Escribe Julián Asiner
A un año de la integración de APSS, sin reacción ante la pérdida salarial.
Tiempo de lectura: 4 minutos
Esta semana tuvo lugar el congreso extraordinario de la Federación de Profesionales, que reúne a las disciplinas “no médicas” que intervienen en el sistema público de salud de CABA. Como única campaña previa al congreso, la “lista de unidad” que dirige la Federación, encabezada por Psicología y con la participación de casi totalidad de las asociaciones miembro, hizo circular un “flyer” que anunciaba un “aumento” salarial del 6%, que en realidad no es tal porque corre de atrás a la inflación acumulada del 2026 y convalida las enormes pérdidas del período 2023-2025. La asociación de Trabajo Social, APSS, que con el beneplácito del FITU se integró el año pasado a la conducción de la Federación, calculó que la pérdida salarial de 2023 a la fecha equivale a 5 meses de sueldos no cobrados (más de 10 si el cálculo se amplía hasta 2018). El congreso desestimó, a pesar de estas circunstancias, las mociones para adoptar acciones de lucha.
La vacuidad de las resoluciones contrastó con la intensidad del debate que envolvió a los más de 100 delegados asistentes. La línea oficial en relación a la negociación paritaria fue “delegar la cuestión en el Consejo Ejecutivo en pos de una mejora salarial”. Bien mirada, la dirección de la Federación lo que proponía era una cadena ininterrumpida de delegaciones: del congreso extraordinario al Ejecutivo, del Ejecutivo a la Asociación de Médicos Municipales (AMM), de AMM a Sutecba, de Sutecba al gobierno porteño. El “flyer” de Federación era, en rigor, una copia del flyer que había difundido anteriormente AMM, que a su vez copiaba el flyer de Sutecba, adecuándose a la pauta del mileísmo amarillo que ensaya Jorge Macri. En el último grillete de esta cadena se encuentra la condición social del trabajador de la salud: arrastrada a la amputación salarial en medio de la presión por el incremento de los ritmos de trabajo, el control externo de agendas y procesos de atención, el desconocimiento de licencias, la amenaza de división de la carrera profesional y el ataque a los equipos y planes de salud comunitaria.
Fue APACSA, la asociación de profesionales de las ciencias sociales que se mantiene independiente de la conducción de la Federación, la que llevó al congreso la única moción por escrito para romper esta cadena de sometimiento: un paro de 24 horas con movilización con fecha a dos semanas por un salario mínimo inicial igual al costo de la canasta familiar (3 millones), precedido por asambleas en los hospitales para organizar la medida y votar nuevas acciones que serían consideradas por un nuevo congreso extraordinario, convocado para el día siguiente del paro con el objetivo de evaluar sus resultados y resolver su continuidad a partir de los mandatos recabados. La moción recogía la experiencia de congresos anteriores, cuando las propuestas de planes de lucha sin fechas ni objetivos claros terminaron en la nada, es decir, en el acompañamiento fantasmal a los pactos entre las burocracias sindicales y el gobierno.
La moción de APACSA movió el avispero entre los delegados. Los militantes de los partidos del FITU -el MST y el PO oficial-, que promueven la integración a la dirección peronista de Federación en las asociaciones de Licenciados en Enfermería (ALE) y Trabajo Social (APSS), se vieron interpelados y debieron tomar la palabra para cubrir “por izquierda” el derrotero político de “su” conducción. Se argumentó que votar un paro con fecha era una “acción declamativa”, que después a las marchas “solo van cuatro gatos locos”, que las medidas de fuerza “se construyen”, etc., etc. Toda una escuela de desmoralización política para delegados y activistas, sin inscripción previa y con entrada gratuita.
La conducción de la Federación esgrimió la línea en la que se encuentra unificada, que apunta a abrir una vía de negociación paralela con el gobierno para conseguir algunos paliativos (como sería el aumento del bono por SAMO o el cobro de adicionales por el reconocimiento de especialidad). La base para la negociación de estos ítems es la aceptación de la pauta salarial oficial digitada con Sutecba y AMM, que por eso la Federación se abstiene de cuestionar. Pero aceptando la mordaza oficial y colocando un freno a la acción de los trabajadores se suprime al único factor que podría realmente forzar a la patronal a realizar concesiones. La única mejora real del salario en los últimos años no fue arrancada por negociaciones silenciosas ni medidas administradas por los sindicatos, sino por la huelga autoconvocada que los residentes decretaron por tiempo indefinido en el año 2022.
La cobertura “de izquierda” a la dirección de la Federación es acompañada por una bajada que pretender “concientizar” sobre los nuevos riesgos para aquellos activistas y delegados, que busquen actuar en los hospitales al margen de las nuevas condiciones que la contrarreforma laboral de Milei impone en relación a los fueros sindicales y al respeto por la esencialidad que implica garantizar el funcionamiento de los servicios de salud. La advertencia, al no estar ligada a una respuesta para reforzar la organización y la movilización colectiva, cuyas posibilidades se desestiman, solo redunda en un “llamado a la cordura”, que infunde mayor temor, parálisis e impotencia. La cooptación política es una maquinaria de desmoralización, que puede deglutir a las mejores intenciones y activistas en la defensa de un posibilismo carente por completo de posibilidades.
Finalmente, el congreso aprobó la moción consensuada en el momento por los delegados de APSS que postuló que, de no obtenerse una recomposición salarial antes del 15 de agosto (¡!), “ahí sí” la Federación inicie medidas de lucha. La moción de APSS evitó reconvocar al congreso extraordinario, por lo que la concreción de estas acciones, que tampoco se especifican, a más de un mes y medio de plazo, y cuando las actuales camadas de residentes ya se hayan egresado el 31/7, quedaría por orden y cuenta de un Consejo Ejecutivo históricamente hostil a cualquier acción directa. La cooptación de la dirección de APSS, patrocinada por los partidos del FITU, no modificó el rumbo de los congresos de la Federación y sus resoluciones fantasma, sino que las adoptó como parte de su propia estrategia política. En estas condiciones, un cuarto de la delegación congresal de APSS decidió apoyar la moción de APACSA. La palabra, ahora, está en manos de los trabajadores de los hospitales y centros de salud.
