Este 2 y 3 de Julio: Fuera Piñera, Asamblea Constituyente Libre y Soberana

Escribe Partido Obrero Revolucionario (Chile)

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A cuatro meses de la irrupción del brote Covid-19 y su expansión pandémica a nivel mundial, la Región Metropolitana de Santiago se ha convertido en la cuarta ciudad con más casos de contagio en el mundo. El fracaso de la política sanitaria del dúo Piñera-Mañalich para enfrentar la “batalla de Santiago”, dejó un saldo que alcanza los 9 mil fallecidos y más de 280 mil contagios -superando a China e Italia. El descontrol del virus y su impacto en Antofagasta con Enrique París a la cabeza sigue la misma orientación política; cuarentenas a la medida de los empresarios y un Estado de catástrofe extendido con fines exclusivamente represivos -develando claramente su carácter de clase.

La crisis sanitaria -de un desfinanciado sistema de salud pública- y el colapso hospitalario disparó las tasas de mortalidad en recintos públicos como el hospital Alberto Hurtado, alcanzando un 25% mientras que, en clínicas privadas como Las Condes, la cifra apenas alcanzó al 5%. La inundación total de tomas de terreno y tiendas de campaña producto de la lluvia -como en hospital el San José- pronuncian esto, donde la tasa de mortalidad alcanza al 21% y la disponibilidad de camas y ventiladores mecánicos es completamente nula; la situación, en general, evidencia el vaciamiento y la privatización de la salud profundizada por todos los gobiernos de la postdictadura.

Asimismo, los barrios industriales de las comunas periféricas no han detenido sus labores. La política que distingue entre trabajos y sectores esenciales y no esenciales de la economía se ha permitido el funcionamiento de numerosas empresas injustificadas, como es el caso de la confitería Fruna que -tras 7 trabajadores muertos por covid- es fuertemente denunciada por su sindicato por, además, mantener el funcionamiento de un jardín infantil clandestino sin insumos ni protocolos de higiene y seguridad.

La población más empobrecida en ningún caso ha podido efectuar una cuarentena efectiva. Las medidas del gobierno mantienen un “ingreso de emergencia” que no supera el límite de la pobreza y no alcanza, siquiera, al medio millón de familias. Por su parte, el desempleo asciende al 20% y los trabajadores suspendidos superan los 610 mil; la mitad de las patronales rescatadas por el Estado que se acogieron a la Ley 21.227 anuncian una serie de despidos para los próximos meses.

La clase obrera contra el hambre y el desempleo

Frente al azote de conjunto de la crisis capitalista, los cortes de calle en las comunas del Bosque y La Pintana no se hicieron esperar. Asimismo, contra el hambre y el desempleo, se multiplicaron las expresiones de lucha en puestos de trabajo, asambleas y ollas comunes por todo el país exigiendo alimento y medidas sanitarias.

La clase obrera y la juventud organizada en asambleas populares, junto con extender la unidad con los comités de cesantes y reclamar el financiamiento estatal para levantar las ollas comunes bajo el control democrático de sus vecinos -sin intervención policial-, deben con urgencia organizar un plan sanitario en los barrios, realizar catastros de los vecinos contagiados, reclamar el testeo masivo de todas las poblaciones y, en base a la trazabilidad de casos contagiados, reclamar residencias sanitarias para todos quienes no tengan un lugar adecuado para realizar una cuarentena.

La CUT, completamente ausente de la catástrofe social, levanta un programa sin organizar a sus bases sindicales para colocarlas como protagonistas de esta lucha. La burocracia sindical y sus partidos dirigentes han actuado en coordinación con las bancadas parlamentarias del PC, el FA y la ex Concertación para aprobar leyes de protección del empleo y de represión de la protesta -oxigenando a un gobierno que se opone a la vida de la población. Se hace urgente un congreso de emergencia de las bases sindicalizadas y sus centrales, con delegados electos por la asamblea, levantando encuentros y congresos de ocupados y desocupados para una plan único de acción de las y los explotados.

El plan de acción que debe agitarse en el seno de la clase trabajadora debe desplegar una movilización efectiva que ponga en perspectiva una gran huelga general por:

Salario mínimo de $600.000 para todas y todos los trabajadores informales y contratados, cuentapropistas, desocupados y madres/padres solteros;

Extensión del prenatal y del postnatal con salarios garantizados y fuero maternal incondicional para madres trabajadoras; Protocolos sanitarios y de higiene emanados de las asambleas y los sindicatos;

Reducción de la jornada de trabajo a 6 horas y cuatro turnos por jornada incorporando personal nuevo, jornadas de 4 horas para el personal de salud y nuevas contrataciones;

Cuarentenas y protocolos que contemplen el hacinamiento habitacional;

Producción y adquisición de ventiladores mecánicos, equipos de diagnóstico, test masivos a la población y trazo efectivo de contagios;

Terminación de hospitales a medio construir y construcción de nuevos recintos hospitalarios equipados frente a la crisis sanitaria;

Intervención estatal en la medicina y farmacia privada para colocar los insumos al servicio de quienes lo necesiten; Abajo las politicas de rescate al capital, nacionalización de la banca, los recursos naturales y sectores productivos esenciales bajo el control de sus trabajadores para un presupuesto estatal orientado a financiar un plan nacional de salud, vivienda, alimentación y medicina de la clase obrera.

Ningún rescate más al capital, nacionalización bajo control obrero y destinar el presupuesto estatal a la salud, a la vivienda, a la alimentación y a la medicina de la clase obrera.

La revocatoria del Gobierno de Piñera se vuelve una tarea fundamental por la supervivencia y bienestar de la población -transcurridos ya más de 100 días desde el primer contagio. Este 2 y 3, más que nunca: Fuera Piñera, por una asamblea constituyente libre, soberana con poder para reorganizar el país bajo un gobierno de las y los trabajadores.

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