Los estudiantes terciarios debemos intervenir en la crisis política

Escribe Alex R

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Este sábado 11 de julio se realizará una reunión de la Coordinadora de Estudiantes Terciarios de CABA (CET). Su temario estará centrado en la “contextualización de cada centro en pandemia” y las “cursadas virtuales, accesibilidad, becas”. De este modo, y sin mayor desarrollo, Patria Grande (conducción de la coordinadora) enchaleca los reclamos de los estudiantes en las situaciones particulares de cada instituto, perdiendo de vista que la debacle en la que se hallan los profesorados está intrínsecamente ligada a la bancarrota económica y sanitaria que atraviesa el país.

El Consejo Federal de Educación (CFE) aprobó de manera unánime un “protocolo nacional para la vuelta a clases”, que incluye a la educación obligatoria y terciaria (Ámbito, 02/07). Se prevé el retorno a las clases presenciales para agosto, con excepción del Chaco y el AMBA. Frente a una curva de contagios que no para de crecer, oficialistas y opositores llaman a estudiantes y trabajadores de la educación a volver a las aulas.

Pero ocurre que los terciarios de la CABA cuentan con edificios en estado ruinoso, sin las mínimas condiciones de seguridad e higiene para garantizar el retorno a las clases presenciales.

Es claro que las necesidades de los estudiantes terciarios chocan contra las pretensiones de la clase capitalista, de su Estado y de sus gobiernos. Los acuerdos de deuda con los bonistas son incompatibles con los aumentos del presupuesto educativo que necesitamos para satisfacer nuestros reclamos: netbooks, conectividad, becas para estudiantes, salario digno para docentes y auxiliares, ayuda alimentaria suficiente bajo el programa SAE, refacciones edilicias, etc. Ello es lo que quiere disfrazar Larreta, con el apoyo de los rectorados, cuando llama a los institutos a elaborar “planes excepcionales de continuidad” sin aumentar el presupuesto. De aquí se desprende que el rechazo al pago de la deuda es esencial para la satisfacción de nuestras demandas.

Esta situación debe ser discutida por el movimiento terciario. Sin embargo, la CET desarrolla un método que excluye a la base estudiantil de sus debates y resoluciones. De las reuniones sólo pueden participar las conducciones de los centros de estudiantes, no los compañeros o activistas individuales; asimismo, solo pueden prosperar las resoluciones que cuenten con mandatos de asamblea. Esto último se convierte en un contrasentido si se tiene en cuenta que la misma conducción de la CET, Patria Grande, no ha convocado a una sola asamblea en lo que va de la cuarentena en el centro de estudiantes que dirige (el CEJVG).

Asimismo, es fundamental que los estudiantes nos involucremos activamente para realizar campañas de difusión y visibilización de los reclamos por redes sociales. La aprobación de los postítulos como el de ESI ha sido el resultado de la movilización de sus propios docentes y de la masificación de sus campañas. Del mismo modo, la asamblea autoconvocada del JVG del 30 de abril y las asambleas que se desarrollaron en distintos profesorados demuestran la predisposición de los estudiantes terciarios a intervenir en la crisis política en defensa de sus intereses. Frente a toda esta experiencia, es claro que Patria Grande no tiene ninguna intención de impulsar una deliberación entre los terciarios, dado que un pedido de mayor presupuesto no solo cuestionaría al gobierno de Larreta, sino también al gobierno nacional del cual forma parte. Por todo ello, es necesario que todo el activismo y la izquierda pongamos en pie una instancia de todos los terciarios para organizar un debate político y un plan de lucha por todos los reclamos.

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