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