Del Caño, con Macri no, con los Fernández sí

Escribe Marcelo Ramal

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La convocatoria de Alberto Fernández a los bloques parlamentarios de la oposición sirvió para que el PTS pusiera de manifiesto sus “planteos de fondo”, al decir de Nicolás del Caño. No hemos tenido acceso a las respuestas del Presidente ni al intercambio de posiciones, si lo hubo.

Para un frente que cuenta con sólo dos diputados, sorprende de nuevo que cada uno de ellos se haya cortado solo. Es difícil imaginar que lo que pudieran decirle a Fernández fuera más importante que exhibir ante los trabajadores la existencia de un bloque político. Estamos ante una manifestación irrefutable, nuevamente, del interés de aparato, que no se limita, entonces, a la camarilla que ha usurpado el PO. El PTS ha difundido un video con la intervención de ‘su’ diputado; lo que manifestó Romina del Plá se encuentra en un comunicado breve.

Ni el PTS, ni Del Caño han explicado la deferencia que han tenido con AF, que le privaron a Macrí cuando asumió en diciembre de 2015. Si no se trata de una adhesión muda al kirchnerismo, debe haber alguna otra razón para dos tratamientos diferentes. Es imposible evitar la conclusión de que el partido regañón que todavía existía hace un lustro se ha transformado en más institucional, que reparte entrevistas en ID con periodistas de ambos lados de la grieta, y vota u ofrece quórum con más frecuencia a los gobernantes de las patronales.

Ya en la entrevista, Del Caño denunció ante AF la desaparición de Facundo Castro, que Sergio Berni se empeña en diluir, junto con varios otros casos de gatillo fácil. Denunció luego cinco millones de despidos, la reducción de salarios y las suspensiones, y contrastó esta situación con las ganancias de los bancos. Enseguida, describió los “recursos concretos” para superar la situación, en la línea ya trazada de ofrecer soluciones ‘prácticas’ - en contraste con ‘las ideológicas’. Hizo referencia, entonces, al impuesto a las grandes fortunas que presentó el FIT-U en el Congreso, el cual prevé recaudar entre 15.000 y 20.000 millones de dólares para el Tesoro, con los que propuso pagar un Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) de 30.000 pesos, que es la mitad de una canasta familiar.

Del Caño denunció que “no se han tomado las medidas necesarias para que no se dé la separación entre salud y economía”. En este punto es necesario recordar que el PTS fue un opositor a la cuarentena, la denunció como un cambio de régimen político, de la democracia constitucional al ‘estado de excepción’. En aquellos términos, de hace tres meses, la unión entre salud y economía excluía el “aislamiento obligatorio” y se superaba con mayores gastos de salud y de testeos. Con el impuesto a la riqueza, el PTS cambia hacia el financiamiento de la cuarentena. La cuarentena representa una contradicción para un régimen social que se rige por la explotación de la fuerza activa de trabajo. Para desarrollar la solidaridad social, como exige la protección contra una epidemia por ahora indomable, el socialismo y el gobierno de la clase obrera son insustituibles. Este asunto no se presentó en su exposición.

El impuesto a las grandes fortunas no sólo no es un planteo socialista; lo defiende el Financial Times, por la inevitable razón de que se necesita dinero adicional para bancar el enorme gasto de la pandemia, y mucho más el rescate de los capitales sobre-endeudados y en quiebra. Sería una medida necesaria en la primera etapa de un gobierno de trabajadores; pero en la actualidad no altera ni el régimen capitalista ni el manejo capitalista de la crisis – que sigue siendo rescatar el capital, con pago de deuda pública incluida. El dinero de los impuestos lo maneja el estado capitalista, con su Presupuesto y con el derecho que ha impuesto de violar el mismo Presupuesto. Pero el propio capital no incluiría este impuesto en una agenda parlamentaria – no se puede llamar de impuesto a la riqueza la fantochada de Carlos Heller. Sólo puede emerger como tentativa para frenar una rebelión de masas, en tránsito a una revolución.

Qué programa

Como puede verse, Del Caño fue enviado por el PTS a la reunión con el Presidente, no para valerse de ella como tribuna anti-capitalista y socialista, sino para mostrar que las propuestas de la izquierda son más viables y hasta razonables que las de las usinas del estado y de las patronales. Punto. Fue a la reunión con AF a ofrecer un horizonte, digamos, más amplio que el oficial, no a realizar una crítica de la gestión capitalista de la pandemia.

Del Caño denunció las “ganancias de los bancos”, como si esas ganancias las trajeran la cigueña. Son las Leliqs, generosamente remuneradas, que se originan en la emisión monetaria, cuya mayor parte va a las patronales. Un “impuesto a la riqueza” obligaría a los ricos a convertir esa riqueza, o sea acciones, propiedades, bonos, en dinero, o sea añadir dinero a la circulación y a la caja de los bancos, que el Banco Central absorbería con “pases” y Leliqs. El reformismo del capital ya fue experimentado durante 200 años, y sólo duró un suspiro, cuando fue necesario frenar luchas históricas “combatiendo al capital”. Hay que decir a los trabajadores que la única salida es quebrar políticamente este Estado y esta economía, para salir de la barbarie

Protocolos y contenidos

La izquierda debe presentar una política socialista, y con mayor razón cuando se toma la decisión de reunirse con un Presidente u ocupar una banca en el parlamento. Convertir a esa reunión en un rosario de propuestas es incorporarse al escenario político oficial. Solo a Cornejo se le ocurrió que la izquierda iría a una reunión conjunta de bloques con el Ejecutivo a hacer ‘anticapitalismo’. La reunión de Del Caño con Alberto Fernández no lo demostró.

La izquierda en Argentina no se presenta como una acechanza de la revolución.

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