Putin no va a llegar a 2036

Escribe Alejandra

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El resultado del referendo que habilita a Putin a renovar su mandato por otros dos períodos de seis años cada uno, a partir de 2024, no suscitó mayores comentarios de prensa, ni expresiones de inquietud en los ámbitos diplomáticos. En parte porque el resultado se daba por descontado, en otra porque pocos le atribuyen un carácter político significativo, a pesar de la desmesura reeleccionista. Desde su primer mandato, en 2036 habrá cumplido 35 años en la presidencia de Rusia. Se trata de una manifestación de inmovilismo estratégico en un país que no ha consumado las expectativas de desarrollo que trajo aparejada la estabilización política luego del tumultuoso período que acompañó el inicio de la restauración capitalista.

La reforma constitucional que fue votada hace diez días aniquila derechos fundamentales, como el de aborto y matrimonio igualitario, lo cual refuerza la represión política que vienen sufriendo los colectivos afectados. Tiene una fuerte impronta clerical. El texto otorga a la lengua rusa una connotación estatal, lo que sirve al propósito de afirmar la soberanía sobre Crimea y defender, eventualmente, una ´recuperación´ de Ucrania y de Bielorrusia y partes de Moldavia. La consagración del zarevich no contó, sin embargo, con la mayoría electoral de Moscú y San Petesburgo, las ciudadelas de la Revolución rusa.

A diferencia de lo que ha ocurrido con China, la restauración capitalista en Rusia no ha desenvuelto una estructura industrial, ni cadenas productivas. Los nichos tecnológicos coexisten con una economía primaria y sus derivados. La crisis asociada con el Covid-19 ha retornado a Rusia al PBI de 2018, bajo el impacto decisivo de una caída colosal del precio internacional del petróleo. El déficit fiscal ha crecido, como consecuencia, muy fuerte. La dependencia económica del país pone fuertes límites a una colaboración estratégica con China, capaz de alterar la economía y política mundiales, porque la enchalecaría a una división del trabajo perjudicial.

Debido a los extremos que ha alcanzado la crisis mundial, Putin no podrá repetir el periodo de estancamiento e inmovilismo que caracterizó al largo gobierno de Brezhnev, que no fue más que el prolongado interludio para la disolución de la Unión Soviética. Putin opera como árbitro dentro de la oligarquía rusa que nació como resultado de la expropiación de las empresas estatales. Este arbitraje podría disolverse si la crisis mundial amenaza con llevar a la oligarquía a la bancarrota, algo que ha ocurrido repetidas veces en distintos períodos del putinismo.

Es fácil concluir que Putin se ha impuesto debido a una sociedad que se encuentra atrofiada y atomizada, pero este juicio debe quedar reservado a los efectos que tengan la crisis, por un lado, y las rebeliones populares en el mundo, por el otro.

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