Escriben Julián Asiner y Daniela Magoc
La burocracia sindical se borra y el aparato del PO "baja línea" contra el paro.
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Una poderosa asamblea general ratificó el ascenso del movimiento de residentes de cara al nuevo paro organizado de manera autoconvocada para este jueves 1 de octubre. La medida de fuerza se iniciará con actividades en los hospitales y una concentración en el Obelisco a las 11 hs, para luego marchar al Ministerio de Salud porteño en Bolívar 1. Los residentes no quieren más reuniones con los funcionarios del ministro Quirós, sino respuestas concretas.
La asamblea, organizada de manera virtual, desbordó los canales habituales superando la capacidad permitida por los aplicativos que facilitan las reuniones. Al momento de escribir esta nota, 26 efectores ya confirmaron su presencia para el jueves, superando la marca de la semana pasada. Originado en los hospitales pediátricos, el movimiento va ganando peso en los hospitales generales, los centros de salud y los efectores especializados en salud mental.
El reclamo que abre paso a la lucha es la exigencia de una recomposición salarial urgente. Aunque transformado por la rotación de sus integrantes, el movimiento retoma la lucha desde el punto más alto alcanzado por las generaciones de residentes más recientes. La aspiración es recuperar el nivel salarial conquistado tras un mes y medio de huelga indefinida en el año 2022, que de acuerdo a los cálculos de la asamblea hoy se ubicaría en 2,8 millones de pesos.
El reclamo parece módico, toda vez que la canasta familiar de CABA no desciende de los 3,6 millones. Implicaría, sin embargo, un 60% de aumento partiendo del sueldo básico vigente. Pero a esto, los residentes añaden la reivindicación del pago de un adicional por las guardias realizadas, lo que dinamitaría todo el edificio presupuestario ajustador: la estructura de la salud pública en CABA y en todo el país descansa, precisamente, en las guardias no remuneradas que deben cumplir los residentes de manera obligatoria.
El reclamo del pago por guardias, conquistado por residentes en otros países como España, Alemania o Inglaterra, es un poderoso imán para las residencias médicas más golpeadas por las jornadas interminables que sus profesionales deben cumplir en las salas y quirófanos con la excusa de la “formación”. Han comenzado a organizarse las residencias de Clínica Médica y el movimiento se profundiza hacia las terapias intensivas y las especialidades quirúrgicas.
La burocracia sindical de Médicos Municipales (AMM) no solo no ha abierto la boca para apoyar los reclamos de los residentes. Además, les puso como condición para aceptar una reunión que la asamblea se divida según la disciplina de sus diferentes profesionales, ya que, según afirmaron, ellos solo recibirían a residentes médicos. AMM quiere imponerle al movimiento, de manera anticipada, la fragmentación de la carrera profesional que impulsa para todo el sistema de salud. Los residentes son conscientes que una división solo favorecería a la patronal.
La Federación de Profesionales, por su parte, difundió un flyer apoyando a los residentes pero no adherirá al paro del jueves. Desde su posición en la conducción de la Asociación de Trabajo Social (APSS), el aparato del Partido Obrero salió a ‘bajar línea’ contra el paro y retó a los residentes por haber votado la medida ‘con poca anticipación’ (¡!) y sin consultar al sindicato. Como a AMM, al aparato del PO tampoco le gusta que los residentes se auto-organicen y resuelvan sin pedir permiso.
El Partido Obrero oficial, un campeón en exigirle paros y planes de lucha a la burocracia sindical, se declara incompetente cuando son los residentes los que le exigen que acompañe paros ya organizados o que al menos utilice sus herramientas sindicales para brindar cobertura con un aval gremial. Prioriza su integración a la burocracia de la Federación de Profesionales antes que la unidad en la lucha con los residentes.
El movimiento de residentes tiene el desafío de superar estas trabas asimilando las lecciones de su propia experiencia política reciente. No serán las medidas ‘escalonadas’ y dilatadas en el tiempo las que proveerán respuestas y soluciones, sino el emplazamiento al poder político y a sus aliados sindicales a través de una lucha a fondo. Como en 2019 y 2022, la llave para ganar está en la huelga indefinida. La fuerza de los trabajadores y sus posibilidades de victoria no reside en las estructuras sindicales adaptadas al Estado, sino en su capacidad para autoconvocarse y luchar de manera independiente. El jueves, todos a la calle.

