El Congreso y el clero maniobran contra la educación sexual integral

Escribe Camila P

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Durante el año pasado, a la luz de la lucha por la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo, emergió, sobre todo en el movimiento secundario, el reclamo por la educación sexual integral. A pesar de que en nuestro país existe desde el 2006 una ley de ESI, la implementación es casi inexistente y está sujeta a lo que se conoce como "ideario institucional", que permite que cada colegio dicte los contenidos que cree necesarios, atentando contra el carácter laico y científico que la ESI debería tener.

En el 2018 se presentó, desde la bancada del FIT, un proyecto por la implementación de la Educación sexual integral, que apunta a la modificación de la ley vigente. Entre los cambios principales están la eliminación del artículo 5 - la libertad de conciencia para las instituciones - y la creación de un espacio de dos horas semanales en las que se dicten los contenidos. El proyecto obtuvo dictamen unificado de las comisiones de Educación y de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia, pero de no tratarse en la última sesión ordinaria del año, perdería estado parlamentario.

Un Estado oscurantista

La postergación del tratamiento de la ley es a causa del boicot por parte del clero y los partidos patronales a avanzar en una real implementación de la ley. Los lazos con el oscurantismo que mantienen todos los partidos de la burguesía son el peldaño principal que nos ubica en la defensa de la no implementación. El fallo favorable que obtuvieron las iglesias en el tratamiento del aborto produjo un intento de avanzada en la campaña oscurantista, ya no solo contra el aborto sino también contra la ESI. El privilegio por parte del Estado hacia su relación con las iglesias no es menos que un intento de salvar una relación con una de las patas principales de la contención social en nuestro país. Más aún en períodos de crisis y en las vísperas de un gobierno de "pacto social".

La ESI no es, como dice la iglesia, bajo el neologismo espurio de la "ideología de género", una excusa para pervertir a los niños. Por el contrario, ha quedado comprobado que el dictado de educación sexual en las escuelas ha servido para que niños y adolescentes víctimas de violencia tomaran conciencia de dicha situación y logren hacer sus denuncias. Lejos de ser un elemento de "perversión", es una herramienta para la defensa de la niñez y de las familias trabajadoras que atraviesan estas situaciones.

Sin embargo, el debate sobre la Educación sexual no trata sólo respecto de su implementación y los términos de esta, sino de la forma en la que es concebida la sexualidad. En este sentido, señalamos que la lucha debe ser por una educación sexual revolucionaria, que cuestione los cimientos del sistema capitalista, que reproduce la opresión, vista en el abuso, en la violencia a las disidencias, etc. El régimen, basado en la explotación, promueve el ocultamiento y la persistencia de una sexualidad regimentada a los fines de instalar en todos los ámbitos el sometimiento y el acallamiento como forma de vida.

El papel de las reformas educativas

El plan de las "secundarias del futuro" que tienen en carpeta los bloques patronales también implican posturas anti ESI, en tanto la adecuación de la educación al mercado tiene por descarte cualquier contenido que no sea de utilidad para las empresas capitalistas. Una educación mentada para preparar a los estudiantes para la precarización laboral excluye todo contenido que implique un presupuesto que no favorezca a ese objetivo.

La lucha por la ESI va de la mano de la pelea contra las reformas y vuelve a poner en debate el problema de bajo quién está el control de la educación pública. Es que la implementación de la educación sexual no puede quedar en manos del Ministerio de Educación responsable de habernos negado este derecho y del vaciamiento educativo. La incapacidad del parlamento (y del parlamentarismo en general) para someter al Ejecutivo y a la burocracia del estado a una supervisión y a un control efectivo, plantea que esa tarea quede a cargo de docentes, estudiantes y trabajadores vinculados a la educación. Hay que pulverizar la idea de que la sexualidad no está afectada, en términos de libertad y autonomía de la persona, por una sociedad dominada por la explotación social. El Congreso, en la actualidad, integra el frente de sabotaje a la implementación de la ESI.

La elaboración tiene que provenir del movimiento de lucha que llevó adelante este reclamo. El plan de estudios de la ESI debe ser discutido por comisiones de estudiantes y docentes, que garanticen contenidos de carácter laico y científico, que involucren el problema del consentimiento y de la diversidad sexual, etc.

Pongamos en pie un plan de acción

El problema de la ESI y su aplicación no se resolverá entre las cuatro paredes del parlamento. Bajo ningún punto de vista podemos depender de la voluntad de un puñado de diputados, que ha demostrado que hará todo lo posible por negarnos este derecho.

Los y las estudiantes tenemos la tarea de organizar en nuestros lugares de estudio un plan de acción por la educación sexual. Así como durante el año pasado pusimos en pie asambleas y tomas por la legalización del aborto, tenemos que organizarnos para arrancar este derecho. Pongamos en pie asambleas y coordinadoras estudiantiles que discutan este problema, junto con la docencia, y votemos un plan de lucha y movilización

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