Rage Against the Machine: la rabia contra el sistema está más viva que nunca

Escribe Matias Melta

Tiempo de lectura: 4 minutos

Casi como si fuera de forma mancomunada, mientras en países como Chile, Ecuador o Líbano sus respectivos pueblos iban allanando el camino para las enormes rebeliones que estallaron en 2019, una de las bandas más combativas de la historia del rock, Rage Against The Machine (RATM), planeaba su regreso. Finalmente confirmaron a través de Instagram, con la más icónica de las fotos de la insurrección popular chilena, su vuelta a los escenarios en 2020, que no pudo llevarse a cabo aún por el coronavirus. Buena oportunidad entonces para hacer un recorrido por la historia musical y política de la emblemática banda de “revolution rock” estadounidense.

Hablar de RATM significa hablar de la banda más influyente en la unión entre el rock y el clasismo de EE UU. Así como en su momento lo fue The Clash en Inglaterra, RATM no solo llevó la lucha al plano de sus líricas (que despotricaban contra el racismo, la censura, la represión), sino que la acompañó desde un primer momento por una militancia activa por todo tipo de causas.

RATM nació en el año 1991, en pleno retroceso de la izquierda estadounidense. Sin embargo, desde un primer momento se presentaron como portavoces de una izquierda revolucionaria, que venía a darle batalla al capitalismo, luego de la caída del Muro de Berlín, utilizada incluso por algunos teóricos como la victoria del sistema o, en palabras de Francis Fukuyama, como “el fin de la historia”. La banda confrontó cara a cara con este concepto y le contrapuso una lucha encarnizada y un llamado a la organización y la movilización de las masas explotadas.

Lo revolucionario no venía solamente de la mano de la política: la guitarra de Tom Morello (abiertamente simpatizante trotskista); que combinaba poderosos riffs rockeros, con texturas que pueden encontrarse en bandas de post punk, sumados al caos sonoro y las bases del hip-hop, modificaron para siempre los cimientos del rap-rock.

El lanzamiento de su álbum homónimo en 1992 los catapultaría al éxito de público, crítica y charts, siendo seleccionado número 1 en la lista de Billboard, así como lo serían el segundo y tercer material discográfico de la banda. Su enorme popularidad e influencia se esparció por todo EE UU y el mundo, tocando para multitudes en los principales festivales de rock. RATM utilizó estos recursos para convertirse en portavoces de múltiples luchas.

Mumia Abu- Jamal era un ex pantera negra y Leonard Peltier un nativo norteamericano que tenían algo en común: ambos eran acusados por asesinatos con pruebas poco concluyentes, indicando que eran inocentes. RATM hizo una potente campaña en favor de su libertad, dedicándoles incluso la canción “Freedom”, que se convertiría en un himno contra el racista sistema penal y policial de EE UU. El asesinato de George Floyd es una demostración más en esta contundente denuncia realizada sistemáticamente por la banda.

¿Otra experiencia que demuestra que lo de RATM no eran solamente palabras fue el boicot que lanzaron contra la marca de ropa Guess? Inc. Las condiciones laborales deplorables y fuera de convenios llevaron a los trabajadores de la misma a realizar una huelga por aumento salarial y el reconocimiento de la comisión interna. La respuesta de la empresa fue el despido de los delegados. La banda se calzó al hombro la causa y, junto al Sindicato de Trabajadores de la Industria de Hilados y Empleados Textiles, lanzaron la campaña de boicot “Rage contra los talleres clandestinos: ¿no vestimos Guess?”.

La campaña se nacionalizó. ¿El resultado? Una baja del 15% en las ventas de la marca y el recule de sus directivos: reincorporación y reconocimiento de la comisión interna y aumento de salario para los empleados. Acciones como estas, que son solamente ejemplos que se multiplicarían en la historia de la banda, llevaron a demostrar que es posible y necesaria la unidad de sectores de la clase obrera combativa con los músicos de rock más consientes. En el plano del desarrollo político de su ideario, RATM fue incluso más allá de manera integral: en sus letras se desnuda a EE UU como la potencia imperialista dispuesta a apoderarse de todo a su paso y la completa falacia del sueño americano. La banda denunció el bipartidismo imperante de EE UU y nunca fue cooptada, como si sucedió con otras bandas politizadas, por el partido demócrata ni sus variantes más progresistas: tocaron tanto en shows de protesta en las puertas de la Convención Nacional Demócrata en el 2000 como en las puertas de la Convención Nacional Republicana en el 2008. También tocaron en otros festivales políticos para la Liga AntiNazi, el Anti-Police Brutality Defense Fund, United Farm Workers, etc.

En 2010, cuando RATM realizó su show en Argentina, tuvimos la oportunidad de realizar una asamblea con Zack de la Rocha, cantante de la banda, con una delegación de obreros de Zanón (fábrica neuquina gestionada por sus obreros), el MUR (Músicos Unidos por el Rock), la FUBA, estudiantes secundarios y trabajadores clasistas. La experiencia fue enriquecedora y nos encontramos con un Zack de la Rocha humilde, completamente abierto a conocer las experiencias de los compañeros y con una gran una claridad política.

Como oportunamente clarificó hace tiempo el Partido Obrero Tendencia, la agudización de la crisis capitalista a nivel mundial llevará necesariamente a enormes rebeliones populares (como las que se suceden en este momento), teniendo en cuenta como factor que los distintos regímenes políticos que responden al sistema no pueden dar solución alguna a esta catástrofe. Así como RATM combatió al capitalismo en los años 90, a base de palabra y acción, cuando la pandemia lo permita la realidad los encontrará una vez más en el frente de batalla, del mismo lado de la vereda (la del clasismo), siendo banda de sonido de los procesos revolucionarios que desenvolverán los trabajadores.

Suscribite a Política Obrera