Rebeliones en Túnez

Escribe Emiliano Monge

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Túnez había sido declarado por la prensa internacional un país que había resuelto las contradicciones de la “Primavera Árabe”, mediante acuerdos electorales y créditos e inversión extranjera.

El manejo de la crisis sanitaria del Covid19, por parte del gobierno de Elyes Fakhfakh (ingeniero de 47 años que trabajó para la petrolera francesa Total) provocó malestar entre los trabajadores. El ajuste fiscal y la deuda pública sumieron al país en un mayor caos. Túnez espera que la economía caiga 6,5% este año y prevé un déficit del 7% del PBI. El país enfrenta un default.

El 16 de julio, Ennahdha, partido islamista que recolectó más votos en las elecciones de octubre pasado, presentó una moción de confianza contra el Primer Ministro, debido a un conflicto de intereses con sus empresas. También se generó un intento de remover a Rached Ghannouchi, vocero del gobierno (aljazeera, 17/7).

El mes pasado un miembro independiente del Congreso publicó documentos indicando que el Primer Ministro tenía acciones de compañías por 44 millones de dinares (15 millones de dólares) que habían ganado licitaciones del estado. Un juez abrió una investigación y el consejo anticorrupción comenzó una investigación.

Noureddine Taboubi, el secretario general del sindicato tunecino de trabajo (UGTT), denuncia que el presidente del bloque de Ennahdha, Noureddine Bhiri, estaría detrás de la remoción del PM y del carpetazo presentado. También denuncia que ese partido islamista está detrás de las protestas en la región de Tataouine y el bloqueo al pozo petrolero de Al Kamour (tunesienumerique, 16/7).

Si en 10 días no se puede conformar un nuevo gobierno, se tendrá que convocar a nuevas elecciones en el escenario más inestable en años.

Bajo esta crisis, miles de manifestantes que antes habían protestado contra las medidas del Gobierno, salieron a manifestarse en el sur del país y se enfrentaron dos días contra las fuerzas de seguridad. Fueron a la puerta de El-Kamour, sede de la producción petrolera y gasífera más grande del país. Fueron recibidos por el ejército y la policía. Los manifestantes reclaman empleos y ayuda para enfrentar la pandemia, cantaban “Tataouine no se entrega” (aljazeera, 17/7). Piden que se aplique un acuerdo de 2017 que permite crear puestos de trabajo mediante la inversión en infraestructura, algo que choca con el acuerdo de ajuste fiscal del gobierno con los acreedores externos.

Las manifestaciones son productos de meses de malestar en la región del Sur y en todo el país. el desempleo en estas zonas llegó a máximos históricos (arriba del 30%). Desde el 9 de julio hay un campamento frente a la petrolera cerca de El Kamour. La situación económica es tan grave o más que cuando comenzaron las protestas en 2011, comentan. “¿Si tuviésemos trabajo aquí, por qué los jóvenes gastarían sus magros ingresos para pagar por botes a Europa? ¡No hay trabajo!” (France24, 15/7).

Ninguno de los problemas que hicieron estallar la Primavera Árabe se han solucionado, y los brotes de una nueva rebelión popular comienzan a emerger.

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