En Azul, crecen los contagios en el frigorífico y el parque eólico

Escribe Fede Burgos

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En los últimos días se elevaron el número de casos positivos en Azul, llegando hasta el momento a un total de 28 casos sin contar los recuperados. Hace algunas semanas, cuando se conocía un brote de más de un centenar de casos en la vecina ciudad de Olavarría, el Intendente Bertellys (Juntos por el Cambio) presagiaba un aumento de casos y que el virus indefectiblemente tarde o temprano entraría en nuestro partido.

Como quien abona el terreno para la cosecha, el ejecutivo municipal se anticipaba a un escenario de futuros contagios pero sin una política clara para prevenirlos. Y no es casual que esto ocurra así. Si vemos el mapa de contagios la gran mayoría provienen de lugares de trabajo. Antes que parar la producción, nos arriesgamos a que el virus entre y controlarlo, una política por demás arriesgada.

En el caso del Parque Eólico Los Teros, sin ser una actividad esencial, ha seguido produciendo; el gobierno municipal le pasa la pelota a Nación y dice que ellos lo declararon una actividad esencial, pero detrás aparece una fuerte presión por parte de estos sectores para continuar con la obra y trayendo trabajadores de zonas de contagio. Es en definitiva lo que ocurrió en otros Parques Eólicos de la provincia como por ejemplo Bahía Blanca. El único control –o protocolo- es hisopar trabajadores al azar, de los cuales en los últimos días dos dieron positivo. Esta situación de ingreso de trabajadores, la falta de protocolos de sanidad, ya la habían puesto de manifiesto los obreros en abril cuando amenazaron con parar la producción si no se garantizaban las condiciones mínimas sanitarias. Inmediatamente una reunión entre el ejecutivo, CEO de la empresa YPF Luz Energía y el sindicato de la UOCRA desactivaron la bomba. Como se señaló, hoy los hisopados son al azar y ya se detectan casos y la obra se ha suspendido, pero mientras tanto el capital tuvo un amplio margen para seguir embolsando sus ganancias.

Algo similar ocurre en el frigorífico Azul Natural Beef, donde el flujo y reflujo de operarios de residentes en el AMBA no ha cesado en ningún momento. La clausura y parate de actividades en dicho establecimiento, luego de que se dieran a conocer casos positivos, fue para descomprimir una olla a presión. La patronal ha aludido a motivos triviales para comunicarles el cese de actividades a los trabajadores y a la comunidad. Sin embargo, es sabido por todos que la estrategia de la empresa es retomar las actividades antes del tiempo previsto por los protocolos, y sin recrudecer las medidas sanitarias que naturalmente son precarias. Mientras que el capital amasa su fortuna exportando a veinte países los trabajadores temen por su vida a diario.

La convivencia entre el gran capital (energético – agrario – alimentario) y el poder ejecutivo local es clara. Una manifestación de esto ha sido la decisión de no comunicar donde se producen los contagios, con la excusa de cuidar a los contagiados. Lejos de eso lo que se cuida es a los sectores que aun sin ser esenciales siguen produciendo.

Como contrapartida se ataca como los principales culpables a los que rompen la cuarentena y organizan reuniones sociales–una minoría- ya que el grueso de la población está cumpliendo a rajatablas con el aislamiento. La defensa y el respeto de la cuarentena deben ser de todos por igual, pero en la balanza de las culpas cuando aparecen los contagios el Estado es el primer responsable.

Hay que rechazar de plano los intentos por levantar o flexibilizar la cuarentena. El capital en complicidad con el estado comunal, provincial, y nacional ha impuesto su protocolo de seguridad e higiene. Esto no es otra cosa que reducir los costos para elevar ganancias. Los trabajadores tenemos que discutir y batallar nuestro propio protocolo, mediante una asamblea obrera. Haciendo mella en la repartición de horas de trabajo sin afectar el salario, para evitar la aglomeración y mantener el distanciamiento, en testeos masivos, y elementos sanitizantes acordes a las demandas. Es necesario un comité de higiene de los trabajadores que establezca garantice el cumplimiento de lo resuelto en la asamblea por el protocolo.

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