El paquete de rescate de la Unión Europea, mutualiza la deuda

Escribe Lucas Benvenuto

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Luego de cuatro días de debate, los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea llegaron a un acuerdo para poner en marcha un plan de rescate billonario para la “recuperación económica tras la pandemia de coronavirus”. Este fondo pospandemia haciende a 750.000 millones de euros que se desembolsarán, en un 70 por ciento, en los dos primeros años y distribuirá 390.000 millones en transferencias “a fondo perdido”, es decir, se trata de un subsidio directo a los países que no tendrán que devolver nunca y el resto, 360.000 millones, serán préstamos a 30 años a una tasa del 1 por ciento anual (todavía no definida), bastante mayor al interés que pagan los bonos europeos.

En términos generales, el acuerdo es fruto de un compromiso precario entre los países que recibirán la mayor parte de los fondos (Italia y España), Francia y Alemania. Estas dos últimas potencias han actuado como mediadoras entre los primeros y el frente de los Países Bajos, encabezado por Holanda, partidarios de reducir el importe de las subvenciones y establecer condiciones de ajustes fiscales más estrictas que vayan de la mano de contrarreformas laborales y de pensiones.

Si bien el monto del fondo de recuperación parece abultado, el Banco Central Europeo ya ha emitido varios billones de euros en el pasado para comprar deuda a varios países europeos. Algunos expertos en finanzas, entre ellos, el economista y jefe de Axa IM, Gilles Moëc, señala que el paquete es menos ambicioso que la propuesta inicial franco-alemana, y está cargado de dificultades futuras, dada su “compleja gobernanza” y los efectos financieros negativos en otras áreas de gasto de la UE. Los economistas del Bank of America señalaron que este acuerdo “no mueve la aguja” dada la “falta de tamaño de los fondos”. Otro de los problemas es que el dinero no estará disponible en lo inmediato, sino durante los próximos 4-7 años, a partir del 2021”. Goldman Sachs considera que los términos del pacto son “bienvenidos, pero menos ambiciosos” de lo que habían estimado.

Lo novedoso del acuerdo es que el paquete de rescate se obtendrá por medio de una emisión de deuda de tipo ´comunitaria´, por primera vez en la historia. Significa, por ejemplo, que Alemania o Francia quedarán en deuda por préstamos que luego irán, digamos, a Portugal o España. Algunos bancos dan por hecho que Europa, con este fondo, se hará de una herramienta financiera para gestionar las decenas de emisiones que tendrá que realizar, captar el dinero de los inversores tanto en la UE como fuera del mercado comunitario y manejar los procesos de la propios de la deuda como son sus vencimientos, pago de cupones, refinanciaciones. Hamilton (el personaje del billete de 10 dólares y primer secretario del Tesoro de EEUU) fue quien logró convencer en junio de 1790 a aquella incipiente nación americana de “la bondad de mutualizar la deuda de los estados y establecer los primeros impuestos federales”. Con las similitudes de este caso, una salida “Hamiltoniana” es poco probable, según el economista Wolfgang Bauer (gestor de la británica M&G).

El acuerdo final tiró abajo, por ejemplo, las partidas destinadas a salud, previstas, en un principio, en casi 10.000 millones para reforzar las infraestructuras necesarias para afrontar una nueva crisis sanitaria. Otro recorte fue para un programa de fomento de la innovación que la Comisión había planteado que se reforzara para orientarlo a investigación en los ámbitos de la salud y los programas contra el cambio climático.

Para devolver el préstamo se crearán nuevas fuentes de ingresos propios para el presupuesto europeo, empezando por la introducción, desde 2021, de un impuesto sobre el plástico no reciclado que deberán pagar los gobiernos, una tasa digital (que afectará las importaciones de EEUU principalmente) y un sistema de ajuste de carbono (que es el que permite igualar el precio de importaciones desde países con estándares medioambientales más laxos al de la producción europea).

Las exigencias para los países que accedan a estos subsidios y préstamos serán llevar adelante reformas como la del sistema de pensiones (reducción de la jubilación promedio y aumentos en la edad jubilatoria y hasta privatizaciones) o laborales, se exige también un equilibrio de las finanzas nacionales con déficits iguales a cero, y niveles de deuda pública no superiores al 70% del PBI. Solo por tomar un ejemplo, los fondos que recibirá España en los próximos dos años (45 mil millones de euros) llevarán su deuda al 120% del PBI, por lo que para acceder a los créditos será necesario reestructurar su deuda anterior sobre la base, por su puesto, de más ajuste.

Para que las empresas (automotrices y del turismo principalmente) puedan hacer uso de estos fondos deberán tener sede en los países donde soliciten los fondos, no presentar deudas fiscales y con la Seguridad Social, no haber entrado en situación de crisis antes de 2020 y, por último, no repartir dividendos, ni pagar premios a sus directorios. Las “ATP europeas” abrirán un nuevo frente de crisis entre los gobiernos y los capitalistas locales.

Este plan de recuperación pospandemia a medida del capital todavía tiene que pasar por los parlamentos locales. Aunque ya hay acuerdos entre las fuerzas políticas en cada país, tendrán que vérselas con la resistencia de las movilizaciones populares. El capitalismo europeo con este nuevo escueto rescate, a diferencia del anterior, esta vez “sociabilizado” a todos los países creará las condiciones para una intervención continental de los trabajadores para enfrentarlo. La unidad del movimiento obrero europeo, la expropiación del capital y el establecimiento de los Estados Unidos Socialistas de Europa es el programa que tiene que levantar un Partido Obrero.

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