La cuarentena en el mundo

Escribe Joaquín Antúnez

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El trio Fernández-Kicillof-Larreta ha anticipado el anuncio de un tránsito de la Fase 1 a la Fase 2 de la cuarentena en el ámbito metropolitano en momentos en los que se da a conocer un recrudecimiento de los contagios, especialmente, en los lugares de trabajo, donde las patronales violan sistemáticamente sus propios protocolos.

En numerosas provincias y localidades del interior, que se encontraban en fase 5, se han visto obligadas a retroceder. Es el caso de Jujuy, con un brote de 100 casos en una semana, o de Catamarca, que luego de 100 días sin casos ha presentado una decena de positivos.

El ingreso a la “convivencia con el virus” que se perfila en la Argentina debería ser cotejado con el ritmo de los contagios a nivel mundial. En numerosos países, la apertura fue revertida ante los rebrotes.

Hong Kong ha anunciado el cierre de las escuelas y un posible adelantamiento de las vacaciones de verano, así como la limitación de capacidad a bares y restaurantes como a locales de otras ramas. Se prevé la cancelación de varios espectáculos y eventos de asistencia masiva. Este endurecimiento se explica a la luz de los más de 150 casos registrados en los últimos tres días.

Bogotá, que había recibido elogios de Mauricio Macri por su manejo de la pandemia, ha decidido emprender un regreso a una “fase 1” de manera escalonada. Esto es, han divido la ciudad en tres zonas, en las cuales cuarentena estricta por turnos, para no suspender de manera total la producción y el comercio. Los límites de esta cuarentena están guiados por la negativa total de los capitalistas de volver a paralizar la producción por 14 días. El remedio es una cuarentena “en cuotas” por un mes y medio y de resultado incierto.

Estados Unidos asiste a un aumento aún mayor de casos, en pleno verano. En Miami, una de las ciudades más golpeadas, las playas son un amontonamiento fenomenal de personas mientras se multiplican los casos positivos y las muertes.

De conjunto, los esfuerzos vertidos por superar rápidamente la etapa de aislamiento social han chocado con la realidad: el virus impone -por un tiempo aún no establecido- la necesidad de “entrar y salir” de los confinamientos como método para disminuir al mínimo los contagios.

Régimen en cuarentena

Esta “solución”, que solo puede servir de manera temporaria, choca con las contradicciones del propio régimen social incapaz de poder sostener una cuarentena en el tiempo, puesto que el proceso de acumulación depende de la movilización y explotación de la fuerza de trabajo de los obreros.

Las emisiones destinadas a hacer frente a la pandemia se orientaron a un rescate del gran capital, mientras aumenta la miseria entre los trabajadores. La incapacidad del Estado para salir al rescate de los sectores más expuestos a los contagios y, por lo tanto, a la persistencia del virus, demuestran los limites insalvables del capitalismo para hacer frente a una crisis que afecta a la fuerza de trabajo.

Lejos de una estatización de la economía que permitiría unificar todos los recursos al enfrentamiento de la pandemia, los Estados han despilfarrado cuantiosas cantidades de dinero (equivalente al 20% del PBI mundial) a un rescate estéril que no podrá sacar a la economía de su propia cuarentena, atravesada por su carácter parasitario.

Recobra aún más valor la cuestión del régimen, la salida a la crisis de la pandemia está íntimamente ligada a que clase social dirige ese proceso. Solo mediante la nacionalización de la salud, la industria, la banca y el comercio exterior puede darse una concentración de los recursos necesarios para cortar la sangría que los capitalistas han impuesto en la “nueva normalidad”, que presenta de “nuevo” un ataque en regla a los trabajadores y sus condiciones de vida. Para ponerle fin es necesario un gobierno de trabajadores, que lleve adelante la agenda de los explotados.

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