La revolución cubana y el peronismo, una contribución del PTS

Escribe Norberto Malaj

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La Izquierda Diario tituló “El 26 de julio del peronismo y el de la revolución cubana”, ligando el asalto al cuartel Moncada, en 1953, en Cuba, y la muerte un año antes de Eva Perón.

La amalgama de fechas da lugar a una amalgama política, para reivindicar a John William Cooke, un emblema político del denominado “peronismo combativo”, que adoptará más tarde las posiciones del castrismo. Según el PTS Cooke habría dado un “gran paso adelante al establecer las tareas y los medios fundamentales de la lucha contra el imperialismo”. El autor del artículo, Facundo Aguirre, pretende que Cooke quería hacer del peronismo algo así como el Ml26 del castrismo cubano.

Aguirre sostiene que ambos nacieron como movimientos nacionalistas burgueses, sin distinguir entre el nacionalismo militar de Perón y el nacionalismo revolucionario del ML26, que abreva en la Revolución Cubana de 1930. La III Internacional advirtió, en las tesis de su IV Congreso, acerca de la necesidad de distinguir entre el nacionalismo burgués que busca un compromiso con el imperialismo, y el nacionalismo revolucionario que se apoya en las clases oprimidas del país, incluyendo su armamento propio. Fidel y, especialmente el Che, sacarán conclusiones opuestas a las de Perón, de la derrota del movimiento nacional en Guatemala, en 1954. Perón, que la variante menos arriesgada es desarmar a las masas y evitar una confrontación extrema con el imperialismo, mientras que los otros se dedicaron a preparar un desembarco militar en la Isla y la huelga general indefinida en el Oriente.

Luego del exabrupto de la analogía anterior, Aguirre advierte que, suponemos que a diferencia del peronismo, el M26J llevará a Cuba a constituirse en “un Estado obrero deformado”. Lo dice de este modo: “La dirección pequeñoburguesa del M26 se ve obligada a tomar el programa socialista de la clase obrera, pero lo hace controlando la iniciativa de las masas”.

Cooke, en este enfoque, se habría convertido en el reparador de estos destinos separados, pretendiendo re-hacer al peronismo en un canal de desarrollo de la “patria socialista”. Al final del recorrido tenemos al peronismo montonero que se entrena militarmente en Cuba. El feliz encuentro entre dos paralelas, si hacemos la salvedad que otro peronismo, el de Perón mismo, se dedica a construir la Triple A. El artificio de Aguirre deja ver cómo maneja la corriente en la que él milita, la cuestión de la “subjetividad”. Despojado de toda base materialista, el sujeto puede planear como le guste, ajeno a las condiciones de clase de los partidos y del Estado, y de las situaciones políticas concretas. Despojado otra vez, pero ahora de toda base dialéctica, se omite la unidad dialéctica entre sujeto y objeto, a través de la experiencia. El mote subversivo que Cooke le impone al peronismo - “hecho maldito del país burgués”, concluye en una inversión de términos: “el hecho maldito” de la historia de la clase obrera y la clave de todas las derrotas de los trabajadores.

Nota aparte: una revolución no puede producir un estado deformado, sin antes producir un estado, que será la expresión de esa revolución. A partir de aquí ese estado puede evolucionar (revolución permanente) o estancarse y deformarse. Atribuir una deformación de origen, significaría que ese estado no nació de una revolución sino de una semi-revolución, o sea de un compromiso con la contrarrevolución. Aguirre quiere arreglar el entuerto, mediante algo que es más que contradicción: “una dirección con programa socialista que controla la iniciativa de las masas”. ¿Puede llamarse socialista a una dirección que se empeña en controlar la iniciativa de las masas? Para Marx, al menos, el comunismo era el movimiento real de las propias masas. Aguirre, que debe ser tan gramsciano como la dirección de su partido, hace un ‘reduccionismo’ ‘objetivista’ - fatto in casa.

Cooke fue una figura del peronismo histórico que supo identificarse con la revolución cubana – no así el peronismo, que la señaló como una Libertadora en el Caribe. Tras la revolución fusiladora, Perón designa a Cooke como su apoderado en Argentina, cargo que ocupa hasta 1958. Es cuando Perón transa el apoyo a Frondizi a cambio de la entrega de los sindicatos a la burocracia sindical (ley de asociaciones profesionales). Cooke acata el voto a Frondizi.

A partir de entonces Cooke se transforma en una rara avis. En 1959 se exilia en Cuba y comienza a simpatizar con el castrismo. Según Galasso, Castro le da el visto bueno para que Perón se exilie en la Isla. Perón estaba muy cómodo en Puerta de Hierro (Madrid), apadrinado por el ´generalísimo´ Franco. Además Perón había sido ´intimo´ de Batista. En 1966, Cooke calla su oposición al “desensillar hasta que aclare” de Perón ante el golpe de Onganía. Entonces, Cooke prácticamente es don nadie en el movimiento. La burocracia sindical en masa respaldaba a Onganía por indicación del mismo Perón. Cooke muere en septiembre de 1968 de un cáncer. Al momento de su muerte “el silenciamiento sobre su persona y sus ideas” es completo (Galasso).

¿A qué viene entonces este ´recordatorio´ de Cooke? El PTS sufre de un síndrome: nunca pudo enterrar a su padre político. Cada línea del PTS rezuma las ideas de Nahuel Moreno, en las que se forjaron Emilio Albamonte y sus compañeros. La crítica de Moreno al foquismo nunca tuvo una base programática, siempre fue circunstancial. En 1967 hizo aprobar al Congreso del PRT la tesis de que el partido obrero se había convertido en reliquia histórica, para llamar a construir “grupos armados de la OLAS”. Luego rompió el partido para adherir a la institucionalización que advertía en la dictadura militar. En varias ocasiones el PTS ha reivindicado el foquismo setentista, buscando el auxilio bibliográfico del general alemán Von Clausewitz.

Aguirre omite que el ML26 se quiebra y divide a medida que la Revolución avanza, exiliando de sus filas a la derecha. Cuando Cooke se radica en Cuba, por el contrario, se unifica con el aparato del partido comunista stalinista, algo muy alejado de una evolución revolucionaria. En 1962 expulsa a una parte de ese aparato (Escalante) y ese mismo año choca con la burocracia rusa (crisis de los misiles). Cooke asiste, de esta manera, a un período convulsivo del aparato político del estado cubano, cuando lo destruye su enfermedad. El empeño de Aguirre por otorgar al peronismo un carácter revolucionario, digamos ‘posible’, no arriba a nada. La pretensión de Cooke era “hacer la revolución” desde el peronismo y con Perón a la cabeza.

Política Obrera/Partido Obrero había nacido en 1964 con la tesis contraria a la que esgrime Aguirre: Perón sólo volvería a Argentina como “recurso de última instancia” de la burguesía y el Estado contra la revolución.

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